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ORGULLO PORTEÑO
Los libros y la noche
Pionero de la movida del rock nacional y de la ecología, el periodista y escritor Miguel Grinberg jamás dejó de tener su corazón anclado en Buenos Aires, a pesar de su pasado como viajero.

"MEMORIA DE LOS RITOS PARALELOS"
En "Memoria de los ritos paralelos", el periodista, traductor y ecologista desempolva un diario escrito en Nueva York, en 1964, cuando la cultura beat asomaba como un contrapunto a la intervención norteamericana en Vietman y el poeta anudaba vínculos, entre otros, con Henry Miller, Allen Ginsberg, Le Roi Jones, Jonas Mekas, Lawrence Ferlinghetti y Thomas Merton.
20.05.2014 Télam
A cincuenta años del rescate de "este casi papiro" del techo de su casa en Brasil- el periodista, traductor y ecologista recrea cómo fueron esos días en los que sobresale el recuerdo de un viaje interior, más que el mapa que lo llevó de México a Estados Unidos, con idas y vueltas por el territorio norteamericano para ver a figuras, que sin conocerlas ya admiraba.
Grinberg fundó Nueva Solidaridad, un movimiento que tuvo el patrocinio de tres escritores famosos -"aunque a nosotros no nos conocía nadie"- y les propuso dirigirlo honorariamente. "Henry Miller y Thomas Merton dijeron que sí y sobre la marcha recibimos un entusiasmado apoyo de Julio Cortázar que en esos días trabajaba en París para
La primera reunión la co-organicé con una revista literaria mexicana, El corno emplumado, dirigida por Sergio Mondragón y Margaret Randall; yo había sacado con Antonio Dal Masetto, una llamada Eco contemporáneo, desde fines de 1961. Salieron ambas el mismo bimestre y sin saber que éramos parte de un movimiento, dado a conocer paso a paso", cuenta el escritor a Télam.
En ese tiempo, dice, "aparecieron El pez y la serpiente en Nicaragua, dirigida por Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Cardenal; el movimiento nadaista de Colombia, liderado por el poeta Gonzalo Arango; el grupo El Techo de
El poeta argentino pensaba estar quince días en México y volverse pero una circunstancia inesperada cambio sus planes. El abad del monasterio de Kentucky, donde estaba Merton como monje trapense, no le dio permiso para viajar porque tenía miedo que no volviera y se fuera a la comunidad que Cardenal fundó en Solentiname.
"Cuando el 24 de febrero llegué a México entre la correspondencia estaba el mensaje a los poetas -hoy famoso- con una esquela: "`No me dejan salir, pero me autorizan para que me visites`, me escribe Merton".
"Y me pregunté como llegar a Estados Unidos: Thelma Nava, esposa del poeta mexicano Efrain Huerta, era secretaria privada del director de Ferrocarriles y me consiguió un pase abierto en tren desde el Distrito Federal hasta la frontera. De allí a la casa de los padres de Randall, en Albuquerque, Nuevo México", relata.
"Armé un itinerario con poetas norteamericanos que habían venido a la reunión, los conocía por carta porque ya en esa época traducía a LeRoi Jones, Ginsberg, Paul Blackburn, Ferlinghetti, con ellos tenía una correspondencia amistosa".
Cuando cruzó el puente internacional escuchó en la terminal de omnibus a los Beatles: "Lo viví como una señal de bienvenida a un nuevo mundo. Minutos atrás desconocía la existencia de esos chicos de Liverpool, y de pronto se abrían las compuertas del universo y fluían océanos de información trascendental", apunta el autor del libro, con fotografías inéditas, publicado por Caja Negra.
En Albuquerque, el hermano de Margaret, John Randall, lo llevó a Placitas, un lugar en la montaña para ver al poeta Robert Creeley, y de ahí se embarcó a Washington, donde cobró sus colaboraciones de la revista de
"El lunes que llegué a Nueva York, me invitaron a leer mis poesías -que traduje rápidamente al inglés- en el Café Le Metro en
"Estando ahí, evoca Grinberg, un poeta con una combi me llevó a Kentucky a ver a Merton, donde estuve una semana retirado. De ahí tenía que volver a la costa y con cinco dólares -que contribuí para la gasolina- los jardineros de la abadía me alcanzaron a Cincinnati (Ohio), después fui a San Louis (Missouri) y a Washington. Es decir iba y venía".
"Primero, me mudé a un departamento de un amigo argentino, que estudiaba teatro, y luego a lo del editor Ted Wilentz, dueño de la librería de
"Era un tipo divertido, estaba muy interesado en el movimiento de los poetas y me hacía preguntas exóticas, como si era verdad que había fuego en
Durante ese período en Nueva York tuvo una discusión telefónica con Jack Kerouac, “él me acusaba de querer organizar a los poetas y no crear situaciones para el encuentro de poetas, como yo quería".
En cuanto al avance de la vanguardia poética, "tuve un desacuerdo con Ginsberg -explicitado en el libro en dos cartas-, ellos reclamaban que el sistema no los moleste, no trataban de cambiarlo: les interesaba más ser homosexuales, fumar marihuana, proyectar películas pornográficas y ser amigos de Jean Genet".
Este libro, reflexiona Grinberg, "no es un documental sobre mi vida social, sino es la soledad de un mutante en una ciudad durante la cual escribí un libro de poemas que se llama Opus New York, mi otro testimonio. Es un viaje al interior, mi vida espiritual, una travesía facilitada por una máquina de escribir".
"Después de tipearlo de nuevo, porque no se podia escanear el original, me di cuenta que ese viaje diseñó el itinerario de cincuenta años, como si me hubiera llenado de semillas", evalúa.
"De esa experiencia me hice ecologista -me despabile con dos libros que leí en casa de la novia de Wilentz que era bióloga marina-, y fui publicista de Hollywood en
Algunos de los que compartieron aquellos meses -hace cincuenta años- le están organizando un viaje de regreso y Grinberg adelanta: "Mi aventura no terminó todavía".
Es imposible salir del laberinto a través del laberinto. Es imposible solucionar el sofocamiento imperante de la imaginación mediante herramientas que niegan la imaginación. Es imposible reinventar una sociedad deformada con las mismas caducas instituciones que la deformaron.
¡A inventar se ha dicho!
Tanto la crisis financiera internacional, como el cambio climático y la reciente tragedia atómica en Japón, han creado un clima de angustia y desconcierto en todo nuestro planeta.
Más allá de los vaticinios apocalípticos y del regodeo de la prensa amarilla con las “malas noticias”, la humanidad está en condiciones de remontar las crisis de esta época mediante un retorno al uso de recursos que siempre dieron buenos resultados y que fueron puestos a un lado por las tentaciones de la Sociedad de Consumo y la Cultura del Derroche.
El nuevo “antiguo” camino individual y social que se abre ante nosotros resume principios materiales y espirituales. Por un lado, producir y consumir lo que genuinamente necesitamos para una vida satisfactoria. Por el otro, re-descubrir nuestro papel protagónico en la trayectoria evolutiva de nuestra especie.
Este desafío nos exige un grado de lucidez que no puede ni debe emanar de la ideología sino de un intenso y profundo compromiso existencial. Nos toca reinventar la vida humana en la Tierra. Por eso, somos la gente que estuvimos esperando.
El mundo que viene será un mundo de auto-gestión, replanteo de la vida urbana, simplicidad voluntaria, frugalidad cotidiana, solidaridad comunitaria, responsabilidad ambiental, autonomía laboral y vida consciente fundada en disciplinas meditativas.
Un Nuevo Mundo y una Era Nueva ya están entre nosotros, los tripulantes de la Espacionave Tierra. Aquí y ahora. Nos toca construir el presente y el futuro con imaginación y ternura.
Miguel Grinberg
Por Miguel Grinberg
Nos conocimos en febrero de 1965 en La Habana, invitados para ser jurados del premio Casa de las Américas, junto a poetas como Allen Ginsberg y Carlos Barral. Todas las noches, después de los compromisos formales, los jurados fraternizábamos rotativamente en la habitación de alguno en el hotel Riviera: se bebía, se cantaba y se reía en el contexto de la Revolución Cubana.
Nicanor Parra apareció la primera noche con una damajuana de vino tinto chileno, como corresponde. Cada cual cantaba en ronda canciones de su país y a medida que se hacía tarde, de a poco los celebrantes enfilaban en zigzag hacia sus cuartos. Nos hicimos muy amigos durante largas caminatas por el Malecón habanero.
Nuestros anfitriones nos llevaban a pasear y a ver espectáculos de todo tipo: música, teatro, danzas, etc. A veces los shows no eran de primera, y a la hora de aplaudir Nicanor gritaba “¡Ánimo!” no como ponderación sino para sobrellevar el tedio. Le tomé el tiempo y comencé a hacerle coro. Poco después, los espectadores que teníamos alrededor se sumaban al rito, y nos sonreían, tal vez creyendo que era un modo sudamericano de gritarle “¡Olé!” al torero.
Dos décadas más tarde nos cruzamos en el lobby de un hotel en Caracas. Me distinguió a la distancia y en medio de los mármoles gritó: “¡Ánimo!”. Reímos a más no poder entre los turistas. Él venía de comprar una pila de libros ecologistas y divagamos un rato sobre el potencial de los ecomovimientos. Tiempo después escribió: “O redactan de una vez por todas la encíclica de la supervivencia, carajo, o voy a tener que redactarla yo mismo”.
Por detrás del ánimo juguetón y tintineante de Nicanor bulle un espíritu combativo y deconstructor a ultranza. Es un antipoeta que vive en estado de cortocircuito, pero en vez de ejercer la furia practica el contradiscurso, la disonancia, la sátira indómita. Todo eso puede apreciarse en el documental Retrato de un antipoeta de Víctor Jiménez Atkins, estrenada días atrás en Santiago. Es una película algo fallida, porque a mitad de camino Nicanor se hartó de los bisoños cineastas y les cortó la colaboración. En un momento proclama: “Mucho se habla de derechos humanos. Poco, nada casi, de deberes humanos. Primer deber humano: respetar los derechos humanos”. Una secuencia inolvidable del film es la lectura de su espléndido poema “El hombre imaginario” ante una multitud joven que durante una Feria del Libro lo aclama como a un titán del rock. El brillo de sus ojos parece un volcán rugiente. ¡Ánimo, Nicanor!
Crítica. 5 de septiembre de 2009
"La historia sólo registra la violencia. No registra el silencio; no puede. Lo único que registra son los conflictos. Siempre que alguien se queda realmente en silencio desaparece de todos los archivos, ya no forma parte de nuestra locura. Así es como debería ser."
“Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrirnos que el paraíso estaba ahí, a la vuelta de todas las esquinas.”
Julio Cortázar, Alcor, 1964
Autor de SOMOS LA GENTE QUE ESTÁBAMOS ESPERANDO (Kier)
Fecha: Viernes 20/4/07
Horario: 19 hs. Centro Cultural Kier
Entrada Libre
Vivimos aprisionados en un mundo de apariencias, y la espiritualidad encierra las claves de acceso al Reino de lo imponderable, de lo trascendente ilimitado. Ken Wilber nos dice que la meditación es, como mínimo, un camino instrumental orientado hacia la trascendencia. Y si se entiende la trascendencia como sinónimo de desarrollo intenso. Se deduce que la meditación es simplemente un desarrollo o despliegue expansivo. No se trata primordialmente de revertir las cosas, sino de llevarlas adelante. Es el crecimiento natural y ordenado de unidades sucesivas de orden superior, hasta que sólo exista la Unicidad, hasta que todo el potencial se haya realizado, hasta que el campo inconsciente se abra como Consciencia plena. En pos de latitudes desconocidas. Es lo que un individuo, en el estado actual de evolución humana, debe hacer para desarrollarse más allá de dicho estado y avanzar hacia esa única Instancia Suprema (o Dios), meta de toda la Creación.
Cuando lo sutil emerge en campo de la percepción consciente, desde el campo inconsciente, aparecen varias visiones arquetípicas superiores, sonidos e iluminaciones. Hay muchas definiciones sobre este reino imponderable y seguramente todas son válidas. Pero lo fundamental es que durante la meditación van brotando vivencias cada vez más refinadas, que acaban por ser desestimadas y entonces tiene lugar una transformación hacia apreciaciones nuevas y mucho más complejas.
Los primeros en verse afectados son los impulsos más generales y cuando éstos se diluyen, el meditador comienza a discernir otros antes muy imperceptibles, así como tras la puesta del sol podemos visualizar las estrellas. Sin embargo, esos impulsos delicados también van menguando, permitiendo la apreciación de otros todavía más trascendentes. Es interesante constatar que éste no es un proceso perfectamente continuo, ya que durante la meditación se dan interludios de auténtico silencio, durante los cuales uno cruza, al parecer, una especie de «membrana» psíquica que separa el nivel presente de otros planos más espirituales. Salvada dicha valla, se reasume la actividad psicomental... pero su carácter es mucho más delicado y expansivo. A partir de allí, paladeamos eventualmente fracciones de Eternidad, de modo espontáneo.
Experiencia de Miguel Grinberg:
Escritor y educador argentino especializado en temas espirituales, iniciado en meditación tibetana en el Instituto Naropa de Colorado (EUA) en 1977. Comenzó a coordinar en Bs.As. grupos de Introspección Holística en 1981 (Librería Clásica y Moderna), que luego promovió a través de su revista Mutantia. En 1982, tras metodizar su propuesta, la ofreció desde la Multiversidad de Bs.As. Fue expandiéndola mediante talleres de dinamización vivencial, hasta crear el método de Holodinamia ® para el desarrollo natural del potencial intuitivo, la superación de estados de confusión y la activación de potenciales adormecidos en el ser humano. Fue convidado a exponerlos en la Universidad Holística Internacional de Brasilia y en la Federación de Comercio en Colombia. Actualmente coordina grupos en la Argentina, tras una amplia labor en la Villa Terapéutica de Campinas (Brasil).
Entre sus trabajos editoriales se hayan: Padma Sambava: Credo Tibetano del Morir y del Renacer; Jalaludin Rumi: Amante del Amor; y Maestro Eckhart: Vida Eterna y Conocimiento Divino, publicados por Longseller/Deva's. Tradujo al español la célebre trilogía del terapeuta junguiano Robert Johnson -HE, SHE, WE- sobre el amor masculino y femenino, y el amor romántico (Editora Era Naciente), y el Credo Ecuménico de Thomas Merton, el Dalai Lama y el Mahatma Gandhi. Su libro más actual es ECOFALACIAS (Ed. Fundación Ross).
Desde la restauración democrática de 1983, nuestros gobernantes no han logrado articular una visión nacional y federal plantada por encima de las coyunturas económicas y políticas que durante el último siglo han lacerado a la Argentina y que han trabado el despliegue de medidas estructurales de construcción histórica. En nuestro país, sigue siendo dificultoso consolidar una reflexión ideológica tolerante y generadora de situaciones originales que nos proyecten sin trabas hacia el futuro.
Un episodio particular lo expresa la ley 23.512 sancionada el 27 de mayo de 1987 por el Congreso de la Nación (nunca fue derogada, aunque el presidente Carlos Menem anuló los decretos 527/86 y 1156/87 que la inspiraron y disolvió la Comisión Nacional formada para el llamado Proyecto Patagonia) que declaraba como nueva Capital Federal a los enclaves urbanos erigidos y por erigirse en el futuro en el área de las ciudades patagónicas de Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre. Como todos sabemos, esa iniciativa del presidente Raúl Alfonsín quedó atascada en el vaivén de las serias crisis surgidas durante su gestión, algunas de las cuales siguen agobiándonos en estos días con cuadros de pobreza aguda, concentración económica, hacinamiento metropolitano y canibalismo partidista.
La masiva concentración poblacional argentina en la actual Capital Federal y el conurbano bonaerense (paralela a un despoblamiento rural general), es acompañada por la saturación urbana e industrial del eje Rosario-La Plata. Se trata de un desarrollo anómalo, surgido más del amontonamiento azaroso que de la planificación racional. Con infinidad de situaciones de gran vulnerabilidad humana (asentamientos precarios) y destrucción ambiental.
En la Wikipedia de Internet se lee que muchos intelectuales y políticos sostienen que el fracaso del proyecto no se debió principalmente a la crisis económica, como se argumenta generalmente para justificar su cancelación, sino “por la enorme presión de los medios de comunicación porteños y de los sectores ligados a los intereses políticos y económicos de la ciudad de Buenos Aires”. Añade que en un primer momento los medios de comunicación aceptaron y apoyaron el traslado, pero al cabo de un tiempo se alinearon con los sectores opositores del mismo, quienes lo tildaban de "costosísimo", "faraónico" e "innecesario" y sostenían que “el traslado de la Capital traería más perjuicios que beneficios al país”.
En una entrevista publicada por el diario Río Negro en enero del 2000, el historiador Félix Luna manifestó que “la mudanza de la Capital a Viedma era una necesidad. Pero creo también que Alfonsín presentó muy mal la idea: se apresuró, la presentó demasiado sorpresivamente y entonces no prendió en la sociedad, ni siquiera en la UCR. Sin embargo, sigo creyendo que es necesario sacar la Capital de Buenos Aires… Se necesita un lugar donde se haga política y administración y nada más, donde los dirigentes del interior no queden atrapados por las atracciones de la gran ciudad, como sucede en Buenos Aires. Es indudable que a algún lado hay que llevarla, no sé si a la Patagonia o algún otro sitio, pero desde aquí no se puede seguir gobernando”. Muchos no comparten la ideología de Luna, pero su apreciación pone netamente en foco el nudo del dilema.
La cuestión es más compleja si se toma en cuenta que la mentada autonomía de la Ciudad de Buenos Aires no será absoluta mientras siga siendo el asiento del gobierno nacional. Existe al respecto otro proyecto controversial para consolidarla, que propone la provincialización del actual territorio porteño, sumado al de una decena de municipios del Gran Buenos Aires.
Obviamente, a medida que nos aproximamos al bicentenario de la Declaración de la Independencia, el año 2016 podría funcionar como inspiración colectiva para refundar la Argentina con vocación de suma y no de resta. En un plano de celebración generacional despojada de fanatismos y prejuicios. Descentralizando una urbe desmesurada que el pensador Ezequiel Martínez Estrada bautizó como “la cabeza de Goliat”.
Esto no agota las controversias referidas a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Está pendiente la necesidad de revisar la ordenanza 49.669 que a espaldas de la ciudadanía porteña instauró como bandera oficial en septiembre de 1995 el estandarte de conquista traído de España por el fundador Juan de Garay en 1580. Es izada todos los días junto al Obelisco en la Plaza de la República. Integran el escudo un águila negra con su corona en la cabeza, cuatro hijos por debajo y una cruz colorada sangrienta [de la orden militar hispana de Calatrava] que sale de su mano derecha. Anclada en el pasado, como si no estuviéramos ya en el siglo XXI.
Vivimos aprisionados en un mundo de apariencias, y la espiritualidad encierra las claves de acceso al Reino de lo imponderable, de lo trascendente ilimitado. Ken Wilber nos dice que la meditación es, como mínimo, un camino instrumental orientado hacia la trascendencia. Y si se entiende la trascendencia como sinónimo de desarrollo intenso, se deduce que la meditación es simplemente un desarrollo o despliegue expansivo. No se trata primordialmente de revertir las cosas, sino de llevarlas adelante. Es el crecimiento natural y ordenado de unidades sucesivas de orden superior, hasta que sólo exista la Unicidad, hasta que todo el potencial se haya realizado, hasta que el campo inconsciente se abra como Consciencia plena. En pos de latitudes desconocidas. Es lo que un individuo, en el estado actual de evolución humana, debe hacer para desarrollarse más allá de dicho estado y avanzar hacia esa única Instancia Suprema (o Dios), meta de toda la Creación.
Cuando lo sutil emerge en campo de la percepción consciente, desde el campo inconsciente, aparecen varias visiones arquetípicas superiores, sonidos e iluminaciones. Hay muchas definiciones sobre este reino imponderable y seguramente todas son válidas. Pero lo fundamental es que durante la meditación van brotando vivencias cada vez más refinadas, que acaban por ser desestimadas y entonces tiene lugar una transformación hacia apreciaciones nuevas y mucho más complejas.
Los primeros en verse afectados son los impulsos más generales y cuando éstos se diluyen, el meditador comienza a discernir otros antes muy imperceptibles, así como tras la puesta del sol podemos visualizar las estrellas. Sin embargo, esos impulsos delicados también van menguando, permitiendo la apreciación de otros todavía más trascendentes. Es interesante constatar que éste no es un proceso perfectamente continuo, ya que durante la meditación se dan interludios de auténtico silencio, durante los cuales uno cruza, al parecer, una especie de «membrana» psíquica que separa el nivel presente de otros planos más espirituales. Salvada dicha valla, se reasume la actividad psicomental... pero su carácter es mucho más delicado y expansivo. A partir de allí, paladeamos eventualmente fracciones de Eternidad, de modo espontáneo.
Un antiguo refrán oriental expresa: “En vez de maldecir la oscuridad, enciende una vela”. La frase es breve, pero su proyección resulta inmensa. Y en tiempos de guerra o violencia constituye un desafío para las mentes y los corazones de la gente con paciente vocación de paz.
La paz no es la ausencia de conflictos bélicos. Y el belicismo no consiste apenas en el tronar de los cañones, o en la marcha de ejércitos en una u otra dirección. Pacificar es crear situaciones donde el hombre y la mujer se convierten en protagonistas de una “diferencia” que consiste en la práctica constante de impulsos fraternos. Indudablemente, en primera instancia ello no detendrá la producción masiva de armamentos (actividad muy lucrativa de las Grandes Potencias y de otras naciones intermedias). Pero seguirán existiendo condiciones para la guerra en nuestro planeta mientras no haya una cantidad considerable de gente empeñada en vivir individual y socialmente en una dimensión pacífica ejemplar. Una paz que no se vivencia y practica es apenas un discurso.
El pacifista Robert Fuller explicó que la paz no es apenas una serie de actividades que la gente efectúa: “La superación de la guerra requerirá la delineación de una serie de actividades que puedan cubrir algunos de los propósitos que la guerra ha cubierto, que den a la gente algo para hacer, algo que satisfaga las necesidades reales que la guerra ha satisfecho en el pasado”. O sea, el “heroísmo”, la santificación de la camaradería, la “lealtad”, la superación de desafíos prominentes, la “victoria” sobre la adversidad.
Por allí pasa la luz de la vela que debemos encender en estos tiempos. El seno de la familia, el lugar de trabajo, el ámbito de estudio y las situaciones de ocio tienen que comenzar a inflamarse con el reflejo de una fraternidad ejercida en todo sentido y con todo vigor.
Debemos refundar lo que llamamos “civilización”, creando situaciones donde la gente pueda expresar, contagiosamente, sus mejores impulsos y sentimientos. Manifestar contra la guerra, es necesario. Pero ello no sirve para mucho si uno no se convierte en un ejemplo viviente (cotidiano) de pacificación y de recreación convivencial. Tomará tiempo. Pero sólo hay cosecha cuando antes hubo siembra.
Un informe reciente distribuido por el Grupo ETC de Canadá (entidad autónoma centrada en estudios sobre abusos del poder corporativo transnacional), titulado “¿Quién controlará la Economía Verde?”, documenta una tendencia hacia el aumento de la concentración corporativa global, favorecida incluso por la actual crisis financiera mundial.
El análisis resalta que si bien en diversos sectores estudiados hay estancamiento del crecimiento o incluso menos ingresos, las ganancias corporativas se mantuvieron, porque según su propia definición hicieron más con menos: con menos trabajadores, menos prestaciones y derechos laborales, menos consideraciones ambientales y de salud.
La investigadora uruguaya Silvia Ribeiro, integrante del Grupo ETC, comentó al respecto que “lo más verde de las propuestas de economía verde en las negociaciones formales hacia Río+20, es el color de los billetes que esperan ganar con ella las transnacionales.”
Indica además que al otro extremo de la cadena alimentaria las grandes superficies de ventas directas al consumidor (supermercados) han crecido a un punto tal, que ya en 2009 superaron el mercado total de energéticos, el mayor del mundo durante décadas.
Esto significa, acota Ribeiro, “un brutal control corporativo de qué, cuándo, cómo, con qué calidad, dónde y a qué precio se producen y consumen los alimentos y muchos otros productos de la vida cotidiana”.
En el mismo informe se analiza además el control corporativo en otros rubros estratégicos, como agua, petróleo y energía, minería y fertilizantes, forestación, farmacopea, veterinaria, genética animal, biotecnología, bioinformática, generación y almacenamiento de datos genómicos.
Otro pensador en sintonía con los preparativos mencionados es el profesor Edgar Jaimes, titular de la Universidad de los Andes e integrante del Grupo de Investigación de Suelo y Agua (GISA) en Trujillo, Venezuela: promueve como meta “una revolución necesaria”.
Para explicar el concepto, sostiene que “debemos asumirla como un proceso de tipo eco-social fundamentado en los principios y prácticas de la racionalidad ambiental, cuyo objetivo –según el investigador Enrique Leff– es lograr una reapropiación permanente de la naturaleza por parte de la sociedad”.
El profesor Jaimes evoca al respecto un fragmento del libro “Colapso” del biólogo Jared Diamond: “la civilización maya (quinientos años antes de la llegada de los españoles a sus tierras) había prácticamente desaparecido en menos de una generación, aparentemente víctima de un colapso ecológico producido por la insostenible agricultura de tala y quema que los mayas habían practicado durante muchas décadas”.
El economista estadounidense David Korten, autor del libro El Gran Cambio: Del Imperio a la Comunidad de la Tierra, ha afirmado que si ha de existir un futuro humano, debemos encauzarnos hacia una relación equilibrada entre nosotros y con la Tierra. Para esto necesitamos construir economías con corazón.
Señala además que si vamos a demorar y finalmente revertir la desintegración social y ambiental que vemos alrededor nuestro, debemos cambiar las reglas para frenar el agudo abuso de poder corporativo que tanto contribuye a aquellos daños.
Pero advierte: “Domesticar al poder corporativo retrasará el daño. Sin embargo, no será suficiente para sanar nuestras relaciones mutuas y con la Tierra, y para llevar a nuestro mundo en apuro al equilibrio social y ambiental. Las corporaciones no son más que instrumentos de una patología social más profunda, revelada en el conocido relato que narra nuestra sociedad sobre la naturaleza de la prosperidad.”
Existe un relato imperial de la prosperidad, y aunque la narrativa imperante sobre la prosperidad tiene muchas variaciones, entre sus elementos esenciales se encuentran los siguientes:
• El crecimiento económico llena nuestras vidas con abundancia material, saca a la gente pobre de su miseria, y crea la riqueza necesaria para proteger al medioambiente.
• El dinero es la medida de la riqueza y el juez apropiado para cada elección y relación.
• La prosperidad depende de liberar a los inversores ricos de impuestos y regulaciones que limitan su incentivo y su capacidad de invertir en crear los nuevos trabajos que nos enriquecen a todas y todos.
• Los mercados desrregulados asignan recursos para su uso más productivo y de más alto valor.
• El rico merece sus riquezas porque todos nos enriquecemos a medida que los beneficios de las inversiones de aquellos en la cumbre se derrama hacia aquellos en la base.
• La pobreza está causada por los programas de bienestar social que le quitan a la gente pobre la motivación para convertirse en miembros productivos de la sociedad, deseosos de trabajar duramente en los puestos que el mercado les ofrece.
Korten comenta que este relato sobre la prosperidad al servicio del dinero es repetido incansablemente por los medios corporativos y se enseña en los cursos de economía, negocios y políticas públicas, en nuestros colegios y universidades, casi como si fuera una escritura sagrada. Por eso lo llama “el relato de prosperidad del Imperio”.
Poca gente nota las implicaciones de su legitimación del poder y el privilegio de las corporaciones con fines de lucro, y de un sistema económico diseñado para maximizar el retorno de la inversión, esto es, para hacer a la gente rica más rica. Más aún, enaltece al individualismo extremo que, en otras circunstancias, sería condenado como sociópata; valora a la vida tan sólo como un artículo de consumo; y distrae nuestra atención de la realidad básica de que destruir la vida para hacer dinero es un acto de locura colectiva. Además de destruir la verdadera riqueza, amenaza nuestra misma supervivencia como especie.
Pero también existe un relato de prosperidad de la Comunidad de la Tierra, que considera los siguientes elementos de un relato de prosperidad alternativo, al servicio de la vida, que considera a la vida, más que al dinero, como la verdadera medida de la riqueza:
• Hijas e hijos, familias, comunidades y sistemas ecológicos saludables, constituyen la verdadera medida de la riqueza real.
• El cuidado y soporte mutuos son la principal moneda de las familias y comunidades sanas, y la comunidad es la clave para la seguridad económica.
• La riqueza real se crea invirtiendo en el capital humano y productivo de la gente, el capital social de las relaciones solidarias, y el capital natural de los ecosistemas saludables.
• El fin de la pobreza y la cura de nuestro medio ambiente se logrará con la reasignación de recursos materiales desde los ricos hacia los pobres, y desde los usos destructivos de la vida hacia los usos que la reafirmen.
• Los mercados poseen un rol vital, pero los gobiernos democráticamente responsables deben asegurar los intereses de la comunidad garantizando que toda persona se comporte según reglas básicas que internalicen costos, mantengan la equidad, y favorezcan los negocios locales de escala humana que honren los valores y sirvan a las necesidades de la comunidad.
• La economía debe servir a la gente y responder a ella, no al revés.
Korten lo llama “el relato de prosperidad de la Comunidad de la Tierra” porque evoca una visión de la posibilidad de crear economías que sirvan a la vida, fundadas en comunidades que respeten la interdependencia irreductible de la gente y la naturaleza. Aunque se escucha pocas veces, este relato se basa en nociones familiares de generosidad y justicia, y niega cada una de las pretensiones del relato imperial que actualmente da forma a la política y práctica económicas.
"Nunca estamos solos ni abandonados, sin cesar recibimos mensajes del mundo invisible. Estos mensajes son como unas huellas que se graban en el alma del mundo, y pueden sernos transmitidos a través de animales, en particular de los pájaros, o incluso a través de los humanos. Con respecto a los animales esto se realiza evidentemente sin ellos saberlo; y por lo que respecta a los humanos, la mayoría de las veces también. En general, no son conscientes de que nos transmitan mensajes, y es preciso todo un aprendizaje para lograr descifrarlos.
En vez de preguntar a las cartas, a las bolas de cristal, etc., debemos estar vigilantes, atentos, estudiar, buscando la confirmación de estos mensajes o su desmentido, en todas partes en la naturaleza, y sobre todo en nosotros mismos. Así, poco a poco, lograremos verlo claro. Pero para conseguir un día esta claridad, debemos realizar todo un trabajo interior de purificación."
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Tal como se presenta hoy la vida colectiva en el planeta Tierra, no hace falta demasiada perspicacia para verificar acelerados procesos de descomposición estructural y agudas situaciones de trastorno individual y social. Se trata de una convulsión que devora multitudes y promueve un caos expansivo, desolador.
Más de la mitad de la población mundial se concentra en zonas urbanizadas y al mismo tiempo las regiones rurales van sufriendo el avance de un mercantilismo exacerbado que en nombre de la “rentabilidad” devora infinidad de paisajes bajo ritos agrícolas, mineros o forestales solamente interesados en el lucro.
Inmensas regiones son ganadas por la erosión y luego por la desertificación. El mundo natural o “biosfera” pierde espacios sin cesar. El mundo artificial o “tecnosfera” expande sus ceremonias con obsesión vertiginosa. Esto solía llamarse progreso, pero cada día se parece más a un sofocante estilo de decadencia.
Para resistir los embates de una vorágine agobiante, millares de personas huyen hacia la indiferencia o se acorazan de múltiples maneras. Poco a poco, dejan de tomar en cuenta los datos de la “realidad” y se acurrucan en frustrantes simulaciones de la vida. Pierden finalmente contacto consigo mismas y caen en las turbulencias de la soledad, la angustia, el tedio o la perversión.
Otros, en cambio, logran no sentirse abrumados por las descomposiciones imperantes y tanto de modo intuitivo como intencional van tratando de integrar sus propias provincias del alma (mente, cuerpo y espíritu) en el marco de la cultura, la naturaleza y la consciencia universal. Hay quienes ya consiguen hacerlo espontáneamente, mientras otros precisan esforzarse en pequeña o gran escala.
Los antiguos esenios, en pos de lo que llamaban “séptuple paz” (corporal, mental, familiar, humana, cultural, terrenal y celestial) meditaban al amanecer, con los ojos cerrados y sus párpados orientados hacia el sol naciente. Esta práctica es preservada por numerosos pueblos asiáticos, aunque aquellas inspiradoras intuiciones originales perdieron vitalidad en las culturas materialistas y artificiales de Occidente, donde la tendencia es convertir las verdades liberadoras en dogmas asfixiantes.
Cuando en la tercera parte de la película Matrix, su protagonista Neo se enfrenta con un gigantesco esquema lumínico que encierra la clave de su destino individual, otra antigua disyuntiva, la de los gnósticos, sacudía la percepción del espectador informado. Aquellos místicos pensaban que el mundo donde vivimos (el de la Caída adánica) es impuro y se planteaban huir de su envoltura carnal. El cuerpo se asumía como una prisión y era perentorio huir hacia el mundo de la luz.
Pero de pronto Neo comprueba que la Matrix está hecha de luz y energía (electrónica) y revierte la epopeya: asume que es preciso huir de esa prisión hacia la realidad del cuerpo. O sea: la existencia dolorosa en un cuerpo es preferible al éxtasis cibernético (o el de los productos alucinógenos) u otro escenario fantástico, irreal.
Esto no significa que los grandes místicos se hayan confundido, pues los caminos de la consciencia conducen efectivamente a las claves del universo, que no están ceñidas a las leyes que regulan el mundo material. Edmond Bordeau Székely nos dice que “nuestra consciencia no está en el espacio, tiene su propio tiempo, que frecuentemente es la atemporalidad, y es a la vez nuestra fuente más cercana de energía, armonía y conocimiento.”
Los sabios taoístas sostenían que la mente del hombre perfecto es como un espejo: en respuesta a las cosas no avanza ni retrocede. Responde a las cosas (las refleja) pero no disimula su propia naturaleza. Por lo tanto, puede vincularse con las cosas sin que ellas dañen su propia realidad de espejo. La meta la ecología espiritual es el refinamiento de la energía y la perfección del espíritu. Por eso Chuang Tsé dijo: “El universo es la unidad de todas las cosas.
Si uno reconoce su identidad con esa unidad, entonces las partes de su cuerpo se le asemejan al polvo. Así, la vida y la muerte, el fin y el principio, no lo perturban más que la sucesión del día y la noche”.
Todos los órganos del cuerpo humano cooperan entre sí para hacer posible la vida (los procesos disonantes se conocen como cáncer.) Todos los componentes de la naturaleza terrestre interactúan para hacer posible este planeta. Los hombres no han logrado entender todavía tal simple lección y persisten en malograr sus poderes generativos rindiendo culto a sus instintos e impulsos atávicos. Toda comunión requiere un entrenamiento.
Sepamos entonces encauzar nuestra evolución individual en armonía con el planeta que habitamos y con la unidad del cosmos.
El fin de la existencia es captar la vibración de la eternidad como amor infinito. ¿Es el hombre alguien que sueña que es una mariposa, o es una mariposa que sueña que es un hombre? Vincent Van Gogh resolvió así el interrogante:"Es bueno amar tanto como se pueda, porque ahí radica la verdadera fuerza, y el que mucho ama realiza grandes cosas y se siente capaz, y lo que se hace por amor está bien hecho."
Vivimos aprisionados en un mundo de apariencias, y la espiritualidad encierra las claves de acceso al Reino de lo sutil, de lo trascendente ilimitado. Ken Wilber nos dice que la meditación es, como mínimo, un camino instrumental mantenido hacia la trascendencia. Y si se entiende la trascendencia como sinónimo de desarrollo intenso, se deduce que la meditación es simplemente desarrollo o crecimiento expansivo. No se trata primordialmente de revertir las cosas, sino de llevarlas adelante. Es el despliegue natural y ordenado de unidades sucesivas de orden superior, hasta que sólo exista
Cuando lo sutil emerge en campo de la percepción consciente desde el campo inconsciente, aparecen varias visiones arquetípicas superiores, sonidos e iluminaciones. Hay muchas definiciones sobre el reino sutil y seguramente todas son válidas. Pero lo fundamental es que durante la meditación van emergiendo expresiones cada vez más refinados, que acaban por ser desestimados y entonces tiene lugar una transformación a apreciaciones nuevas y más sutiles.
Los primeros en verse afectados son los impulsos más fuertes y cuando éstos se diluyen, el meditador comienza a discernir otros más refinados, así como con la puesta del sol aparecen las estrellas. Sin embargo, esos impulsos refinados también van menguando, permitiendo la apreciación de otros más sutiles todavía. Es interesante constatar que éste no es un proceso perfectamente continuo, ya que durante la meditación se dan interludios de auténtico silencio, durante los cuales uno cruza, al parecer, una especie de «membrana» psíquica que separa el nivel presente del próximo y más sutil. Salvada dicha valla, se reasume la actividad psicomental... pero su carácter es mucho más delicado y expansivo. A partir de allí, paladeamos
El Sol nos habla, con lenguajes de luz. Al ojo en sí, a las embajadas del corazón en la piel, a los fotorreceptores del alma. Una fiesta de destellos.
Una caravana que comienza en el infinito y acaba en el horizonte donde se incuban las visiones.
Es un arco iris universal que habitualmente no nos detenemos a acunar, ni dejamos que sus ondas germinen éxtasis en el jardín de los misterios.
Aureola invisible.
Espejo inductor de reflejos que tintinean amaneceres. Marea espacial que nos envuelve por completo cuando bajamos los párpados para dormir y suponemos que el Sol se ha ido a visitar a los seres atareados del otro hemisferio. Dentro de la noche persiste su luminosidad.
Disfrazada de oscuridad.
La vida también nos habla, con dialectos de fuego. Todo es energía hasta en la más remota de nuestras células. Y alguna vez, cuando esta galaxia se esfume en una ceremonia ígnea, persistirán risas de niños y suspiros de amantes: el tiempo no borra los incendios de la inocencia, los graba indelebles en el universo.
Lo que llamamos muerte es el espacio del salto de una forma a otra, de un color a otro, porque más allá de los violetas y los rojos están los blancos ígneos (que atisbamos en el seno de la llama de una vela) y los negros áureos (cuando al cerrar los ojos la retina se anima a recomponer los esferogramas del cosmos).
Vivir es permitir que la eternidad baile en la sangre.
Lo humano es una provincia de la existencia total. Los monumentos que alzamos, volverán a ser polvo. Todo se integra, se desintegra y se reintegra. Llamamos materia a la fotografía de una partícula de realidad que en el pabellón de la mente logra constituir un significado, pero que en el aliento de Dios no resulta nada más que un sabor fugaz. Sólo tenemos el instante. Pero al respirar no advertimos que el aire es luz trasformada en gas.
Sabemos que todo cuerpo tiene irremediablemente un final y creemos que disimulándolo evitaremos el desenlace. En verdad, quien se dispone a dejar que el Sol brille en sus fibras, hace que a la vez su ser se sumerja en el Sol, simple portal de otros nódulos solares.
No temas al silencio, que no es vacío sino dimensión sin fronteras. No te escapes de la soledad, que no es desamparo sino desnudez de artificios.
Quien se permite callar de verdad y detiene la gritería de la nada, descubre que en silencio titila la música de las esferas, como una sinfonía de rayos y frecuencias. Polaridad de encuentros.
Cristal de emociones. Quien se aparta momentáneamente de la manada, advierte que cada cual es el filamento de un reflector supremo, cuya longitud de onda se llama alabanza.
Cátodo espiritual, ánodo angelical. La Santa Sabiduría.
Por eso son tan cruciales los desiertos verdaderos. Porque albergan la llave de la revelación.
Las raíces del Sol.
Norteamérica te lo he dado todo y nada soy ahora.
Norteamérica dos dólares y veintisiete centavos 17 de enero de 1956.
No puedo soportar mi propia mente.
Norteamérica, ¿cuándo pondremos fin a la guerra de la humanidad?
Vete a que te den por el culo con tu bomba atómica.
No me siento bien no me molestes.
No pienso escribir mi poema hasta que me sienta lúcido.
Norteamérica, ¿cuándo serás angélica?
¿Cuándo te quitarás las vestiduras?
¿Cuándo serás capaz de mirarte a través de la tumba?
¿Cuándo serás digna de tu millón de Trotskistas?
Norteamérica, ¿por qué están tus bibliotecas llenas de lágrimas?
Norteamérica, ¿cuándo enviarás tus huevos a la India?
Estoy asqueado de tus demenciales exigencias.
¿Cuándo puedo entrar en el supermercado y comprar lo que necesite sólo por mi bonita cara?
Norteamérica después de todo los que somos perfectos somos tú y yo no el otro mundo.
Tu maquinaria es demasiado para mí.
Me haces desear ser un santo.
Debe haber otra manera de zanjar esta discusión.
Burroughs está en Tánger no creo que regrese esto es algo siniestro.
¿Estás siendo siniestra o acaso forma parte de alguna clase de broma pesada?
Estoy intentando ir al grano.
Me niego a abandonar mi obsesión,
Norteamérica deja de presionarme yo sé lo que me hago.
Norteamérica están cayendo las flores de los ciruelos.
No he leído los periódicos desde hace meses, todos los días alguien es sometido a juicio por asesinato.
Norteamérica me siento sentimental acerca de los Wobblies.
Norteamérica yo fui comunista cuando era un muchacho y no lo lamento.
Fumo marihuana siempre que tengo ocasión.
Permnezco sentado en casa días enteros y me quedo mirando las rosas del armario.
Cuando voy al Barrio Chino me emborracho y nunca me llevan a la cama.
Estoy decidido va a haber jaleo.
Deberías haberme visto leyendo a Marx.
Mi psicoanalista opina que estoy perfectamente bien.
Me niego a recitar la Plegaria del Señor.
Tengo visiones místicas y vibraciones cósmicas.
Norteamérica aún no te he contado lo que hiciste al tío Max una vez que vino de Rusia.
Me dirijo a ti.
¿Acaso piensas permitir que tu vida emocional se vea dirigida por la revista Time?
Estoy obsesionado con la revista Time.
La leo todas las semanas.
Su cubierta me mira con fijeza cada vez que me escabullo por delante de la confitería de la esquina.
La leo en el sótano de la Biblioteca Pública de Berkeley.
Siempre me habla de responsabilidades. Los hombres de negocios son serios. Los productores de películas son serios. Todo el mundo es serio menos yo.
Se me ocurre que Yo soy Norteamérica.
Ya estoy hablando solo otra vez.
Asia se está alzando contra mí.
Tengo menos posibilidades que un chino.
Mejor será que considere mis recursos nacionales.
Mis recursos nacionales consisten en dos canutos de marihuana millones de genitales una literatura privada impublicable que va a 1.400 millas por hora y veinticinco mil instituciones mentales.
No menciono siquiera mis prisiones ni a los millones de desheredados que viven en mis canastos bajo la luz de quinientos soles.
He abolido los prostíbulos de Francia, Tánger será el siguiente en caer.
Mi ambición consiste en ser presidente a pesar del hecho de que soy católico.
Norteamérica ¿cómo puedo escribir una sagrada letanía con tu estúpido estado de ánimo?
Continuaré como Henry Ford mis estrofas son tan individuales como sus automóviles más aún son todas de diferentes sexos.
Norteamérica te venderé estrofas a 2.500 dólares la pieza te daré 500 por tu vieja estrofa.
Norteamérica libera a Tom Mooney
Norteamérica salva a los Republicanos Españoles
Norteamérica Sacco & Vanzetti no deben morir
Norteamérica yo soy los muchachos de Scottsboro.
Norteamérica cuando contaba yo siete años mamá me llevó a reuniones de una Célula Comunista en que vendían garbanzos a razón de un puñado por cada entrada cada entrada cuesta un níquel y los discursos eran gratis todo el mundo se sentía angélico y sentimental acerca de los trabajadores era todo tan sincero que no tienes idea de qué gran cosa era el Partido en 1835 Scott Nearing era un magnífico anciano un verdadero mensch Madre Bloor me hizo llorar ví una vez a Israel Amter con mis propios ojos. Todo el mundo debía ser un espía.
Norteamérica en realidad no deseas ir a la guerra.
Norteamérica son esos malvados Rusos.
Esos Rusos esos Rusos y esos Chinos. Y esos Rusos.
La Rusia quiere comernos vivos. La Rusia está enloquecida por el poder. Quiere arrebatarnos los automóviles de los garajes.
Ella desear echar mano a Chicago. Ella necesitar un Reader’s Digest Rojo. Ella querer nuestras fábricas de automóviles en Siberia. El gran burócrata encargado de nuestras gasolineras.
Eso no es bueno. Ugh. El hacer indios aprender a leer. El necesitar grandes negrazos negros. Hah. Ella hacernos trabajar a todos dieciséis horas al día, Socorro.
Norteamérica ésta es la impresión que obtengo mirando el aparato de televisión.
Norteamérica, ¿estoy en lo cierto?
Más vale que me ponga a trabajar inmediatamente.
Es cierto que no deseo unirme al ejército o hacer de tornero en fábricas de piezas de precisión, en todo caso soy miope y psicópata.
Norteamérica estoy arrimando mi hombro maricón a la rueda.
"Thomas Merton fue escritor durante toda su vida, incluso al adoptar la forma de vida trapense de silencio y retiro. A través de su intensa correspondencia, logró mantener un contacto ininterrumpido con personas de todas partes, a pesar de distancias geográficas, estrictas reglas monásticas, y regímenes políticos opresivos. Totalmente presente al mundo polarizado y en tensión que había perdido la capacidad de escuchar al otro, a la vez que ermitaño retirado del Monasterio de Getsemaní, Thomas Merton abre aquí el diálogo con las voces que expresaron en una época de división, violencia y secretos, el lazo común de unión que los convocaba a todos a la palabra y la acción: el coraje para la verdad. (Cartas a Escritores)
No hay nada milagroso en las nuevas aptitudes espirituales que el alma descubre en sí misma. Son parte de su naturaleza, pero su ejercicio ha sido frustrado e invalidado por el apego a los placeres de los sentidos. Ahora han sido liberados y han comenzado a recuperar algo de su innata frescura y vigor.
¿Cuáles son algunas de estas aptitudes? Mencionaré solamente una, a modo de ejemplo. Es el sentido metafísico del ser y de todo lo trascendental. Mucha gente no puede entender siquiera las nociones abstractas de ser, verdad, belleza, unidad, tal como las proponen los filósofos. No poseen capacidad para apreciar estas realidades, que se les aparecen como meras palabras. A fin de avivar el interés de quienes viven en el nivel de la experiencia sensorial, y que no están familiarizados con el pensamiento y la intuición filosófica, es preciso que les ofrezcamos concretos, particulares y actuales ejemplos del ser, la verdad y todo lo demás.
El nivel intelectual de nuestra civilización moderna está bastante resaltado por lo que quienes viven en “el mundo” ven a su alrededor de la mañana a la noche en los carteles de propaganda y escuchan de la noche a la mañana por radio y televisión. “Ser”, “Verdad” y “Belleza” son apreciados apenas en sus manifestaciones más fragmentarias y particulares. Cien millones de rechonchos ciudadanos se disponen a beber latas de cerveza helada. Cien millones de jóvenes mujeres están usando jabón, medias, cigarrillos, automóviles y un millón de otras cosas, de manera tal que el espectador es invitado a evaluar dichos productos en los términos del buen aspecto de esas consumidoras. Esto es todo lo que se evalúa como “Ser” en un mundo que finalmente ha decidido volarse en pedazos.
THOMAS MERTON
“Este no es un libro para leerlo de un tirón, de principio al final, y dejarlo. Vive con él, ábrelo con frecuencia y, lo que es más importante, ciérralo asiduamente; es decir, pasa más tiempo sosteniéndolo en tus manos que leyéndolo. Muchos lectores sentirán el deseo natural de dejar de leer después de cada párrafo, para hacer una pausa, reflexionar, serenarse, Siempre es más útil y más importante dejar de leer que seguir leyendo. Permite que el libro haga su trabajo, que te despierte y te saque de los viejos surcos del pensamiento condicionado y repetitivo.”
“Se puede considerar que este libro, por el modo en que está escrito, revive en nuestro tiempo el estilo con el que fueron concebidas las más remotas enseñanzas espirituales: los sutras de la antigua India. Los sutras son vigorosos indicadores de la verdad en forma de aforismos o sentencias breves, con poca elaboración conceptual. Los Vedas y los Upanishads son las primeras enseñanzas sagradas registradas en sutras, como sucede con las palabras de Buda. Los dichos y parábolas de Jesús, sacados de su contexto narrativo, también pueden ser considerados como sutras, al igual que las profundas enseñanzas contenidas en el Tao Te Ching, el antiguo libro chino de la sabiduría. La ventaja del estilo sutra reside en su brevedad. No involucra la mente pensante más de lo necesario.
Lo que el sutra no dice —aunque lo señala— es más importante que lo que dice. El estilo sutra utilizado en este libro es más evidente en el capítulo I («Silencio y Quietud»), que contiene los párrafos más breves. Este primer capítulo contiene la esencia de todo el libro, pudiendo ser todo lo que algunos lectores necesiten. Los demás capítulos están ahí para quienes necesiten algunos indicadores más.”
“Este libro, desde luego, utiliza palabras que al ser leídas harán surgir pensamientos en tu mente. Pero no se trata de pensamientos corrientes: repetitivos, ruidosos, narcisistas, que reclaman atención…los pensamientos de este libro no dicen «mírame», sino «mira más allá de mí». Como los pensamientos han surgido de la quietud, tienen poder: el poder de llevarte a la misma quietud de la que surgieron. Esa quietud también es paz interior; y esa quietud y esa paz son la esencia de tu Ser. Es la quietud interior que salvará y transformará el mundo.”
El Silencio Habla
Eckhart Tolle
Karma libros
CAPITULO CINCO
TU VERDADERO SER
El Ahora es inseparable de quien eres en el nivel más profundo. Hay muchas cosas importantes en tu vida, pero sólo una importa absolutamente.
Importa que tengas éxito o fracases a los ojos del mundo. Importa si tienes o no tienes salud, si has recibido o no una buena educación. Importa si eres rico o pobre; ciertamente, establece una diferencia en tu vida. Sí, todas estas cosas tienen importancia, una importancia relativa, pero no tienen una importancia absoluta. Hay algo más importante que cualquiera de estas cosas: encontrar tu ser esencial más allá de esa entidad efímera, del efímero yo personal.
No encontrarás la paz reordenando las circunstancias de tu vida, sino dándote cuenta de quién eres al nivel más profundo.
Todas las desgracias del planeta surgen del sentido personalizado del «yo» o del «nosotros», que recubre la esencia de tu ser. Cuando no eres consciente de la esencia interna, siempre acabas sintiéndote desgraciado. Es así de simple.
Cuando no sabes quién eres, te fabricas mentalmente un yo que sustituye tu hermoso ser divino, y te apegas a ese yo temeroso y necesitado.
Entonces la protección y potenciación de ese falso sentido del yo se convierte en tu principal fuerza motivadora.
Muchas expresiones usadas habitualmente, y a veces la propia estructura del lenguaje, revelan que las personas no saben quiénes son. Por ejemplo, dices: «Él ha perdido su vida», o hablas de «mi vida», como si la vida fuera algo que
pudieras poseer o perder. Lo cierto es que no tienes una vida; eres una vida. La Vida Una, la conciencia que interpenetra todo el universo y toma forma temporalmente para experimentarse como piedra o como hoja de hierba, como un animal, una persona, una estrella o una galaxia.
¿Puedes sentir en lo profundo de ti que ya sabes eso? ¿Puedes sentir que ya eres Eso?
Necesitas tiempo para la mayoría de las cosas de la vida: para adquirir nuevas aptitudes, para construir una casa, para especializarte en alguna disciplina, para prepararte una taza de té...
Sin embargo, el tiempo es inútil para la cosa más esencial de la vida, para la única cosa que importa; la autorrealización, que significa saber quién eres más allá del yo superficial; más allá de tu nombre, de tu forma física tu historia personal, de tus historias.
No puedes encontrarte a ti mismo en el pasado o en el futuro. El único lugar donde puedes encontrarte es en el Ahora. Los buscadores espirituales buscan la autorrealización o la iluminación en el futuro. Ser un buscador implica necesitar un futuro. Si lo crees así, entonces esto
se vuelve verdad para ti: necesitarás tiempo para que llegues a darte cuenta de que no necesitas tiempo para ser quien eres.
Ex ministros brasileños de Medio Ambiente y prominentes expertos en esa materia han divulgado en San Pablo un manifiesto donde advirtieron sobre un potencial fracaso de la próxima cumbre internacional Río+20 en Brasil.
Bajo el provocador título "Río más o menos 20", y a partir de interrogantes sobre "Brasil frente a los desafíos de la transición hacia una economía verde", los firmantes sostienen que "existe un elevado riesgo de que Río+20 no sea apenas irrelevante, sino que configure un retroceso".
La conferencia cumbre está programada para mediados de junio en Río de Janeiro, a veinte años de la Eco-Río 92 que adoptó el emblema "desarrollo sostenible" para encuadrar y tratar de resolver los serios impactos del cambio climático, la pérdida global de diversidad biológica y la deforestación.
La iniciativa ha sido coordinada por Rubens Ricúpero, ex Ministro de Medio Ambiente y ex Secretario General de la UNCTAD, secundado por figuras nacionales como Marina Silva, José Goldemberg y Fabio Feldmann, apoyados por economistas y académicos.
El documento fue entregado al gobierno federal que encabeza la presidenta Dilma Rousseff, y la primera respuesta oficial provino de Izabella Teixeira, actual Ministra de Medio Ambiente: "tal vez los críticos de la conferencia no se encuentren bien informados".
A su vez, Ricúpero declaró que "la posición de Brasil es tímida porque el gobierno brasileño no cree en los cambios climáticos, existe una actitud de negación y postergación ante estos temas, y el gobierno finge que nada está sucediendo".
La posición formal de la Cancillería brasileña es que Río+20 debe ser una conferencia sobre desarrollo sostenible, apoyada en tres pilares (social, ambiental y económico), ante lo cual numerosos críticos señalan que se intenta "desambientalizar" el cónclave internacional.
El gobierno de Brasil no coincide con la posición de la Unión Europea, que promueve el fortalecimiento del existente Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), hoy una modesta entidad de escaso presupuesto y poder de decisión casi inexistente.
En cambio, el embajador Luiz Alberto Figueiredo Machado, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional para Río+20, acaba de anunciar que Brasil promoverá en junio la creación de una nueva instancia operativa: una especie de Consejo Ejecutivo Mundial sobre Desarrollo Sustentable.
El embajador afirmó que "es notoria la falta de financiación para la promoción del desarrollo; los países ricos no cumplieron el compromiso de 1992 a fin de aumentar la asistencia financiera para el desarrollo hasta un 0,7 por ciento de su PIB".
En la actualidad, existe en Naciones Unidas una Comisión para el Desarrollo Sostenible, creada para el seguimiento de los convenios firmados durante la Eco-Río 92 (sobre cambio climático y biodiversidad), pero funciona con escaso impacto dentro de la burocracia central de la ONU.
Dentro de este debate, se hizo evidente el descontento del actual director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, funcionario alemán nacido en Río Grande do Sul, que hace años trata de convertir a su Programa en una agencia autónoma, como la Organización Mundial de la Salud.
De paso por Río de Janeiro, comentó que "Brasil puede hacer una de dos cosas: colocarse del lado de los países que quieren cambiar el mundo, o mantener el statu-quo. No digo que una nueva agencia sea la mejor solución, pero si hay una idea mejor, que la coloquen sobre la mesa".
El especialista lamentó que "el mundo no está debatiendo la Río+20 como debatió la Eco 92, y una actitud proactiva de Brasil ayudaría a que la reunión de junio sea una cumbre de verdad, y no apenas una conferencia más de la ONU".
Algunos observadores han señalado que es preciso tomar en cuenta que la política exterior de Brasil no es diseñada completamente por quienes actúan nominalmente como presidentes del país, sino por una entidad tradicional monolítica, el Ministerio de Asuntos Exteriores, conocido como Itamaraty.
Esta institución realizó el año pasado un debate sobre las metas de Río+20, donde se sostuvo que "la economía verde, tema a ser discutido en la conferencia, constituye una importante herramienta del desarrollo sostenible y deberá facilitar la integración de elementos ambientales al desarrollo (empleos verdes, PIB verde, economía de bajo carbono)".
Entretanto, la embajada de Alemania ha comentado que junto a los demás países de la Unión Europea, se espera que la nueva cumbre de Río asuma la necesidad de crear una nueva agencia de la ONU para el medio ambiente.
El embajador germano en Brasil, Wilfried Grolig, resaltó que "es preciso crear una estructura relevante, así como para el trabajo tenemos la Organización Internacional del Trabajo, y así como para lo cultural, la educación y la ciencia tenemos a la UNESCO". (28/4/1012)
Después del terremoto se lo envió a mi amigo Luis una amiga que a su vez lo recibió de un amigo que vive en la castigada ciudad de Sendai. Creemos que es una síntesis muy hermosa.
Las cosas aquí en Sendai se han sucedido de forma surrealista. Pero yo soy un bendecido por tener amigos tan maravillosos que me están ayudando mucho.
Ya que mi casa, que bien podría ser llamada casucha destartalada, quedó inhabitable, yo estoy viviendo en la casa de unos amigos. Compartimos provisiones, agua y un calentador de kerosene. Dormimos todos alineados en una habitación, comemos en torno a una vela y nos contamos distintas historias.
Durante el día nos ayudamos a limpiar y poner orden en nuestras casas. La gente se sienta dentro de sus autos para observar las noticias a través de sus pantallas GPS, o hace colas para obtener agua para beber donde se encuentra alguna fuente de suministro. Si alguien tiene una canilla funcionando en su casa, pone un cartel al frente para que la gente pueda ir allí a llenar sus recipientes y baldes.
Aquí donde yo vivo, es realmente asombroso que no hay pillaje, ni amontonamientos o empujones en las colas.
La gente deja las puertas de calle abiertas por mayor seguridad cuando ocurre alguna réplica. Es común oír a la gente decir: esto es como en las viejas épocas donde todos se ayudaban entre si.
Nadie se ha bañado por varios días. Nos sentimos sucios y harapientos, pero tenemos muchas más cosas importantes de que preocuparnos y ocuparnos. Disfruté esta manera de despojarnos de todo lo superfluo e innecesario. Viviendo a pleno, a nivel instintivo, de la intuición, del cuidado, de lo que es necesario para la supervivencia, no sólo la mía sino la de todo el grupo.
Es extraño, como se están viendo diversos universos en paralelo. Un revoltijo de casas destrozadas por un lado, y aún así, aparece otra con futones y ropa lavada, afuera secándose al sol. Gente haciendo cola para agua y alimentos y otros paseando al perro. Todo al mismo tiempo.
Otros toques inesperados de belleza son primero, el silencio de la noche. No hay autos circulando. No se ve un alma por la calle y el cielo nocturno está totalmente salpicado de estrellas. Yo usualmente podía ver dos o unas pocas más, pero ahora se ve todo estrellado.
Las montañas en Sendai son sólidas y el aire refrescante podemos observar su silueta recortada en un cielo magnífico de fondo.
Y los japoneses son tan admirables! Yo voy todos los días, a buscar mi correo, a mi casa destruida ya que tengo electricidad, y a la entrada encuentro comida y agua. No tengo idea quien lo deja pero está ahí. Hombres mayores con sombreros verdes van casa por casa para asegurarse que todos estén bien. Además la gente les pregunta a los extranjeros si necesitan ayuda. No veo signos de miedo. Resignación si, pero miedo y pánico no.
Ellos nos dicen que se pueden esperar más réplicas y eventualmente un terremoto mayor durante todo un mes o aún más. Estamos sintiendo constantemente temblores, bamboleos, sacudones y ruidos sordos continuos.
Me siento bendecido por vivir en una parte de Sendai un poco más elevada y algo más sólida que otras. Así que, por ahora esta área es mejor que otras. Anoche el marido de una amiga nos trajo del campo agua y alimentos. Nuevamente bendecido.
De alguna manera estoy siendo consciente como consecuencia de esta experiencia personal, que un enorme paso evolutivo CÓSMICO está ocurriendo en todo el mundo justo en este momento. Y mientras experimento lo que está dándose en Japón, siento que mi corazón se está expandiendo mucho. Mi hermano me preguntó si me sentía pequeño frente a estos acontecimientos. No, más bien me siento como parte de algo que se está haciendo y que va mucho más allá de mi mismo.
Esta ola de renacimiento (en el mundo entero) es dura, pero a la vez magnífica.
Con amor en respuesta a todos ustedes.
El escritor y periodista Miguel Grinberg aseguró en la Feria del Libro 2011 que “el espíritu de los 60`s late todavía entre nosotros” e indicó que esa década no puede considerarse "ni una derrota ni un fracaso porque los que todavía estamos vivos de esa época, seguimos encarnando esos ideales”.
En el marco del curso “La generación del sesenta. El poder de la palabra”, encabezado por Luisa Futoransky, Grinberg aseveró: “El espíritu de los 60`s late todavía entre nosotros porque los grandes problemas que enfrentamos en esa época siguen vigentes, no por incapacidad de los protagonistas de esa época, sino porque la humanidad todavía no los ha resuelto”.
En ese sentido, hizo referencia a su libro “Generación V. La insurrección cultural de los años sesenta”: “Me permití hacer un libro documentando el lado contracultural de los `60. Acá resumí las áreas y establecimientos de creación que hubo en esa época, en la cual yo edité entre 1961 y 1969 la revista literaria Eco Contemporáneo; una de las principales de la época en la cual la cultura estaba dominada o por los suplementos literarios de los grandes diarios; o bien por la izquierda, predominantemente del PC o los partidos disidentes”.
Sobre la época, el escritor añadió que en la década del sesenta “aún en las diferencias convivíamos como en una bolsa de gatos los tipos más diferentes que se pudieran imaginar” e indicó que para él, los ideales que se declamaron en aquel momento no pueden ser leídos hoy de una manera negativa.
“Para mí los 60`s y 70`s no se pueden considerar ni una derrota ni un fracaso porque los que todavía estamos vivos de esa época, seguimos encarnando los ideales de esa época”.
Poesía es la humanidad filtrada a través de la firme posesión de la palabra, la límpida maravilla de un delirante fermento, la culminación de una meditación cotidiana sobre la atribulada temática autobiográfica, a partir de la cual la palabra sube de nuevo a la superficie cargada de lirismo pero ingrávida y enrarecida, tanto más nítida e intensa cuanto más ha madurado y se ha depurado en un largo silencio.
Giuseppe Ungaretti
La definición usual sobre el concepto de “idolatría” lo sitúa como un acto de adoración (religiosa o no) que toma como objeto principal un ídolo. Éste es instalado en la vida cotidiana como si fuera una deidad y es adorada como tal. Por consiguiente, la idolatría aparece tanto en el ámbito de los cultos religiosos, como así también en el circuito de los asuntos mundanos. Así, el concepto de idolatría se vuelve más amplio: puede presentarse en cualquier ámbito de la vida humana, donde se sustituye la vivencia de Dios por algo distinto de él. Por eso las enciclopedias dicen que: «La idolatría es la absolutización de cualquier realidad creada o de cualquier producto de nuestra imaginación cuando el hombre adopta ante ellos una actitud de temor, de afecto o de confianza absolutos».
La prensa gráfica (diarios y revistas), la TV en general, el deporte comercializado, la política masificada, los cultos sectarios, la publicidad consumista y la educación mistificante, promueven sin cesar múltiples arquetipos que se asumen como modelos o emblemas a imitar.
Según Carl G. Jung, los arquetipos son patrones de formación de símbolos que se repiten a lo largo de la historia y las culturas, en la humanidad entera, y a través de ellos buscan expresión las energías psíquicas. Los arquetipos en sí mismos son inaccesibles: los llegamos a conocer, y nunca totalmente, porque se materializan en símbolos concretos. Su carácter primordial no alude solo a que son muy antiguos en la historia del hombre, sino que pueden generarse en cualquier otro periodo histórico, incluso en el actual.
Los ejemplos de esta rutina deformadora abundan a cada paso: “divas” de quinta categoría, "galanes" presuntamente irresistibles, “héroes” con pies de barro, “titanes” vitoreados por decenas de miles de hombres y mujeres, “paladines” de cualquier cosa que asegure un buen rating, “campeones” cuya efigie se traslada a una camiseta o un afiche, "bandas" estridentes que llenan estadios, etc.
La multitud es manipulada, inducida a reproducir formas vacías, carentes de real significado. Muchos caen en esa trampa. Pero al mismo tiempo, otros muchos van dándose cuenta del truco y desechan los rituales idólatras, para comenzar a ser “ellos mismos” en situaciones más reales e intensas de la existencia planetaria.
Hay algo que destacar: existen ritos de celebración que no son idolatrías sino afirmaciones de la vida intensa. Magnos rituales de liberación y elevación energética.
En la Argentina, y en el mundo, se está produciendo una reformulación creativa de los dones humanos aplicado a darle realidad a los “tiempos venideros”. No se trata de un ejercicio esotérico, ni posee rituales usuales en las sociedades secretas: sus acciones se producen a la vista de todos y sin constituir celebraciones misteriosas. Asimismo, son ajenas a la espectacularidad.
¿Quiénes son sus protagonistas? ¿Dónde tienen lugar sus realizaciones? ¿En qué consisten? / Pues se trata de múltiples situaciones cotidianas –individuales, grupales o comunitarias– diseminadas en sitios dispares, con persistentes iniciativas de tipo artístico, espiritual, barrial, cultural, pedagógico, ecológico, terapéutico, comunicacional, situacional, performances, diseños, videos, fotos, cursos… es muy variado.
Un quórum inédito viene constituyéndose en todas las latitudes y en gran medida va rumbo a convertirse en una “masa crítica” que nadie está liderando: es una corriente que se entrelaza fluidamente de modo natural, es el futuro que borda su realidad en el presente.
Ya lo hemos dicho antes: Existe en cada uno de quienes comparten esta latitud una gama variada de dones que en general sí son asumidos y fluctúan desarrollándose plenamente. Son como semillas que florecen y fructifican. Constituyen netamente la herramienta básica de todo lo que contribuye al despliegue evolutivo de nuestro ser en el contexto de la especie humana, en un planeta primordialmente acuático y en un universo inequívocamente solar.
La imagen del despliegue remite por un lado a bandadas de pájaros y por otro al follaje del árbol que estación tras estación va fortaleciendo su tronco y expandiendo sus ramas. La humanidad verdadera procede del mismo modo, y sus partícipes van sintiendo cada vez con mayor intensidad los momentos justos para emitir y compartir frutos.
No rivalizan entre sí, ni compiten con los demás. Enhebran inquietudes y resaltan los afectos. Saben que en sintonía con el Universo tienen una cita con evidencias supremas que fundamentan la trayectoria de la Espacionave Tierra. Donde la transformación fundamental consiste en dejar de proceder como “pasajeros” y volverse “tripulantes”, cada cual con una función fundamental, original, esencial, absolutamente irreversible.
No es nada más que la lógica del gigantismo: algo se expande más allá de sus parámetros naturales, y entra de pronto en crisis de descomposición. De un momento para otro, lo que impresiona como espectacularidad omnipotente pasa a dar muestras de declinación y de atisbos de colapso. Ello rige para muchas empresas, para entidades sociales y –no cabe duda– para las metrópolis. Buenos Aires se halla en ese estado de coma.
Por un lado, es notoria la decadencia infraestructural de la “gran” ciudad: la precariedad se advierte en el estado de los espacios públicos, en la prestación de los servicios de transporte masivo, en las muchedumbres que saturan el contexto urbano ya no sólo en las “horas pico” sino en todo momento, la suciedad y la vulnerabilidad estructural (verificada durante un inédito temporal a comienzos de abril 2012), los indigentes en “situación de calle”, el vandalismo a cargo de los inadaptados de siempre, una arrolladora saturación publicitaria, la impunidad con que actúan mafias de toda especialidad y origen, el cinismo oportunista de la Clase Política, cortes o bloqueos de avenidas, calles y autopistas, escapismo demagógico de casi la totalidad de los Medios de Comunicación, la incompetencia o el cinismo de la Administración Municipal, la puja esterilizante entre los funcionarios de la órbita local y la órbita federal (con los ciudadanos como rehenes)…
Una oleada de “fin de fiesta” a la que se suma el alza de precios constante debido a una gran afluencia turística (no de la mejor calidad) y también una notoria “fascistización” de grupos sociales desplazados y resentidos que esperan pacientemente su oportunidad para romper y saquear.
Se trata una cara de la moneda. Hay otros impulsos de “recomposición” (ver DIA 105) orientados hacia rumbos participativos y re-fundacionales.
El cáncer es una de las principales causas de mortalidad en todo el planeta y la Organización Mundial de la Salud (OMS) calculó que en caso de no mediar intervención alguna, 84 millones de personas morirán de cáncer durante la década que culminará en 2015.
Se admite que hoy el cáncer es la segunda causa de mortalidad más común en el mundo, después de las enfermedades cardiovasculares, y por delante de las que durante muchos años fueron las segundas de la lista: las infecciosas.
La OMS resaltó que hasta hace poco, el cáncer era considerado una enfermedad de los países occidentalizados e industrializados.
No obstante, en 2008 el 63 por ciento de todas las defunciones por cáncer correspondió a países de ingresos bajos y medianos, cifra que posiblemente vaya en aumento.
Por tal motivo, cada 4 de febrero la OMS apoya a la Unión Internacional contra el Cáncer y promueve medios para aliviar la carga mundial de la enfermedad, pues se cree que la prevención del cáncer y el aumento de la calidad de vida de los enfermos son temas confluyentes.
En su informe 2011, la Organización Mundial de la Salud (OMS) consignó que anualmente se diagnostican en el mundo 12,7 millones de casos nuevos de cáncer y que cada año fallecen más de 7,6 millones de personas a causa de ese mal.
Estimó además que entre 2000 y 2020 la incidencia mundial del cáncer se multiplicará por dos y que, aproximadamente, en 2030 se triplicará, lo cual supondrá una considerable carga adicional para los sistemas de salud y los costos de la atención sanitaria.
Como indicador de la importancia asignada por la OMS al cuadro imperante, tuvo lugar en Asturias (España) el 17 y 18 de marzo de 2011 la "Primera Conferencia Internacional sobre determinantes ambientales y laborales: intervenciones para la prevención primaria".
Dicho cónclave convocó tanto a representantes políticos y gubernamentales, como a investigadores y profesionales especialistas en salud, y a representantes de la sociedad civil, tanto como ONGs, sindicatos, asociaciones de lucha contra el cáncer y pacientes de diversos países.
En el encuentro, se remarcó que los cánceres que causan mayor número anual de fallecimientos son los de pulmón, estómago, hígado, colon y mamas, y que los tipos de cáncer más frecuentes son diferentes en el hombre y en la mujer.
La literatura oncológica señala que el término "cáncer" es genérico y designa a un amplio grupo de enfermedades que pueden afectar a cualquier parte del cuerpo; y también se las denomina "tumores malignos" o "neoplasias".
Una característica del cáncer es la multiplicación rápida de células anormales que se extienden más allá de los límites normales de los tejidos y pueden invadir partes adyacentes del cuerpo, propagándose a otros órganos, proceso conocido como "metástasis", que son la principal causa de muerte.
Se trata de una enfermedad multifactorial debido al efecto combinado de inductores genéticos y ambientales que actúan de forma simultánea y secuencial.
En el desarrollo del cáncer existen datos científicos inequívocos que señalan la importancia del entorno, y se identificaron en el medio ambiente muchos agentes cancerígenos de impacto verificable.
Entre los inductores físicos se destacan las radiaciones ionizantes y no ionizantes, como el gas radón (emitido por la desintegración de isótopos de uranio) y los rayos ultravioletas.
Entre los químicos aparecen el humo del tabaco y otros contaminantes del aire como el asbesto (amianto), contaminantes del agua potable, y elementos de origen alimentario como las aflatoxinas y el arsénico.
Los especialistas enfatizan que los efectos cancerígenos en muchas personas son un resultado de la exposición reiterada y en diferentes lugares a lo largo de la vida, al aire, agua, alimentos y radiaciones, particularmente en el entorno laboral.
La mencionada Conferencia Internacional española tuvo lugar en Avilés y Gijón, y emitió una "Declaración de Asturias: una llamada a la acción", documento que recibió escasa atención por parte de la prensa ibérica e internacional.
Los expertos convocados enfatizaron que más del 30 por ciento de las defunciones por cáncer son prevenibles, y que entre los factores de riesgo se encuentran el consumo de tabaco, el exceso de peso o la obesidad, el consumo insuficiente de frutas y hortalizas.
Asimismo, tienen importancia la inactividad física, la ingesta desmedida de bebidas alcohólicas, la infección por el VHP (virus del papiloma humano), la contaminación del aire de las metrópolis, y el humo generado en las viviendas por la quema de combustibles sólidos.
En consecuencia, la OMS y la Unión Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, entidad especializada que depende de ella, desarrollan un vasto plan de acción sobre enfermedades no trasmisibles, con énfasis en la divulgación y la toma de conciencia.
La Declaración de Asturias instó a los gobiernos a tomar decisiones encaminadas a proteger a la población más vulnerable, y por lo tanto fomentar la prevención primaria en todo el mundo, estimulando a la vez investigaciones de los factores medioambientales adicionales en la generación de cáncer.
Entre estos últimos, las radiaciones ionizantes y electromagnéticas, sospechosas de inducir la leucemia infantil (cáncer de la sangre), el cáncer de mamas y los tumores cerebrales.
La OMS sostiene que los esfuerzos incentivados de prevención primaria, incluyendo la ejecución o el refuerzo de intervenciones ambientales y laborales, ayudarían a reducir la incidencia de ese mal, y las cargas clínicas, personales, económicas y sociales resultantes de la enfermedad.
9:00 am 15 junio 2012 — 6:00 pm 23 junio 2012 / Río de Janeiro, Brasil.
DESCRIPCIÓN
(Informe del Comité Facilitador de la Sociedad Civil Brasileña para Río+20).
Entre el 15 y 23 de junio de este año, tendrá lugar en Terrenos de Flamengo, en Río de Janeiro, la Cumbre de los Pueblos sobre Río +20 por la Justicia Social y Ambiental. La sociedad civil global, las organizaciones, colectivos y movimientos sociales ocuparán los terrenos para proponer una nueva forma de vida en el planeta, en solidaridad contra la mercantilización de la naturaleza y en defensa de los bienes comunes.
La Cumbre de los Pueblos tendrá lugar en paralelo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, Río +20. La reunión oficial marca el vigésimo aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (Río 92 o Eco 92). En estas dos décadas, la falta de acción para superar la injusticia social ha frustrado las expectativas del medio ambiente y desacreditado a la ONU. La agenda prevista para Río +20, la llamada “economía verde” y las instituciones globales, es considerada por los organizadores de la Cumbre como insatisfactoria para hacer frente a la crisis del planeta, causado por los modelos de producción y consumo capitalista.
Para hacer frente a los desafíos de la crisis sistémica, la Cumbre de los Pueblos no sólo será un gran evento. Se trata de un proceso histórico de acumulación y convergencia de las luchas locales, regionales y mundiales, que tiene como marco político la lucha anticapitalista, clasista y anti-racista, anti-patriarcal y anti-homofóbica.
La Cumbre de los Pueblos quiere, por lo tanto, transformar Río +20, en un momento de oportunidad para hacer frente a los graves problemas que enfrenta la humanidad y demostrar el poder político del pueblo organizado. “Vamos a reinventar el mundo” es nuestra vocación y nuestra llamada a la participación de las organizaciones y movimientos sociales en Brasil y el mundo. La convocatoria de la cumbre mundial se llevará a cabo durante el Foro Social Temático el 28 de enero en Porto Alegre (RS). El Foro de este año es, por otra parte, la preparación de la Cumbre.
Programación de la Cumbre
El Comité Facilitador de la Sociedad Civil para Río +20 está preparando el diseño de la Cumbre de los Pueblos y el territorio que ocupará en Flamengo. El objetivo es que el espacio se organice en grupos de discusión auto-organizados, en la Asamblea Permanente de los Pueblos y en un espacio para que los movimientos sociales y organizaciones expongan, practiquen y dialoguen con la sociedad sobre sus experiencias y proyectos. Las acciones de la Cumbre están todos interconectados. Un grupo de trabajo sobre metodología fue creado para detallar la aplicación de ese diseño.
La idea es que la Asamblea Permanente de los Pueblos, el principal foro político de la Cumbre, se organice alrededor de tres ejes y discutir las causas estructurales de la actual crisis de la civilización, sin fragmentarlo en una crisis específica – energía, financiera, alimentaria, del medio ambiente. Por lo tanto, se espera reafirmar los nuevos paradigmas y alternativas construidas por la gente y el punto de la agenda política para el próximo período. El grupo de trabajo sobre la metodología propondrá la mejor forma de organizar este debate y hacer valer los nuevos paradigmas.
Los primeros dos días de actividades de la Cumbre serán de actividades organizadas por los movimientos sociales locales, que están en constante lucha de resistencia a los impactos de los mega proyectos. Desde entonces, se creará un espacio de libre acceso, donde las organizaciones y los movimientos globales de la sociedad civil presentarán experiencias y proyectos que demuestran cómo se puede vivir en la sociedad de manera sostenible y solidaria, a diferencia del paradigma actual Por lo tanto, el territorio de la Cumbre de los Pueblos se organizará de una manera libre de la presencia de las empresas y sobre la base de la economía solidaria, la agricultura, en las culturas digitales, las poblaciones de indígenas y afrodescendientes. Esta reunión de la sociedad, también contará con lugares de interés cultural que estarán abiertas hasta el día 23, final de la Cumbre..
Metodología de la Cumbre de los Pueblos
La metodología y la programación de la Cumbre de los Pueblos fueron definidas en la ultima reunión del Grupo de Articulación (GA) que reúne organizaciones y movimientos sociales nacionales e internacionales. La Cumbre de los Pueblos tiene una forma organizativa diferenciada y propia a partir de la definición de que la Cumbre no es solo un evento sino que hace parte de un proceso de articulación de luchas y resistencias.
La orientación es que las actividades realizadas en la cumbre de los Pueblos deben convergir para la Asamblea de los Pueblos que tiene como ejes:
• 1) La denuncia de las causas estructurales y de las nuevas formas de reproducción del capital;
• 2) Las soluciones y los nuevos paradigmas de los pueblos;
• 3) Las agendas, campañas y movilizaciones que articularan los procesos de lucha anticapitalista después de Río+20
En un futuro no muy distante, la vida espiritual será prioritaria y se diferenciará inmensamente del ímpetu materialista que ha dominado a los seres humanos durante siglos. Lo que a lo largo de la historia fue patrimonio intenso de individuos aislados, se convertirá en realidad cotidiana de muchísima gente.
Entiendo por espiritual a la existencia incondicionada, antes que un criterio confinado en las convenciones intelectuales acerca del alma o del propio espíritu. Corresponde más al ámbito de la consciencia que al pensamiento metafísico. Y se diferencia inmensamente de todo lo que a su favor o su contra puedan aportar la ideología, la religión o la erudición científica.
Tomado desde otra perspectiva, se tratará de una vivencia angelical totalmente espontánea, ilimitable. Emergerá como resultado de una disciplina enfocada en diluir los bloqueos que traban su advenimiento, y no como otra gimnasia ritual de una presunta Nueva Era más próxima al espejismo que a la iluminación.
Lo sublime es imponderable, como la luz.
Aquí navegaremos a través de sus membranas, como exploradores de la inocencia suprema. De la consciencia impecable.
Mariana Jusit publicó:
Y la muerte no tendrá dominio.
Serán sólo uno los desnudos hombres muertos
con la luna del oeste y el hombre en el viento;
cuando se recojan sus huesos limpios y los limpios
huesos se pierdan, en sus pies y codos habrá estrellas,
aunque ellos se vuelvan locos tendrán cordura;
aunque se hundan en el mar de nuevo resurgirán;
aunque los amantes se pierdan el amor no se perderá;
y la muerte no tendrá dominio.
*
Y la muerte no tendrá dominio.
Los que por largo tiempo permanezcan
bajo la tormenta del mar no morirán atormentados;
retorcidos de angustia cuando la fuerza pierdan,
aún atados a una rueda, no estarán quebrados;
la fe en sus manos podrá romperse en mitades
y los demonios de unicornio atravesarlos,
no sucumbirán aunque estén fragmentados,
y la muerte no tendrá dominio.
*
Y la muerte no tendrá dominio.
Podrán las gaviotas no gritar más en sus oídos
o las olas no romper sonoras en las playas;
donde brotó una flor podrá una flor no brotar
otra vez cuando irrumpan las lluvias;
aunque ellos estén lívidos y tiesos como clavos,
martillando margaritas con sus cabezas;
bajo el sol desvanecidos hasta que el sol desvanezca,
y la muerte no tendrá dominio.
DYLAN THOMAS
Versión de Raquel Partnoy
Es ampliamente sabido que cuando llueve copiosamente sobre la ciudad de Buenos Aires, las bocas de tormenta y los conductos pluviales no dan abasto y se producen serias inundaciones en numerosos puntos de la capital. La red pluvial fue construida hace 80 años, cuando había más espacios verdes para absorber aguas y menos superficies asfaltadas que impermeabilizan el suelo urbano.
Gran parte de los porteños desconoce que nuestra metrópolis fue fundada en lo alto de una meseta, sobre la orilla del río de la Plata. La barrancas descendían hasta las aguas que prácticamente lamían los bordes de las actuales avenidas Paseo Colón, Leandro N. Alem y del Libertador. Todo lo que hoy vemos edificado hacia el otro lado fue elevándose sobre tierras “ganadas” al río. Podemos imaginarlo desde las alturas del Parque Lezama, la plaza San Martín o las barrancas de Belgrano. En el barrio de este nombre (antaño un poblado distante del centro de la ciudad) funcionó hasta 1880 la capital de la República. Durante la gestión del presidente Nicolás Avellaneda se resolvió la federalización de Buenos Aires que el Congreso Nacional sancionó en septiembre de 1880. A los pocos días, en octubre de 1880, Julio A. Roca asumió la presidencia de la Nación, ya establecido definitivamente en Buenos Aires.
Sin contar el Riachuelo, los arroyos entubados más importantes que hoy atraviesan la Ciudad Autónoma son: Ugarteche, Los Terceros, Vega, Maldonado y Medrano. Desde 1870, la totalidad de estos cursos fluviales han sufrido un proceso, primero de rectificaciones y luego de entubamientos. El encargado de las obras fue el ingeniero inglés John F. La Trobe Bateman. En 1908 muchos arroyos fueron encauzados y rectificados, pues con las crecidas causaban daños a la infraestructura urbana. Fueron canalizados pero se mantenían a cielo abierto, construyéndose varios puentes para su cruce. Finalmente en 1919 se dispuso su canalización cerrada, pero los trabajos comenzaron recién en 1927, terminándose algunos en 1938 y otros, como el Maldonado, en 1954.
El Nuevo Atlas de la Argentina (1994) indica que el arroyo Ugarteche nace en Juncal y Libertad, se aleja de la costa por Juncal y luego de curvarse regresa por Ugarteche desembocando en el cruce de Costanera y Sarmiento. La Cuenca del arroyo Los Terceros puede dividirse en tres secciones: sur, medio y norte. El Tercero del Sur o arroyo Granados se originaba detrás de la estación Constitución, y bajaba por la actual calle Perú, entre la Av. San Juan y Humberto I, continuaba por la calle Bolívar, entre Carlos Calvo y Estados Unidos. Luego se unía a otro curso de agua (el Goyo Vieira) cruzando la Avenida Independencia y se unía a otro arroyo (el zanjón de la Convalecencia) al llegar a la calle Defensa; luego hacía un codo por la cortada de San Lorenzo y bajaba hasta desembocar en el Río de la Plata.
El Tercero del Norte o arroyo Manso nacía de dos lagunas ubicadas en la proximidad de la intersección de las calles Venezuela y Saavedra, en el Barrio Balvanera. Recorría las calles 24 de Noviembre, Av. Corrientes, Paso, Pasteur, Av. Córdoba hasta ingresar al Barrio Recoleta por la calle Sánchez de Bustamante, descendiendo (en un pequeño delta) por Gallo, Austria y Tagle hasta el Río de la Plata (una derivación canalizada de este arroyo corre bajo Udaondo). Sus aguas afectan considerablemente los subsuelos de la Biblioteca Nacional, donde se encuentran los depósitos de libros y sufre la humedad que éste provoca y nunca pudo ser resuelta. Afectó también la construcción del Altar a la Patria en la década del setenta, la cual fue suspendida definitivamente, al encontrarse con su cauce. En la actualidad provoca inundaciones en Libertador y Austria los días de lluvia. Del arroyo Manso sale un pequeño curso de agua, conocido como arroyo del Pilar en Recoleta, que si bien no se conoce su curso en la actualidad, provoca problemas en las bóvedas de cementerio de Recoleta y el estacionamiento subterráneo de la Plaza Intendente Alvear.
Sigo creyendo fervorosamente en la vida. Creo que la vida está para vivirla. Hay mucha tarea por delante. Hay que reformular la educación. La educación argentina que existe en este momento es un molde que se creó para adaptar a los inmigrantes y para moldear a los distraídos. Ese modelo ya no sirve, ahora necesitamos una educación concentrada y dedicada a descubrir el verdadero talento original de los seres que hay que educar y como dicen los educadores de avanzada, el estudiante es una lámpara para encender y no un recipiente para llenar. Los sistemas educativos circundantes están abocados a reproducir un sistema caníbal. Es ante ello, creo, donde hay que dar el próximo alerta general.
La tarea no consiste en condenar lo que viene naufragando, sino en amasar el pan de una nueva hornada, sutilmente, en las grietas que se perciben alrededor, como chispas de un intenso porvenir cargado de revelaciones. Es una “larga marcha” a través del desierto de la civilización moderna, como diría Thomas Berry.
La problemática ecológica dejó de ser patrimonio de expertos eruditos y está hoy en boca de todo el mundo. Aparece conectada con cuestiones críticas como la contaminación ambiental, la explotación de los recursos naturales, la seguridad alimentaria y los trastornos atmosféricos. Desde los titulares periodísticos remite a puntos preocupantes de la vida actual: terremotos, huracanes, sequías, inundaciones, biotecnologías, plantas industriales, gases de efecto invernadero, impactos radioactivos, inseguridad alimentaria o epidemias. Mucha gente la toma como sinónimo de “malas noticias”.
En sí misma, la ecología es solo un segmento de la biología que estudia la compleja trama de vínculos existentes en el ecosistema donde los organismos vivos se hallan en permanente contacto entre sí y con el ambiente físico circundante. Se rige por una “ley de interdependencia” según la cual cada elemento incide en los otros componentes del ecosistema y a la vez es afectado por ellos. Se la considera como una ciencia de síntesis, pues para comprender las relaciones que existen en el mundo natural se requieren conocimientos de genética, fisiología, zoología, botánica, y otras disciplinas como la química, la física, la geología, la medicina e incluso la climatología.
En los activismos “verdes” del presente hay variadas tonalidades y estrategias, a saber: a) el conservacionismo de los naturalistas protectores de la flora y la fauna; el ambientalismo de activistas que denuncian situaciones o procesos vistos como destructivos; el ecologismo de corte social aplicado a la búsqueda de alternativas ante la llamada “cultura del derroche”; y la ecoespiritualidad que considera a la existencia como una “obra sagrada” y a los seres humanos como agentes evolutivos.
En general, lo que llamamos “realidad” contiene mucho más de lo que logran identificar nuestros cinco sentidos básicos (vista, oído, tacto, olfato y sabor). A nuestro alrededor vibran, titilan y ondulan fenómenos complejos para cuyo registro el hombre ha inventado instrumentos específicos. Así, creó una amplia gama de instrumentos de medición, por ejemplo, el termómetro para verificar la temperatura corporal y ambiental, o el barómetro para calcular la presión atmosférica. El microscopio nos permite apreciar lo infinitamente pequeño (aunque a cierta altura más allá de los átomos hay universos inabordables) y con los telescopios logramos verificar la existencia de lo infinitamente distante (aunque sabemos que en el “más allá” hay fenómenos que sólo logran imaginar los escritores de ciencia-ficción). Días atrás se descubrieron 6 nuevos planetas extrasolares o exoplanetas. Giran alrededor de una estrella diferente al Sol, no pertenecen al sistema solar. Hasta abril de 2010 se han descubierto 385 sistemas que contienen 452 cuerpos planetarios en total. ¿Hay vida en ellos? No se sabe.
Al mismo tiempo hay incógnitas acerca de nuestro “cosmos interno”. Cuando alguien sin experiencia en alguna práctica de meditación ingresa al trabajo introspectivo, suele sentirse tentado por la idea de alcanzar un estado de “serenidad”. Si ha tenido la oportunidad de leer algo acerca del tema, puede ser que se haya familiarizado con el concepto de “iluminación”. Asimismo, habrá verificado una referencia persistente al acto de “desapego”. Conviene abordar tales asuntos con mayor precisión.
Como sinónimo de ese instante intenso, la luz solar nos da una precisión pertinente. Día tras día, su energía nutritiva e irrefrenable se derrama sobre la Tierra y todas las criaturas que la habitan. No se trata apenas de una influencia ejercida entre lo que llamamos amanecer y crepúsculo, ya que su influjo dinamizador se produce más allá de lo que consideramos como el día y la noche. Sabemos que el Sol y todos los cuerpos celestes que orbitan a su alrededor. Pero no toda la gente tiene presente su influencia crucial en todo lo referido a la vitalidad de nuestra realidad cotidiana.
A diferencia de los pueblos orientales, donde tradicionalmente el Sol ha sido deificado, el Occidente cristiano considera que los cultos solares pertenecen al lado “pagano” de la realidad y, por consiguiente, los sitúa entre las costumbres que deben ser desechadas. El Sol aparece asimismo como deidad en tradiciones dispares como los egipcios, los celtas y los incas. Del mismo modo, constituyó un referente devocional entre los antiguos esenios de Palestina.
El emperador romano Constantino, al constatar que el poder de Roma se debilitaba, emitió en el año 313 de la era actual un Edicto de la Tolerancia inserto en la dinámica imperial apuntada a absorber la expansiva devoción cristiana de la época y a amalgamarla con los cultos paganos de aquellos tiempos. Es evidente que a fin de concretar su plan político Constantino instituyó el domingo –día del Sol– como día de reposo, en lugar del sábado que guardaban los cristianos fieles, para consolar así a los antiguos adoradores solares.
La meditación no es algo que “hacemos” sino algo que comienza a suceder cuando nos predisponemos a entablar una relación refinada con quien realmente somos. No es algo que empieza o termina: la metáfora solar aclara mucho al respecto. La verdadera historia de la humanidad no es la de los imperios, sino la de nuestra inmersión cabal en la intensidad cósmica, fluidamente, sin reserva alguna. Lo demás es lastre, futilidad.
La serenidad no consiste en una supresión de las turbulencias emotivas o psíquicas del individuo, sino en una especie de sedimentación de aguas revueltas: los obstáculos no desparecen sino que van a parar a una zona donde no estorban el acceso a la atención plena (fruto de la experiencia meditativa). Bien dijo Thomas de Kempis (1380-1471): “La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella”.
Sobre el desapego, manifiesta la Universidad Espiritual Brahma Kumaris: “Desapego es una palabra a menudo poco comprendida. No significa cortar con algo o alejarse de ello. Significa aprender a separar dos cosas distintas, el mundo exterior y el mundo interior, y ser capaces de diferenciar estos dos mundos. No consiste en rechazar a los seres humanos y el mundo material. No implica separarse de éstos, sino permanecer conscientes de nosotros mismos como seres espirituales y desempeñar nuestro papel en el mundo: es mantenerse centrado en la propia espiritualidad.”
Finalmente, las tradiciones religiosas vinculan la iluminación a cierto tipo de don concedido por la Divinidad, pero en verdad correspondería asumirla como un “esclarecimiento” sobre el significado de ser humanos en el Universo. Según Eckhart Tolle (1948) “es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradojalmente, eres tú en esencia y que, sin embargo, es mucho más grande que tú. Es el encuentro de tu verdadera naturaleza, más allá de nombres y formas.”
La contrafigura del vértigo adquisitivo apoyado en una publicidad intensiva fue bautizada simplicidad voluntaria. Es un concepto que significa hacer/tener/vivir más con menos. Esto no impone una situación de escasez o privación, sino que pondera los potenciales de la frugalidad, o sea, el deleite de lo fundamental, porque frugal significa evitar gastos o esfuerzos innecesarios. Favorece el uso intenso del tiempo, los significados, la satisfacción, los vínculos y la comunidad. Implica depender menos del dinero, el estrés, la rivalidad y la competición, el aislamiento.
Se trata de aprender a apreciar lo que uno es, sabe y tiene (sin renunciar a la plenitud emocional y existencial), y a descubrir la grandeza del disponer de lo suficiente, rescatando las conexiones solidarias con los demás y con el planeta Tierra. De este modo, la simplicidad voluntaria se está convirtiendo en una corriente de personas que se han dado cuenta de que la felicidad y la plenitud no dependen de poseer más dinero, cosas más nuevas y más grandes sino de disponer más tiempo con los seres amados y más conexiones con la comunidad, el ecosistema y el universo.
El Sol nos habla, con lenguajes de luz. Al ojo en sí, a las embajadas del corazón en la piel, a los fotorreceptores del alma. Una fiesta de destellos.
Una caravana que comienza en el infinito y acaba en el horizonte donde se incuban las visiones.
Es un arco iris universal que habitualmente no nos detenemos a acunar, ni dejamos que sus ondas germinen éxtasis en el jardín de los misterios.
Aureola invisible.
Espejo inductor de reflejos que tintinean amaneceres. Marea espacial que nos envuelve por completo cuando bajamos los párpados para dormir y suponemos que el Sol se ha ido a visitar a los seres atareados del otro hemisferio. Dentro de la noche persiste su luminosidad.
Disfrazada de oscuridad.
La vida también nos habla, con dialectos de fuego. Todo es energía hasta en la más remota de nuestras células. Y alguna vez, cuando esta galaxia se esfume en una ceremonia ígnea, persistirán risas de niños y suspiros de amantes: el tiempo no borra los incendios de la inocencia, los graba indelebles en el universo.
Lo que llamamos muerte es el espacio del salto de una forma a otra, de un color a otro, porque más allá de los violetas y los rojos están los blancos ígneos (que atisbamos en el seno de la llama de una vela) y los negros áureos (cuando al cerrar los ojos la retina se anima a recomponer los esferogramas del cosmos). Vivir es permitir que la eternidad baile en la sangre.
Lo humano es una provincia de la existencia total. Los monumentos que alzamos, volverán a ser polvo. Todo se integra, se desintegra y se reintegra. Llamamos materia a la fotografía de una partícula de realidad que en el pabellón de la mente logra constituir un significado, pero que en el aliento de Dios no resulta nada más que un sabor fugaz. Sólo tenemos el instante. Pero al respirar no advertimos que el aire es luz trasformada en gas.
Sabemos que todo cuerpo tiene irremediablemente un final y creemos que disimulándolo evitaremos el desenlace. En verdad, quien se dispone a dejar que el Sol brille en sus fibras, hace que a la vez su ser se sumerja en el Sol, simple portal de otros nódulos solares.
No temas al silencio, que no es vacío sino dimensión sin fronteras. No te escapes de la soledad, que no es desamparo sino desnudez de artificios. Quien se permite callar de verdad y detiene la gritería de la nada, descubre que en silencio titila la música de las esferas, como una sinfonía de rayos y frecuencias. Polaridad de encuentros.
Cristal de emociones. Quien se aparta momentáneamente de la manada, advierte que cada cual es el filamento de un reflector supremo, cuya longitud de onda se llama alabanza.
Cátodo espiritual, ánodo angelical. La Santa Sabiduría.
Por eso son tan cruciales los desiertos verdaderos. Porque albergan la llave de la revelación.
Las raíces del Sol.
De manera sutil, así como un bebé va aprendiendo con ritmo progresivo los recursos del habla, el caminar, el control de esfínteres, la lectura y demás, así la humanidad se transforma de modo paulatino y –a través de los siglos– va incorporando nuevas rutinas y va descartando costumbres pretéritas. Ese proceso es llamado evolución. Todo don o idoneidad natural que no se asume
y ejercita, se atrofia. Esto rige tanto para los individuos como para las sociedades.
La antropología cultural describe y analiza las culturas y centra sus labores en el conocimiento esclarecedor del ser humano a partir de sus costumbres, vínculos parentales, hábitats, estructuras económicas y políticas, formas de alimentación, salubridad, mitos, creencias y nexos de los grupos humanos con los ecosistemas. Hay tratados académicos que aportan infinidad de indicios acerca de la maleabilidad de la psique humana para adaptarse a su entorno, por un lado, o para desafiar las reglas de lo establecido, por el otro.
Algunos individuos optan por el conformismo, otros por la exploración y la invención. La tradición materialista prefiere analizar el trayecto humano en la Tierra durante los recientes 12 mil años de historia verificable, a partir de los logros tecnológicos y científicos. Poco se sabe del alma de los hombres y mujeres del revolucionario período Neolítico, pero sí se admite que allí nacieron –hace unos 5 mil años– la agricultura, la ganadería y la alfarería, y por añadidura los asentamientos humanos hoy convertidos en metrópolis. No obstante, en el espíritu de los antiguos sumerios, egipcios o babilonios ya se anidaban potenciales generativos que no imaginaban, pero que ahora son patrimonio de cualquier chico de barrio equipado con una PC conectada a la Internet.
Preguntas pertinentes: ¿Qué “potenciales generativos” laten en nuestra respiración actual? ¿Será cierto que en el año 2012 se producirá un colapso general de la estructura terrestre? Estos interrogantes motivan a infinidad
de personas en todo el globo y muchas de ellas se hallan embarcadas en una exploración intensa de su espacio espiritual para el desarrollo natural de potenciales latentes. Esta travesía inaugural es tenue y casi imperceptible. Aunque real. Presupone una mutación. E independientemente de lo que nos depare el futuro cercano, ella abre los portales de un territorio inédito de la imaginación, donde dejamos de ser juguetes del azar y nos convertimos en sutiles portadores de semillas de la evolución consciente.
La evidente crisis material y espiritual que padece la humanidad (tanto en el mundo como en la Argentina) no es una fatalidad insoluble, inapelable. Es reversible, puede ser modificada. La comparo con el proceso de restablecimiento que sigue a cualquier grave enfermedad. En este caso, todo el organismo se aplica a la reparación del daño causado y a la construcción de nuevas “fortalezas”, llamadas salud.
En principio, el descalabro mundial imperante es una consecuencia directa de todo lo que no hizo la llamada “clase política dirigente” y –al mismo tiempo– la sagaz depredación perpetrada por grupos muy hábiles “de interés financiero” que convirtieron al planeta Tierra en un patético Casino, donde el único juego es la Perinola. A ellos siempre les sale el “toma todo” y al resto (nosotros incluidos) nos sale el “ponen todos”.
Nunca la riqueza total del globo terrestre estuvo en tan pocas manos.
Las clases de historia en el primario y el secundario nos cuentan el fin del Feudalismo y el surgimiento de la Democracia: puras mentiras. A los pueblos periféricos nos permitieron las banderas y los himnos nacionales, pero las decisiones imperiales no variaron. Los barones feudales siguen gozando de muy buena salud y el presunto “gobierno del pueblo para el pueblo” es una ficción constante donde las “elecciones” se hacen entre candidatos (llamados “representantes”) pre-elegidos por las cúpulas de los partidos políticos, con el pueblo como simple espectador. Hoy padecemos varias dictaduras: por un lado la de la mediocridad y por el otro la de un “feudalismo electrónico” de grandes capitales sin patria.
¿Quiénes nos han gobernado durante un siglo? Abogados y contadores (hoy llamados “economistas”). ¿A qué dedican la totalidad de sus afanes? A eternizarse como “casta” privilegiada y a conceder flexibilizaciones laborales (desocupación), pago de deudas externas (por fondos que no contribuyeron al bienestar general), y a liberar recursos (cruciales para la educación real, la creación de puestos de trabajo, la salud pública y la vivienda) para nuevos salvamentos de la banca “privada”.
Repito: no es una fatalidad insoluble. La gente común (nosotros) tiene tres poderes que no son practicados: 1) el poder de hacer uso pleno del tiempo real, en vez de vivir hipnotizados por los chismes de la farándula y los torneos deportivos; 2) el poder de la energía personal (capacidad de trabajo) para aplicarlo a la creación de alternativas basadas en la descentralización comunitaria y la autonomía verdadera; y 3) el poder de la imaginación, para inventar opciones allí donde todos los caminos parecen cerrados.
Planeo un ciclo de conferencias públicas, talleres de capacitación y grupos de reflexión para cambiar la conversación reinante (único modo de empezar a cambiar el país, desde abajo, solidariamente). Lo he denominado EcoMultiversidad, porque como editor de la revista Mutantia hace dos décadas co-dirigí la experiencia Multiversidad de Buenos Aires (1982/87) donde medio centenar de personas “comunes” demostraron que es posible empezar a “cambiar la vida y transformar la sociedad”.
En vez de lamentar el tiempo perdido y esperar algo que no va a suceder (instituciones renovadoras) seamos nosotros el principio de una nueva realidad. Siempre los fundadores son pocos. Pero si su semilla es potente, la fertilidad estará de su lado. Como decían antaño los estudiantes rebeldes: “Podrán cortar todas las flores, pero jamás podrán detener la primavera”.
La única unanimidad universal es la luz. No tiene dueños ni administradores. Por consiguiente, hay muchas latitudes de experiencia y de sabiduría en el orbe. No todas son compatibles. No todas son confrontacionales. Hay gente que vive en el pasado y hay gente que vive en el futuro. Hay gente que vive en el efímero presente. Hay otra gente que vive en el eterno presente y hay mucha gente que no vive, apenas dura. Entre sí dan la impresión de pertenecer a planetas distintos. En ocasiones es así. En ocasiones no: así como en el organismo humano hay diferentes funciones (las células del hígado cumplen funciones hepáticas y no rivalizan con las células nerviosas) (y viceversa), del mismo modo sucede en la Tierra y en el Cosmos. Conspiraciones y Logias secretas hubo siempre. Cada una con su proyecto hegemónico. Hay en marcha algunas germinaciones espirituales que no son patrimonio de los Grandes Piratas. He allí un atractivo punto de inserción. Apto para almas en sintonía con un porvenir inserto en el momento actual. La oscuridad no tiene poder propio: es ausencia de luz.
En 1969, un libro-manifiesto titulado Tierra-Hogar, revelaba el pensamiento visionario de un eco-poeta estadounidense llamado Gary Snyder. Seis años más tarde, su colección de poemas La Isla de la Tortuga recibía el codiciado Premio Pulitzer: el volumen incluyó otra reflexión profética que denominó Cuatro Cambios. Hoy, Snyder es una de las conciencias que más influencia tiene en el circuito de la gente permeable a las profundas transformaciones planetarias.
Figura mítica del "underground" de su país, muy joven fue influenciado por el Budismo Zen y la elección de ser guardaparques. Esa pasión fue retratada por uno de sus amigos, el legendario novelista Jack Kerouac, que lo tomó como protagonista de su libro Los Vagabundos del Dharma, donde el ecopoeta aparecía re-bautizado Japhy Ryder. Visitante y morador asiduo de monasterios japoneses, ermitaño en las montañas y descifrador del mensaje telúrico del indio americano, vive hace años en las colinas de California bien lejos del torbellino metropolitano de su país.
Decía a fines de los vertiginosos Sesenta: "La Revolución ha cesado de ser una cuestión ideológica. En cambio, la gente la está protagonizando ya mismo: un comunalismo en pequeños enclaves, nuevas organizaciones familiares. Un millón de personas en los Estados Unidos y otro millón en Inglaterra y Europa. Un vasto movimiento subterráneo en Rusia, que irá dándose a conocer en los años venideros, está consolidándose. ¿Cómo se reconocen entre sí? No siempre por sus barbas, el cabello largo, los pies descalzos o los collares de cuentas. El signo es un aire luminoso y tierno, calma y gentileza, frescura y maneras fluidas. Hombres, mujeres y niños: todos ellos tratando de recorrer la intemporal senda del amor y la sabiduría, en la afectuosa compañía del cielo, los vientos, las nubes, los árboles, las aguas, los animales y las hierbas: esa es la Tribu".
Como poeta, Snyder sostiene los valores más arcaicos de la Tierra, que se remontan a los finales del Paleolítico: la fertilidad del suelo, la magia de los animales, el poder-visión que surge de la soledad, iniciaciones y renacimientos tremendos, el amor y el éxtasis de la danza, la obra tribal compartida. En un medio moderno de estructuras sociales fragmentadas, ha recuperado una tradición comunitaria que intenta contribuir al crecimiento de "la iluminación que emana de una libertad disciplinada".
Ha remarcado que todo lo que diversas culturas han podido reconstruir a partir de visiones del inconsciente brotadas de ejercicios meditativos, será un vórtice revolucionario tarde o temprano. "Completará el círculo y nos unirá de muchas maneras con los mayores aspectos creativos de nuestro arcaico pasado".
En agosto de 1990, hizo una de sus raras salidas desde las sierras, y viajó a Boulder (Colorado, EE.UU.) convocado por otro poeta visionario, Allen Ginsberg, quien en el Instituto Naropa co-dirigía con Anne Waldman la Escuela Jack Kerouac de Poesía Descarnada. En la oportunidad, como una especie de retribalización continental, fuimos invitados otros ecopoetas de las Américas, incluido el gran vate ítaloamericano Lorenzo Monsanto Ferlinghetti. Snyder contribuyó ampliamente a la redacción de un manifiesto: Declaración de Interdependencia.
La Isla de la Tortuga es el antiguo nombre que recibía (por su forma geográfica) el continente norteamericano: nadie puede explicar desde qué altura y cómo lograron tener los aborígenes dicha perspectiva. Snyder se esmera en redescubrir los lazos con la Tierra, y cómo una persona se convierte en "nativo" de un lugar determinado, dejando de pensar en términos de colonos o de invasores. Su tentativa consiste -lúcidamente- en amalgamar fertilmente el pensamiento ecológico y las ideas budistas de interpenetración, que es lo que él practica en su vida cotidiana familiar y vecinal en las sierras.
"La especie humana, en lo que inmediatamente nos concierne, posee un eje vertical de unos 40.000 años y hacia el año 1900 de nuestra era alcanzó una expansión horizontal de alrededor de 3.000 idiomas diferentes y 1.000 culturas distintas. Cada cultura y cada lenguaje viviente es el resultado de incontables fertilizaciones cruzadas: de ningún modo un auge y decadencia de civilizaciones. Es como un florecimiento periódico que absorbe, germina, y estalla diseminando incontables semillas. Hoy como nunca somos conscientes de la pluralidad de los estilos humanos de vida y de sus posibilidades, mientras al mismo tiempo, como en una antigua película muda, estamos maniatados a una locomotora desbocada que corre con frenesí hacia una catástrofe muy singular. Parte de nuestro ser modernos es el mismísimo hecho de nuestra consciencia de ser uno con nuestros orígenes -contemporáneos de todos los períodos- y miembros de todas las culturas. Las semillas de cada estructura o cada costumbre están en la mente humana."
En su profética obra, Matrimonio del Cielo y el Infierno, William Blake decía: "La Poesía es Deleite Eterno", y Snyder toma eso como punto de partida para recordar que en nuestra civilización tecnocrática el petróleo y el carbón son antigua energía del Sol acumulada en las células de árboles pretéritos. Del mismo modo se enfoca en una energía planetaria, eterno deleite, que subyace en el hecho de estar vivos, también cercanos al Sol, pero de otra manera. Conociendo la impermanencia y la muerte, recuperando la sabiduría del éxtasis inmaterial.
Completado el primer decenio del siglo XXI, no es posible dejar de reconsiderar la época (comienzo de los años 60) en que despuntaban múltiples augurios de inspiración acuariana, acompañados por visiones de una “nueva era” donde estábamos a punto de convertir en realidad cotidiana infinitos anhelos de elevación y trascendencia. Pacientemente, mediante la expansión de su consciencia, nuestra especie iba rumbo a la consumación de anhelos espirituales largamente imaginados por hombres y mujeres en sintonía con antiguas visiones proféticas.
Karl Popper afirmaba que "la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de rehusarse a adquirirlos". En mi libro Somos la gente que estábamos esperando, motivado por una reflexión del orientalista Samuel Wolpin, señalé que en los umbrales del siglo XXI, la humanidad ha llegado por fin a un punto de despliegue en la Tierra donde debe reconsiderar su papel protagónico tanto en calidad de especie dominante (capaz de alterar el curso de los procesos naturales) como de agente cultural (capaz de refinar su grado de consciencia evolutiva). En este punto, resultaba pertinente definir la diferencia entre conciencia y consciencia. “No debe confundirse conciencia, facultad ética de distinguir el bien del mal, con consciencia, estado de vigilia que permite una clara percepción de todos los actos. En castellano, los dos términos se mezclan por su similitud fonética; no en cambio en inglés, ya que las palabras que los designan están más diferenciadas: conscience y consciousness, respectivamente.”
Por consiguiente, agregaba, el estado de consciencia amalgama la totalidad de los pensamientos, sentimientos e impresiones del ser humano: es nuestro recurso primordial para darnos cuenta de nuestra potencialidad generativa y nuestra responsabilidad planetaria. Y para proceder socialmente de modo integral. Una nueva era, invisible, late en todas partes.
Estamos rodeados de profecías fundacionales, pero muchos andan aturdidos, privados de consciencia, bombardeados todo el tiempo con ruidos y distracciones que traban su enfoque en lo esencial. Lo primordial que no se pronuncia ni se utiliza para hacer declaraciones o discursos: algo que se encarna, sutilmente. Y que los inocentes comparten espontáneamente.
Osho decía que todos los niños nacen sensibles, absolutamente sensibles. Pero ciertos grupos sociales no quieren que haya tanta gente sensible en el mundo; quieren gente insensible. Necesitan tipos alienados, soldados, toda clase de gente endurecida que haya pasado por alto su corazón. Necesitan burócratas, racionalistas, tecnócratas. Gente que no quiera saber nada acerca de sus propios corazones, de su propia sensibilidad. Sepamos que una mujer es portadora de una sensibilidad singular, porque ella no va a ser un soldado, ni se espera que tenga que matar a nadie: “Una mujer es más sensible que un hombre, porque la sociedad la ha rechazado para cualquier trabajo importante. Esto ha resultado ser una bendición encubierta. La mujer ha seguido siendo humana, mientras el hombre se ha convertido en un monstruo. Todo su quehacer para que consiste en matar o en ser matado. Toda su vida está dedicada a acumular más y más armas. Parece que no tuvo bastante con la Segunda Guerra Mundial, se está preparando para la tercera. Y recuerda, siempre que muere un soldado en el frente, muere un padre, muere un hijo, muere un marido. Los hombres luchan y se matan entre sí y las mujeres sufren. Y como las mujeres han sufrido durante siglos, se han vuelto cada vez más sensibles a los sutiles matices de la alegría, el sufrimiento, el dolor, el placer. La sensibilidad es una de las grandes cualidades de ser religioso. No tengas miedo, continúa subiendo cada vez más alto. Vuélvete cada vez más sensible. Con suerte, eso conducirá al florecimiento supremo de la humanidad.”
Los fundadores son seres de luz, obstinados sembradores de lucidez. Y saben que la década venidera alberga una revelación sin precedentes.
En las Olimpíadas existe una regla implícita ineludible: el juego limpio. La meta del atleta cabal consiste ante todo en superarse a sí mismo en cada intervención, y no en “aplastar” a su rival. Se llega al punto más alto del podio cuando se ha conseguido la excelencia en la especialidad elegida.
La vida en sociedad es potencialmente un lugar donde en teoría todos los miembros de la misma comparten ideas, tareas o costumbres. Y si bien realmente en la vida cotidiana no siempre hay unanimidad, la regla implícita de la convivencia promueve un valor inequívoco: el bienestar general. La justicia social. La existencia decente.
En los torneos corrientes hay juegos de destreza mental (como el ajedrez) o juegos de destreza física (como la gimnasia artística). En nuestro caso, proponemos un juego de destreza social enfocado en la preservación del entorno común de una ciudad como Buenos Aires que, convertida en Metrópolis, adolece de excesos de “suciedad de la conducta” que constituyen un déficit. Y sin bien en su hogar nadie disemina desperdicios por los ambientes compartidos con su familia, en la calle (o “espacio público”) esa dinámica se altera: pese a la presencia de canastos municipales hay papeles y plásticos tirados por doquier, como si tales receptáculos no existieran.
En el plano político, sucede algo análogo.
Dado que las costumbres (buenas o malas) son contagiosas, nos proponemos invitar a jugar decentemente, a disponer lo descartable en el lugar predeterminado para ello.
Desde una perspectiva general, el juego es una invitación a cooperar, a confluir con otro (u otros) en un ritual de confluencia e interacción basado en reglas que todos los participantes comparten. Por supuesto que hay juegos de confrontación (donde uno “gana” y los demás “pierden”), pero en otro plano también hay juegos co-operativos. Estos últimos son conocidos como juegos con transferencia de utilidad en los que se llama solución a una propuesta de coalición y de reparto de “ganancias” que garantizan la estabilidad de los jugadores. Ningún participante de la coalición “vencedora” tiene interés de romper el acuerdo inicial sino todo lo contrario: se esfuerza en dinamizarlo y expandirlo. Es la práctica win-win: todos ganan.
Volvamos a las Olimpíadas. El barón de Coubertin, precursor de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, sentía que entre la tolerancia y la fe hay lugar para el "respeto mutuo". Estudió los Juegos de la antigüedad, visitó los templos y el estadio de Olimpia, en Grecia, y presintió que el deporte podía convertirse en un poderoso factor de transformación de la sociedad y que ayudaría a nivelar las desigualdades sociales que mucho le preocupaban. Fue más allá todavía, y dedujo que al mismo tiempo podía contrarrestar el agresivo militarismo de su época, fomentando la amistad y el entendimiento entre los pueblos de la tierra.
Redactó una decena de principios, compromisos entre los que el atleta se esmeraría en: “atenerme a las reglas y al espíritu del deporte practicado; respetar a los adversarios como a mí mismo; evitar la mezquindad y la agresividad en todos mis actos, palabras y escritos; conservar la dignidad tanto en la victoria como en la derrota; ayudar a todos con mi presencia, mi experiencia y mi comprensión; prestar ayuda a cualquier deportista herido o cuya vida corra peligro; y –finalmente– contribuir a que a mi alrededor se respeten los anteriores principios.”
Aspiramos a trasladar de modo participativo esta visión a la vida cotidiana de Buenos Aires, donde (por ejemplo) mucha gente pasa de largo los recipientes para desperdicios, simplemente porque “nadie los usa”. (En verdad, muchos los usan.) En la Teoría de Juegos, los psicólogos destacan la importancia del juego en la infancia como medio de formar la personalidad y de aprender de forma experimental a relacionarse en sociedad, a resolver problemas y situaciones conflictivas. Todos los juegos, de niños y de adultos, juegos de mesa o juegos deportivos, son modelos de situaciones conflictivas y/o cooperativas en las que es posible reconocer situaciones y pautas que se repiten con frecuencia en el mundo general. Se trata de una artesanía de la coalición.
La Ley de Comunas y el protagonismo de los vecinos, sigue siendo una asignatura pendiente. Y la Corrupción es una forma de Basura.
Estamos analizando la posibilidad de impulsar una confluencia por parte de los ciudadanos porteños, para que una nueva coalición sea estable, y se asuma que es posible repartir los “beneficios” (una ciudad decente) entre los miembros de la coalición a fin de que ninguno de ellos esté interesado en romperla.
Durante las últimas décadas, el acto de jugar ha venido recibiendo una atención creciente como situación globalizadora de los aprendizajes en la educación física, al ser portador de muchas propiedades deseables en cualquier medio educativo. En la educación física, el juego se caracteriza por establecer una actividad a realizar, por estar regido por un sistema de reglas que marcan su dinámica interna como actividad corporal organizada y por hacer efectiva la posibilidad de utilizar estrategias de actuación.
Expandiendo el concepto, en un Programa llamado “Política Limpia” propondíamos una práctica lúdica dentro de la convivencia urbana; impulsaríamos alianzas con agrupaciones civiles de la comunidad para revertir una situación indeseable. Creemos en el poder transformador de dichas actividades, los juegos y los métodos cooperativos en la conducta ciudadana; y analizamos flexiblemente las principales dificultades de la cooperación en el ámbito de la higiene civil.
Obviamente, el “contagio” se incentivará mediante todos los canales comunicacionales disponibles en la actualidad. Y confiamos en el poder de los niños y los jóvenes para “jugar limpio” expansivamente en esta especie de olimpíada urbana.
Se cuenta que hace algunos años, en las olimpíadas para minusválidos de Seattle, también llamadas Paraolimpíadas, nueve participantes, todos con deficiencia mental o física, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros llanos. A la señal, todos partieron no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar el premio. Todos, excepto un muchacho que tropezó en el piso, cayó rodando y comenzó a llorar. Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás. Viendo al muchacho en el suelo, se detuvieron y volvieron. Todos!!! Una de las chicas, con síndrome de Down, se arrodilló le dio un beso al muchacho y le dijo: Listo, ahora vas a sanar. Y todos, los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada. El estadio entero se puso de pie y no había un sólo par de ojos secos. Los aplausos duraron largos minutos, las personas que estaban allí aquel día, repiten esa historia hasta hoy. ¿Por qué? Porque en el fondo, todos podrían asumir que lo más importante en esta vida, más que ganar, sólo es ayudar a los demás a ir adelante, aunque ello signifique disminuir el paso y cambiar el rumbo.
La “teoría de juegos”, asumida como una ciencia de la estrategia, ayuda a determinar qué jugada se debería realizar para alcanzar el mejor resultado compartido, y analiza cómo se fundamentan las decisiones óptimas cuando se afronta un juego determinado. Para empezar, vamos a jugar a Buenos Aires, Ciudad Libre de Sátrapas. A diferencia del ajedrez, no hace falta “sacrificar” peones. A diferencia del fútbol, no es preciso hacer “goles”. Se trata, sencillamente, de poner las cosas en su lugar, este caso “la basura ideológica”. Predicando con el ejemplo. Interactuando con otros en una misma dirección, trascendiendo la indiferencia o la falta de confianza en el prójimo. Nunca es tarde para empezar a jugar. Empecemos entonces.
Es el manso vaivén del domingo lo que nos adormece
y hubo lilas en el jardín dibujando corolas bajo la tarde.
Casi no vimos llegar las nubes y dejamos rodar nuestros cuerpos
llenándonos de briznas y hojas secas, besándonos entre risas.
Hasta que el trueno agitó los tallos con su bramido de sombras
y nos hizo correr más ligero que el arroyo y las mariposas.
No estuvimos recogiendo arroz en Thanh Hoa esta semana,
pero hay un gemido que llega con la noche y nos acorrala.
Como ráfagas, como un mar hecho follaje,
hay un millón de gotas en cada instante,
y ya no te veo en esta marejada de insectos que oscilan un rato
y desaparecen luego convertidos en guijarros.
Crece el estruendo, y de pronto todo es bruma con cataratas de fuego
en medio de la lluvia, como si el aire se hubiera incendiado
y como si los árboles fueran furiosas bocas de dragón.
No festejaremos las Pascuas en Ninh Binh ni conocemos Nam Ha,
pero hay cráteres en el cuarto y chicos ardiendo como leños.
Nunca hubiese querido hablarte de Hoang Thai Nha,
tal vez sería mejor recordar las auroras o mecernos sobre el lago
a medianoche con ritos de piel desnuda y gigantes celebraciones de ternura.
Pero la encontraron muda entre el residuo de sus doce años
y sólo por los zapatos de goma la reconocieron mientras cierto
Presidente hablaba de paz y tus padres discutían el fútbol.
No pasaremos el verano en Huong Phuc, hubo una escuela allí algún día,
hoy pululan las hormigas y hay rastros de fósforo en las rocas.
Ha crecido la humedad en las paredes y oigo vibrar la empalizada
que nos separaba del mundo como una puerta con mil cerrojos.
Se deshace el papel de los libros, no encuentro las cartas que mandaste
desde la primavera, cuando reaparecieron nuestros pájaros.
No comprendo estos signos. Donde decía Anna Frank dice Dinh Hung,
donde se leía Dachau surgen ahora las altas alambradas de Phu Loi.
Nadie nos escribe desde las praderas y de mis primeros versos sólo
recuerdo un veterano dolor y una tibia caravana de sueños amigos.
Detente fuego, te lo ruego. Detente miedo aunque el verdugo te señale
y aunque los aullidos inunden el patio y el olor a vómito nos golpee.
Álzate mano, álzate cuerpo, álzate vida que es nuestro el suelo
donde ruedan los huesos y mueren los pinos.
Nunca viste a ese trozo de figura que alguna mañana fue Le Van Lac
sembrando sonrisas y tabaco. Nunca escribiste un poema.
Nunca marchaste por las avenidas del siglo.
Hay murmullos en la tarde.
Vení a la calle vida, nos esperan.
Casi al concluir su viaje por el País de las Maravillas, aparece la respuesta para algo que Alicia se planteó bien al principio: “Si sólo supiera cómo comenzar”. Durante el trayecto comprobará que muy pocas cosas son verdaderamente imposibles.
Todo consiste en una travesía de descubrimiento, cada capítulo encierra una clave para huir de la obtusa realidad. ¿Quién soy? ¡Ay, ese es el gran misterio!
Ante nosotros: una niña que inevitablemente se está convirtiendo en mujer, grandes cambios individuales la asedian ya se encuentre dentro de un pozo profundo o en un atrayente jardín. La vida se presenta siempre como un acertijo insignificante. La Reina clama a diestra y siniestra: ¡Que le corten la cabeza! Está claro: la muerte subyace como una amenaza constante. Pero la inocencia de la psique de Alicia le indica que todo es como un inofensivo mazo de cartas. Darse cuenta de esto constituye lo que los místicos llaman iluminación.
Paso a paso, Alicia se topa psíquicamente con las doce claves que construyen la plena libertad humana. Pero ante todo descubre que entre lo que llamamos “realidad” (una especie de sala lóbrega) y lo que bulle en el mundo de los “sueños” (la psique o el país de las maravillas) hay otra dimensión que sólo puede discernirse abriendo el Tercer Ojo, el ojo de la intuición (el “hermoso jardín”).
Los seis primeros pasos consisten en soltarlo todo y dejarlo correr, hacer alguna cosa a fin de que nuestra consciencia no sea devorada por la confusión, usar todos los recursos que poseemos, asumir que las desdichas no son un castigo sino una invitación a la vida intensa, nutrir nuestro universo espiritual y, por fin, asumir que en el fondo todo es un simple juego de apariencias. “El Tiempo no soporta que lo marquen”, proclama el Sombrerero Loco. Un poco antes, la Oruga le había aconsejado: “Conserva la calma”.
Pero todavía faltan importantes tramos del trayecto donde los símbolos abundan en los objetos, los personajes, las figuras y los colores que el autor del relato utiliza para representar ideas abstractas o conceptos particulares. Alicia no podrá quedarse acurrucada en la infancia, deberá madurar. La existencia contiene múltiples misterios complicados y solamente nuestra imaginación incondicionada puede desentrañar las incógnitas. Según el lado del hongo que muerda, podrá crecer sin fronteras o achicarse hasta desaparecer. Hay peligros incesantes, acechanzas emocionales y una fuerte sensación de ansiedad, pero la intuición de Alicia le permite sobrepasar cada desafío.
Los seis pasos restantes consisten en abrir una puerta más allá de la ceremonia del té (como si fuéramos la cabeza del Gato de Cheshire que aparece o desaparece), saber administrar los momentos en que hay que quedarse en silencio o expresar lo que se siente como verdad eterna, aprender que cada dificultad es un telegrama cifrado de la eternidad, atreverse a ser diferente, no permitir que los embrollos del prójimo nos obstaculicen y, en última instancia, trascender las circunstancias que deforman la naturaleza humana.
El País de las Maravillas no es un lugar sino un estado del alma. Y Alicia, somos nosotros. Siempre hay una “próxima vez” (ahora mismo) para evolucionar como seres libres. (Esto siempre debe ser un secreto guardado de todos los demás, entre tú y yo.)
Nuestros cinco sentidos convencionales nos permiten procesar la información referida a lo visible, lo audible, lo táctil, los sabores y los aromas. Nuestra actividad humana gira en torno de los datos que obtenemos a través de tales registros sensoriales. Y la respuesta más usual ante ellos es “me gusta” o “no me gusta”. Lo que muchas personas consideran como realidad surge únicamente de esa órbita sensorial, que es un plano parcial de nuestros dones de apreciación y comprensión de los fenómenos universales. Por ello pasan por alto (o siguen de largo) ante circunstancias portadoras de información amplia y profunda sobre el sentido de la vida, dado que –como observó el teólogo Pierre Teilhard de Chardin– somos por naturaleza seres espirituales sujetos a experiencias “humanas”.
El camino que conduce a la captación intensa y expansiva de las realidades “espirituales” requiere una práctica de la abstracción y la introspección que está presente en todas las grandes enseñanzas de la historia.
Se trata de una progresión sutil de percepciones que no responden a las categorías que habitualmente utilizamos para identificar los fenómenos que inciden en nuestra consciencia, concebida ésta como un estado de atención plena que posibilita un entendimiento cabal de todo lo que sucede y que nos abre accesos hacia una dinámica evolutiva que abarca verdades transpersonales y meditativas que la “educación” convencional (mas bien un proceso domesticador) no aborda en absoluto.
En general, la mayoría de la gente es inducida a acumular datos e informaciones estériles que nos apartan de la posibilidad de vivir una vida de expansión y descubrimiento. Malgastamos tiempo, energía y conceptos tratando de mantener en pie una construcción material y cultural que ya cumplió su ciclo de significados, en vez de dedicarnos a aplicar nuestras vidas a encarnar nuevas perspectivas del mundo en un proceso de despojamiento y transformación. El mundo psíquico es un universo apenas explorado y, a la vez, el cosmos infinito es una dimensión que se abre ante nosotros como un advenimiento supremo.
No se trata de una religión nueva. Implica el despliegue de una sensibilidad mística que ya ha sido ampliamente explicitada por los profetas y videntes de todas las grandes tradiciones. Misticismo y religión no son lo mismo. La religión propone métodos de adoración para vincularse con una deidad externa. El misticismo, en cambio, es una inmersión en la Totalidad expresada por el descubrimiento del Espíritu Supremo dentro de uno mismo, y a la vez el surgimiento de dones y poderes que nos elevan hacia dimensiones inéditas. Somos copartícipes de la Creación: el Génesis no ha concluido y nos invita a poner en acción otros recursos sensoriales asumiendo la espiritualidad y convirtiéndonos en portadores explícitos de una cosmovisión protectora, sanadora y superadora de las calamidades imperantes.
Durante este trayecto, todo el tiempo estamos en condiciones de recibir “ayuda” de nuestras capacidades latentes, de las energías maternales de la Tierra y de la efervescencia solar y cósmica. La sensibilidad mística está presente con extrema nitidez en niños que todavía no han sido bloqueados por criterios “pedagógicos” que traban sus potenciales naturales y sus talentos específicos. Educar no es llenarlos como un recipiente. sino encenderlos como una lámpara. Y a menudo (claro está) “adultez” es sinónimo de “adulteración”.
En escuelas y colegios los chicos están muy inquietos porque se aburren. La fatídica tentación de las drogas emana del tedio y de la apetencia de “algo” trascendental que no está presente en la currícula. Pero en vez de facilitar una cosmovisión (lo cual exigiría la reeducación de los “educadores”) se promueven idolatrías deportivas y farandulescas. El resto, es un lavaje cerebral promovido por los video-juegos y demás espectros de la Matrix cibernética, con sus macro-mensajes violentos y apocalípticos.
De todos modos, la evolución humana está entre nosotros, esencial e invisible. Como una sutil conspiración de ángeles.
Paulatinamente, en nuestro planeta, la vida cotidiana se está volviendo cada día más urbana. Los contactos con el mundo natural van disminuyendo y se magnifican los contextos artificiales. Llamamos ambiente a una vasta gama de conglomerados de cemento, asfalto, acero y acrílico, dentro de los cuales moderamos con máquinas la temperatura de los recintos, iluminamos las habitaciones con fluorescencias variadas, recibimos imágenes del mundo a través de pantallas de “plasma” (mezcla de gases de neón y de xenón) y, en gran medida, pasamos a ser componentes de gigantescos circuitos interactivos que van anulando nuestros recursos vitales espontáneos. Lo “intenso” pasa a ser abstracto, y nuestra intimidad se satura de rituales ajenos a nuestros dones genéticos.
Nuestro concepto de la libertad queda restringido a la selección de programas predeterminados. Las aguas, el aire, la luz solar, la flora, la fauna y el cosmos ilimitado, se han vuelto datos abstractos y complementarios, que el noticiero televisivo –después de una dosis arrolladora de datos apocalípticos– compacta a partir de un boletín meteorológico que nos remite a meros números: la humedad relativa ambiente, la orientación y la potencia del viento, la visibilidad en las rutas, la oscilación calor-frío o sensación térmica, y el pronóstico del “tiempo” para los días subsiguientes.
Eventualmente, si salimos a la calle, el caos nos acecha y asedia. Tráfico incentivado de vehículos, medios de transporte atestados, bloqueos de avenidas, mendigos de todas las edades, ruidos ensordecedores, veredas destrozadas, multitudes que no ven ni oyen, monóxido de carbono… los “tiempos modernos” en vías de obsolescencia.
En contraposición, consideramos que el orden es una situación estable donde no somos perturbados y a la vez podemos imaginar el modo de satisfacer nuestros deseos. Pero… ¿tales deseos son realmente “nuestros” o nos han sido introyectados por intereses ajenos a lo que podríamos llamar “genuinos anhelos de vida”, o “potenciales de plenitud”?
En el universo, la entropía (segundo principio de la termodinámica) describe los grados de desorden y caos que existen en la naturaleza. Así, las sociedades formadas por los seres humanos son organismos compuestos por materia de vida evolucionada, que consume y degrada energía para crecer y diferenciarse: así mantiene su “integridad”.
Quienes estudian estos fenómenos, nos dicen que la entropía es perceptible cuando la violencia destruye la paz, el odio atropella al amor, la demencia desplaza la razón, la enfermedad afecta la salud, la miseria se impone a la abundancia, la mentira elimina la verdad, y la ignorancia oscurece el conocimiento.
Jiddu Krishnamurti decía que hay que darse cuenta de todas estas cosas “y después pueden investigarlas, cuestionarlas, estudiarlas; pero si todo lo aceptan ciegamente,(porque por los últimos treinta siglos ha sido así), entonces eso no tiene sentido, ¿verdad? Lo que indudablemente necesitamos son individuos como ustedes y como yo que están comenzando a examinar todos estos problemas, no de manera superficial o casual sino más y más profunda, a fin de que la mente tenga libertad para ser creativa, libertad para pensar, libertad para amar.”
Los planos sutiles son realidades ajenas a lo que identificamos como orden o caos. En su órbita, cuando logramos desprendernos de los estereotipos impuestos por una cultura domesticadora, se hace posible discernir la diferencia entre lo genuinamente necesario y lo perniciosamente superfluo. Es en los estados puros de meditación donde se vuelven nítidos los puntos de acceso a semejante dimensión del ser.
No se alcanzan tales estados con ideas, dogmas o fórmulas mágicas, sino con disciplina y paciencia, porque todo consiste en asumir la propia esencia divina, que expone dos aspectos inseparables: es al mismo tiempo conciencia y energía. Todo lo existente (visible o invisible) refleja estos dos aspectos en diferentes grados. Allí reina lo sutil, con su irresistible y suprema simplicidad.
En las nubes no hay murallas.
El cielo es un suspiro.
Vuela el poeta fuera
de los límites de las miradas.
Y corroídas por silencios
más grandes que el sol,
caen al olvido las torres
que se alzaron
para reemplazar a los dioses.
Escoria de domesticadores
de hormigas y entelequias:
nuestros flautistas sin alma,
sin malabares o ritos de hipnosis,
ni mapas para alcanzar la aurora.
En la inmensidad sideral somos apenas una especie de suspiro, un murmullo casi imperceptible rodeado por una danza insondable de galaxias, asteroides, nebulosas y, especialmente, una Luz viajera que se desplaza a velocidades incomparables. Lo que sabemos al respecto es apenas una fracción diminuta de todo lo que acontece en semejante escenario, ya que habitamos en una provincia lateral de la Vía Láctea y no estamos en condiciones de indagar lo que sucede en otras latitudes galácticas.
No obstante hemos podido descubrir que el Universo está en constante expansión y no constituye una circunstancia fija e inconmovible. Nada de eso. No es un tablero lleno de bolitas rocosas o ígneas suspendidas como globos, sino una vertiginosa caravana de eventos de la que los más avanzados telescopios nos ofrecen apenas imágenes de acontecimientos que se produjeron muchos siglos atrás. En tiempos arcanos que poco significan en esta época.
No tenemos la mínima idea de lo que ahora mismo sucede más allá de la Tierra. Y nos consolamos admirando las fases de la Luna o los eclipses solares, las auroras boreales y otros guiños de la inmensidad. Juntamos postales de lo que ya no es. Entretanto, comentaba el Dalai Lama: “Lo que más me sorprende de la humanidad son los hombres, porque pierden la salud para acumular dinero, y después gastan dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma que acaban por no vivir ni en el presente, ni en el futuro. Y viven como si nunca fuesen a morir...Y mueren como si nunca hubiesen vivido".
Tenemos lo que verdaderamente necesitamos para asumir que la vida no existe para ser gobernada por pensamientos, sino que los pensamientos existen para ser dirigidos por la vida: está a nuestro alcance. Sólo requiere que nos conectemos directamente a las corrientes informativas de la “Máxima Presencia”, fuera de los dictámenes estrechos de las interpretaciones racionales. Ante nosotros se abre un sendero de menor resistencia y de máxima realización. La vida existe eternamente en el presente. Existamos pues al ritmo de su inevitabilidad.
Te agradezco Universo por sostener nuestras sombras fugaces sobre las estrellas que sin cesar nos recuerdan la existencia del Sol en las noches más oscuras. Cuando observamos el cielo, desde este lugar de la esfera terrenal, no advertimos que se encuentra “allá en las profundidades” del cosmos y no en lo alto. La fuerza de gravedad impide que nos despeguemos del suelo y andamos –sin advertirlo– cabeza abajo, como extraños insectos por el techo de una caverna.
Allá abajo no existen los milenios y nada parecido a un calendario. Todo es una especie de no-tiempo, un suspiro eterno, un grandioso festival de torbellinos invisibles. No existen estructuras conceptuales capaces de resumir tanta maravilla. No poseemos palabras que puedan representarla.
En los libros sagrados de todas las religiones conocidas hay atisbos de tal caravana inmemorial. Antiguamente se expresaba con lenguajes cifrados. Después, los traductores confundieron los significados y los ajustaron a las necesidades políticas del momento. Hoy todo lo que ponderamos o condenamos es mera hojarasca que el viento disipa. Pero más allá de las palabras hay un gigantesco impulso espiritual que impulsa un Despertar individual y universal. Aún somos siluetas que fluctúan a la sombra de un evento que todavía no se produjo. La humanidad es una vibración que influye a la Tierra, y la Tierra es un organismo en gestación que trasciende los límites del tiempo y el espacio.
Cuando el meditador intuye un estado de gracia, sus falsas identidades se diluyen, comienza a sintonizar mensajes del infinito, deja de sentirse separado de todo lo demás y asume una identidad cooperativa hacia un Todo mayor. Deja de ser una isla en el mar del pasado. Como dijo Carl G. Jung: "Solo se volverá clara tu visión, cuando puedas mirar con tu propio corazón. Porque quien mira hacia afuera, sueña. Y quien mira hacia adentro, despierta."
El poeta William Blake (1757–1827) nos dijo al respecto: “Los profetas describen lo que vieron en Visiones... con sus órganos imaginativos e inmortales. Un Espíritu y una Visión no son, como supone la filosofía moderna, un nuboso vapor, o una nada: se hallan organizados y articulados meticulosamente, más allá de lo que pueda producir la naturaleza mortal y perecedera. Quien no imagina rasgos más fuertes y mejores, y bajo una luz más fuerte y mejor que la de su ojo perecedero, no imagina en absoluto.”
¿Quién determina el límite entre lo real y lo irreal? ¿Qué autoridad humana posee la potestad para determinar que algo es o no es? Por este singular detalle, muchos hombres y mujeres murieron en la hoguera durante la Edad Media. Numerosos “sabios” antiguos vituperaron las ideas abstractas, mientras que a su vez seres humanos “iluminados” como Buda y Cristo aportaron testimonios universales de proyección suprema y alteraron la Historia mediante la comunicación irresistible de particularidades metafísicas.
La expresión latina que dio origen al término realidad (realitas) significa «todo lo que existe». De un modo más específico, tal concepto abarca todo lo que es, ya sea o no perceptible, accesible o entendible por la ciencia y la filosofía o cualquier otro sistema de análisis y de abordaje racional. Pero el universo no es (como se creyó en una época) una máquina o un conglomerado de bloques rígidos mantenidos en equilibrio por un fenómeno de afinidad.
Uno de los máximos aportes de la ciencia esclarecida es la de haber contribuido a romper con la idea de una verdad intangible y eterna. Los avances más reveladores se deben a nuevas generalizaciones que permiten unificar lo que hasta ese instante parecía ser parte de dominios separados. Ahí, de pronto, lo irreal se vuelve real.
Numerosos exploradores de la mente sostienen que la física cuántica ha demostrado que la realidad está inextricablemente ligada a la naturaleza de la conciencia humana, y que la creencia en que existe una única realidad verdadera ha dejado de tener validez y utilidad para el conocimiento. Padecemos un bloqueo intelectual y científico que afecta seriamente las posibilidades de extender y ampliar los límites de la conciencia humana. Lo real se vuelve irreal, pero sólo aparentemente.
Albert Einstein (1879-1955) expresó que “crear una nueva teoría no consiste en destruir el viejo granero y levantar un rascacielos en su lugar. Es más bien como escalar una montaña, ganando perspectivas nuevas y más amplias, descubriendo contactos inesperados entre nuestro punto de partida y el rico paisaje que se revela a su alrededor. Pero el punto del que partimos sigue existiendo y puede ser visto, aun cuando aparezca más pequeño y haya pasado a ser una pequeña parte de nuestra más amplia perspectiva que hemos ganado al superar los obstáculos de nuestro camino, pleno de aventuras, hacia la cumbre”.
Nuestro ser, la Tierra o el cosmos, tal como los vemos ahora, son apenas una posibilidad entre muchas otras que pudieron haberse dado. Su constitución podría haber sido distinta, incluyendo la de no existir: son un resultado de la historia universal. En la comprensión de los aspectos estructurales y funcionales de los seres vivos, lo importante no son sólo las reglas sino también los detalles del proceso histórico, ya que cada organismo representa el último eslabón de una cadena ininterrumpida de tres mil millones de años. Toda la existencia está vibrando en este instante. En tu latido infinito. Descomunalmente libre.
El área metropolitana de Buenos Aires constituye un entorno y un substrato estructuralmente obsoleto. Parte de su fatalidad socio-política se debe a la superposición de dos áreas administrativas que en la actualidad se encuentran ideológicamente enfrentadas: por un lado el Gobierno Nacional (pues desde 1880 la ciudad homónima funciona como Capital Federal de la República Argentina). Y por otro, la Jefatura Municipal que ejerce autoridad sobre el mismo territorio al que oficialmente la Constitución Local sancionada en 1996 le dio el nombre de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Que no posee “status provincial” como el resto del territorio nacional y que judicialmente se halla condicionada por la legislación que rige al Distrito Federal.
O sea, se trata de una región en disputa entre la Nación y el Municipio. Y los habitantes locales (porteños) somos rehenes de tal tironeo político, tengamos o no activismo ideológico de alguna especie.
Hasta 1996, es decir, durante 116 años, el Jefe de Gobierno local, llamado “Intendente”, no era elegido por la ciudadanía sino que actuaba como brazo ejecutor delegado del Gobierno central del país, que lo nombraba según su concepción del poder y su ideología partidaria.
En la actualidad, ese puesto mayor se define mediante un acto electoral independiente, pero una Ley de Comunas negociada en la Legislatura porteña para descentralizar las decisiones de envergadura (dándole protagonismo a los vecinos), fue manipulada convenientemente para que los puestos ejecutivos quedaran a disposición de los Partidos Políticos que actúan en la CABA.
Con la misma dinámica de “listas sábana” de ignotos “representantes” que se articula para las elecciones nacionales.
En todo el país, no bien se produce un Acto Electoral para renovar los puestos políticos determinados por las Constituciones vigentes, los candidatos triunfantes dedican gran parte de su tiempo a desacreditar a sus rivales, y al mismo tiempo a hacer campaña para no quedar fuera del juego en las Elecciones siguientes.
Entretanto, la decrepitud de los servicios públicos, la inseguridad ciudadana, el estado crítico del medio ambiente, la codicia de los intereses inmobiliarios, la pasividad burocrática y la desordenada expansión poblacional… crean cuellos de botella eco-sociales donde la vida cotidiana se degrada sin cesar, y donde los pobladores locales quedan confinados apenas en el papel de consumidores y contribuyentes.
Durante la década oscura 1975-85 en la Argentina, existió una corriente de expresión “lateral” al sistema represivo y anti-juvenil imperante: sus protagonistas la identificaban como subte, inicialmente como si se tratara de una veta subterránea entre los medios oficiales del Sistema y el limbo que dominó a las instituciones educativas del ese período. Luego, la expresión fue adoptada como emblema y carta de ciudadanía, convirtiéndose en una amplia y expansiva ola de resistencia poética.
Consistió en una amplia variedad de publicaciones mecanografiadas, multicopiadas (rotaprint), impresas con mimeógrafo y –ocasionalmente– producidas en una imprenta convencional. Aunque en la mayor parte de los casos se trató de esfuerzos artesanales de individuos o grupos pequeños de jóvenes que mediante poemas y breves artículos se posicionaban para mantener encendida una llamita de lucidez en medio del oscurantismo típico de los regímenes dictatoriales.
No funcionó absolutamente como un ritual clandestino pues esas publicaciones subte se ofrecían durante los conciertos de Rock, en recitales de poesía, en alguna librería solidaria o, simplemente, circulaban por correo. No pretendieron fundar un “movimiento”, aunque en su mayoría adherían a ideales pacifistas y no-violentos, y –en algunos casos– a un incipiente fervor ecologista. Expresaban el ansia de vivir y de comunicarse en pequeños tirajes y con inmensa sinceridad.
En tiempos donde ni se imaginaba la Internet, los editores de las publicaciones subtes se sentían parte de una red intensiva, cuyos contactos incluían a poetas de otras latitudes y expresaban su nexo íntimo con la resistencia roquera que emblemáticamente actuó y constituyó un neto ideal “progresivo”. En gran medida, el ánimo indómito de aquellos años bulle hoy en el mundo de los blogs, donde se reencuentran algunos de aquellos protagonistas y brotan nuevos exponentes estéticos y conceptuales. Es la vida misma, entonando el poema del descubrimiento infinito. Puras voces claras alzadas en medio de los festivales del pensamiento único.
Dentro del círculo de la eternidad brotan los frutos de la sabiduría perenne. Dijo el filósofo Gregory Bateson: "De lo peor, no surge lo mejor".
Agrego: quedarse con la mirada fija en la basura sólo conduce a convivir con el basural y a volverse parte de él. El Siglo XXI requiere soltar lastres y abrirse a la experimentación incondicionada de una libertad suprema y una flexibilidad espontánea.
Recomiendo bajar de Internet y leer Los Siete Saberes... de Edgar Morin cuyo enlace aparece aquí al pie. Es un ejercicio de iniciación trascendental. Sentirse parte de una visión planetaria, un ciudadano universal, un habitante de la Tierra Patria no es apenas una idea fija y exclusiva del profesor Morin. Sino que se trata de una vivencia en gestación, un ímpetu sutil de individuos que captan el advenimiento de una Nueva Era que no consiste en el desacreditado esoterismo mágico y comercial que conocemos sino en una construcción paulatina de la conciencia cósmica, el futuro incondicionado. La mente universal. El mundo noético.
Yeshé significa “sabiduría primordial” y Tsogyel “reina oceánica”, esto último como una cualidad mental suprema. En el momento de su nacimiento, surgió espontáneamente junto a su casa un manantial que formó un estanque conocido como “Lha-tso” (Lago Divino). Todo la señalaba como una encarnación de Saraswati-devi, la divina madre del conocimiento, la gracia y la sabiduría.
En el seno de una sociedad primitiva y patriarcal, dominada por variados rituales de brujería, sus primeros años fueron tormentosos. A los trece años fue violada por su primer pretendiente, y sólo atinó a fugarse del asedio de los siguientes. El único lugar para las mujeres errantes en el Tibet pre-budista era el harén del Emperador. Tenía 16 años cuando el monarca “la obsequió” a Padma Sambava, quien había aceptado la misión crucial de derrotar a los espíritus del Mal e introducir al pueblo tibetano a las verdades de Buda.
La primera decisión de Padma fue liberar a Yeshé de su yugo, y la segunda aceptarla como su discípula principal. Fue un encuentro cósmico, pues ella absorbió velozmente la esencia de las enseñanzas budistas, que finalmente le permitieron alcanzar el estado de iluminación. Asimismo, se convirtió en la heredera espiritual del venerado maestro. Poseedora de una memoria descomunal, registró casi fotográficamente las profundas enseñanzas de Padma Sambava y redactó su más perfecta biografía. Viajó por todo el Tibet con su preciado maestro, con quien practicó las más intensas fusiones sexuales del Tantra ritual. Luego, en el año 796 se recluyó para practicar las técnicas de meditación “elevada” que había aprendido y emergió convertida en la primera Buda mujer en 805, cuando ya su mentor había abandonado el Tibet rumbo a otros países de la región de los montes Himalaya.
Los tesoros espirituales literarios tibetanos se denominan terma, y durante sus travesías Padma y Yeshé bendijeron diversos lugares, donde ella “ocultó” los textos más avanzados para que en el futuro los descubrieran místicos que estuvieran en condiciones de asimilarlos plenamente. Porque eran muy avanzados para aquella época. El “tesoro” puede guardarse en templos, el seno de una caverna, el tronco seco de un árbol o bajo una roca. Pero también en el inconsciente colectivo para ser “captado” intuitivamente. Yeshé practicó tal “siembra espiritual” hasta que se desencarnó, proyectando su esencia hacia las alturas de la Montaña Roja Sagrada, la esfera luminosa de su maestro, el Señor Padma Sambava.
Yeshé enseñó y tuvo innumerables discípulos, que la llamaban Dakini (bailarina celestial), deidad que representa el principio femenino de la sabiduría. Sus terma se descubrieron entre los años 1100 y 1600. Decía: “Llegó la hora de abrazar las bodas del espíritu y la energía”.
Preocupado intensamente por la acelerada declinación de la salud infantil en Estados Unidos durante las últimas dos décadas, el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS) convocó el pasado febrero a un cónclave de expertos para determinar el modo de aplicar la ciencia a la protección de la niñez. Las estadísticas eran y son elocuentes, y muy preocupantes. Un estudio reciente del NIEHS revela que desde la década de los 70 el índice de cáncer infantil ha crecido a razón del 1% anual, en tanto la incidencia del asma subió de modo arrollador. Asimismo resulta alarmante el aumento de número de varones que nacen con defectos en su aparato reproductor, la cantidad de menores con desórdenes de atención y de hiperactividad, y los casos de autismo.
El discurso de apertura de la citada conferencia fue ofrecido por el doctor Philip R. Lee, ex director del Servicio de Salud Pública estadounidense, quien describió los tipos de contaminación ambiental que pueden tener impacto en la salud del feto y de los niños de corta edad. Manifestó: “Los chicos son especialmente vulnerables a las toxinas del medio ambiente. Al nacer, sus sistemas nervioso, respiratorio, reproductor e inmunológico no están desarrollados completamente. Se encuentran en un estado dinámico de crecimiento con células que se multiplican y órganos que se desarrollan a gran velocidad. Y al mismo tiempo ingieren más aire, alimentos y líquido que los adultos”.
Los científicos sospechan que el síndrome de hiperactividad infantil es incentivado por la exposición a agentes neurotóxicos como plomo, mercurio, tabaco, dioxinas, bifenilos policlorados, manganeso, ciertos pesticidas y solventes.
En la misma reunión, el doctor Leslie L. Robinson, del departamento de pediatría de la universidad de Minnesota, señaló que el incremento anual del 1% en el cáncer infantil a partir de 1974 se debe a multiplicados casos de leucemia y de tumores en el sistema nervioso central. La cifras que expuso fueron estremecedoras: “Un individuo cada 600 es diagnosticado anualmente con cáncer antes de los 15 años, lo cual da 8.500 casos por año, con unos 2.500 fallecimientos durante el mismo período. Si bien la prensa menciona con insistencia tales estadísticas, las autoridades nacionales de salud pública no se aplican a solicitar nuevos estudios de los descubrimientos científicos que aportan las universidades.
Por el contrario, la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. tiende a disminuir sus gastos en programas sobre salud ambiental de los menores de edad, de seis millones de dólares anuales a tres.
Otros villanos ambientales denunciados por los pediatras son el arsénico (presente con niveles excesivos en los suministros de agua potable para comunidades de escasos recursos) y el tungsteno.
La exposición a contaminantes del aire, como el ozono de superficie (un gas venenoso) y los óxidos de nitrógeno, fueron expuestos por el profesor Jonathan Samet, de la universidad John Hopkins. Dijo que los “niños comienzan a ser intoxicados durante la preñez, lo cual desbarata muchos embarazos o provoca nacimientos con peso muy por debajo de lo normal. A posteriori, ello produce tumores, serios problemas respiratorios, y el llamado síndrome de la muerte infantil súbita”.
El doctor Samet pidió recordar que los niños permanecen mucho tiempo en microambientes de baja calidad ambiental, como transportes escolares, patios públicos de juegos y otros habitáculos saturados con aire contaminado.
La evidente crisis material y espiritual que padece la humanidad (tanto en el mundo como en la Argentina) no es una fatalidad insoluble, inapelable. Es reversible, puede ser modificada. La comparo con el proceso de restablecimiento que sigue a cualquier grave enfermedad. En este caso, todo el organismo se aplica a la reparación del daño causado y a la construcción de nuevas “fortalezas”, llamadas salud.
En principio, el descalabro mundial imperante es una consecuencia directa de todo lo que no hizo la llamada “clase política dirigente” y –al mismo tiempo– la sagaz depredación perpetrada por grupos muy hábiles “de interés financiero” que convirtieron al planeta Tierra en un patético Casino, donde el único juego es la Perinola. A ellos siempre les sale el “toma todo” y al resto (nosotros incluidos) nos sale el “ponen todos”. Nunca la riqueza total del globo terrestre estuvo en tan pocas manos.
Las clases de historia en el primario y el secundario nos cuentan el fin del Feudalismo y el surgimiento de la Democracia: puras mentiras. A los pueblos periféricos nos permitieron las banderas y los himnos nacionales, pero las decisiones imperiales no variaron. Los barones feudales siguen gozando de muy buena salud y el presunto “gobierno del pueblo para el pueblo” es una ficción constante donde las “elecciones” se hacen entre candidatos (llamados “representantes”) pre-elegidos por las cúpulas de los partidos políticos, con el pueblo como simple espectador. Hoy padecemos varias dictaduras: por un lado la de la mediocridad y por el otro la de un “feudalismo electrónico” de grandes capitales sin patria.
¿Quiénes nos han gobernado durante un siglo? Abogados y contadores (hoy llamados “economistas”). ¿A qué dedican la totalidad de sus afanes? A eternizarse como “casta” privilegiada y a conceder flexibilizaciones laborales (desocupación), pago de deudas externas (por fondos que no contribuyeron al bienestar general), y a liberar recursos (cruciales para la educación real, la creación de puestos de trabajo, la salud pública y la vivienda) para nuevos salvamentos de la banca “privada”.
Repito: no es una fatalidad insoluble. La gente común (nosotros) tiene tres poderes que no son practicados: 1) el poder de hacer uso pleno del tiempo real, en vez de vivir hipnotizados por los chismes de la farándula y los torneos deportivos; 2) el poder de la energía personal (capacidad de trabajo) para aplicarlo a la creación de alternativas basadas en la descentralización comunitaria y la autonomía verdadera; y 3) el poder de la imaginación, para inventar opciones allí donde todos los caminos parecen cerrados.
Planeo un ciclo de conferencias públicas, talleres de capacitación y grupos de reflexión para cambiar la conversación reinante (único modo de empezar a cambiar el país, desde abajo, solidariamente). Lo he denominado EcoMultiversidad, porque como editor de la revista Mutantia hace casi tres décadas co-dirigí la experiencia Multiversidad de Buenos Aires (1982/87) donde medio centenar de personas “comunes” demostraron que es posible empezar a “cambiar la vida y transformar la sociedad”.
En vez de lamentar el tiempo perdido y esperar algo que no va a suceder (instituciones renovadoras) seamos nosotros el principio de una nueva realidad. Siempre los fundadores son pocos. Pero si su semilla es potente, la fertilidad estará de su lado. Como decían antaño los estudiantes rebeldes: “Podrán cortar todas las flores, pero jamás podrán detener la primavera”.
Narra Felipe Pigna: “Ya en el 80 con Roca y su generación en el poder, la presencia británica en nuestro país se va tornando masiva: bancos, ferrocarriles, frigoríficos, empresas inmobiliarias de ese origen controlan sectores claves de nuestra economía y la Argentina se convierte en uno de los países más beneficiados por las millonarias inversiones británicas. Esta presencia económica se materializaba en una decisiva presencia política que crecerá con el correr de los años. Ocupan el poder presidentes y ministros que habían sido abogados o representantes de empresas inglesas. Se toman decisiones claves, como la neutralidad argentina frente a la Primera Guerra Mundial –durante la presidencia de Victorino de la Plaza- privilegiando los intereses británicos: a Inglaterra le convenía mucho más una neutral proveedora de alimentos que una aliada de escasa importancia militar.”
El pasado habla netamente por voz de Julio Argentino Roca (1887): “Soy tal vez el primer ex presidente de la América del Sur que haya sido objeto en Londres de una demostración semejante por su número tan escogido de caballeros. He abrigado siempre una gran simpatía hacia Inglaterra. La República Argentina, que será algún día una gran nación, no olvidará jamás que el estado de progreso y prosperidad en que se encuentra en estos momentos se deben en gran parte al capital inglés."
A tal punto calzamos en el esquema del Imperio Británico, que todas las rutas “argentinas”, los ramales ferroviarios, los tranvías e –inclusive– las líneas del subterráneo porteño circulaban a la inglesa (es decir, por la izquierda, como en todas las colonias del Imperio, desde India y Australia hasta Kenya).
El 4 de octubre de 1944 (en las postrimerías de la II Guerra Mundial) se dictó para Buenos Aires el decreto por el cual se dispuso que, a partir del domingo 10 de junio de 1945, la circulación en el país de todo tipo de vehículo, debía realizarse por la mano derecha, en lugar de la izquierda, tal cual era el sistema imperante en ese momento; quedando expresamente exceptuados los trenes, los subtes y el tranvía que unía la estación Federico Lacroze con Campo de Mayo.
Si bien los tranvías porteños desaparecieron, los otros dos servicios de transporte público siguen circulando “a la inglesa”, es decir, igual que en Londres y sus restantes colonias. Basta ver los andenes en cualquier estación.
Madrid cambió el sentido de circulación a la derecha el 1º de octubre de 1924. En las Américas y el Caribe, hoy se sigue circulando por la izquierda en: Bahamas, Barbados, Granada, Guyana, Islas Caimán, Islas Vírgenes Británicas, Islas Vírgenes de Estados Unidos, Islas Malvinas, Jamaica, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago.
Hasta finales del 1700, todo el mundo viajaba por el lado izquierdo de las carreteras porque resultaba la opción más sensata para las personas diestras en las sociedades feudales, en su mayoría violentas. Si se pasaba a un desconocido en la carretera, se andaba por la izquierda para asegurarse de que el brazo de la espada de protección estuviese entre él y uno mismo. Y en las “justas” caballerescas, cada contendiente llevaba su lanza con su brazo derecho que, naturalmente, cruzaba por la derecha del otro.
Sin embargo, la Francia revolucionaria revocó esta práctica como parte de su replanteamiento social radical. El cambio se llevó a cabo en todo el continente europeo debido a Napoleón. Todo cambió bajo Napoleón porque él era zurdo y sus ejércitos tuvieron que marchar a la derecha para que el Emperador pudiera mantener su brazo de la espada entre él y cualquier oponente. A partir de entonces, cualquier parte del mundo que estuviera bajo el Imperio Británico marchó por lo tanto por la mano izquierda, y cualquier parte colonizada por los franceses anduvo por la mano derecha.
En Estados Unidos, los franceses colonizaron los estados del sur (Luisiana, por ejemplo) y la costa este de Canadá (Quebec). Los holandeses colonizaron Nueva York (o New Amsterdam). Los españoles y portugueses colonizaron América del Sur. Así, los británicos fueron una minoría en la conformación del "tráfico". La política de circular por la derecha fue adoptada por los EE.UU., país ansioso por deshacerse de todos los enlaces que quedaran con su pasado colonial británico.
Los procesos independistas y descolonizadores no han concluido en el planeta. Del antiguo feudalismo se pasó a los rituales parlamentarios y republicanos, la “democracia” es hoy considerada en el mundo libre como la mejor forma de gobierno, pero la dependencia sigue siendo una realidad incontestable.
No se trata de un relato de ciencia ficción sobre “otra realidad” cimentada sobre alguna fantasía sin asideros. Es el futuro de nuestra experiencia en la Tierra, que algunos ya denominan “revolución noética”. Por ejemplo, en su libro L’Age de la Connaissance (2005, La Era del Conocimiento), el pensador Marc Halévy expresa que la nuestra especie se encuentra en los umbrales de una genuina revolución noética cuyos fundamentos serán el talento, la creatividad, la imaginación, la intuición y la capacidad de transmitir ese conocimiento mediante una nueva educación.
Neolítico significa “piedra pulimentada”, se aplicó al tercer y último período de la Edad de Piedra y se entiende por revolución neolítica (anterior a la Edad de los Metales) un trascendental cambio por el cual, tras decenas de miles de años de caza, pesca y recolección; la humanidad comenzó a practicar actividades agropecuarias, unos nueve mil años antes de Cristo. Sus características fueron: la sedentarización, la agricultura, la ganadería y la cerámica; y el inicio de las navegaciones. Al llegar a su madurez se inició la formación de sociedades urbanas. A partir del siglo XVIII de la era actual, en algunos países la industria pasó a ser la actividad fundamental, sentando las bases económicas que consolidaron la revolución industrial, ahora en estado crítico.
La palabra "noético" deriva de la raíz griega nous que significa "conocimiento, inteligencia, espíritu". Ha dado base a otros términos como noosfera (Pierre Teilhard de Chardin) o noología (Edgar Morin). En inglés, se utiliza con gran frecuencia en el ámbito estadounidense donde en Sausalito, California funciona un Instituto de Ciencias Noéticas fundado por el ex astronauta Edgar Mitchell. En francés, "noese" se usa con frecuencia como un adjetivo en círculos de estudios fenomenológicos (donde es definido el proceso de “conocer”) y también entre los semiólogos como “referente al conocimiento”.
La revolución noética fue preanunciada por pensadores como Henri Bergson, Albert Einstein y Werner Heisenberg, entre otros, y viene siendo configurada por Edgar Morin, Ilya Prigogine, Trinh Xuan Thuan, Ervin Laszlo, Hubert Reeves, Jacques Lesourne, Henri Atlan y muchos más. Entre nosotros, Hugo Rodríguez. El paleontólogo Teilhard documentó el modo en que la evolución cósmica (de la cual somos parte) ha pasado sucesivamente de la Energía a la Materia, de la Materia a la Vida, y actualmente de la Vida al Pensamiento) por consiguiente, al Conocimiento.
Quienes han explorado los potenciales anidados en la consciencia humana, mediante la meditación integral o los estados alterados de consciencia, revelan otras latitudes del conocimiento evolutivo. Es el principio de la mutación portentosa que fecunda el alba de la revolución noética. El principio de una era inédita.
La “realidad” excede nuestros cinco sentidos convencionales. Hay “en” nosotros y “alrededor” de nosotros una infinidad de fenómenos y procesos que no pueden ser registrados por el oído, la vista, el olfato, el gusto y el tacto.
Constituyen la dimensión “metafísica”, o sea, instancias que están más allá de lo corporal y de la verificación sensorial: implican una órbita transpersonal.
Las relaciones humanas intensas y profundas dependen del desarrollo de dones que existen naturalmente en nuestro ser, pero que requieren estímulo y refinamiento para desplegar todas sus posibilidades.
Asimismo, la evolución individual no puede ser resultado de la casualidad sino que requiere un refinamiento constante de la propia existencia. Vivir es como asumir la partitura de una sinfonía. Ello nos plantea la necesidad de “afinar” sin pausa el instrumento humano que constituimos y al mismo tiempo el desafío de captar el “concierto” implícito en el mundo y en la sociedad. Para aportarle nuestro matiz singular.
De ello surge el “sentido de la vida”. Es así como brota y fructifica una melodía vivencial e incomparable: el espíritu comunitario.
Despojada del impulso devocional (enfocado en algún ente “superior”) o ritual (basado en formalismos o símbolos), el acto meditativo basado en el ritmo respiratorio y permeable a sonidos específicos permite la emergencia en nuestra consciencia de un sinfín de sutilezas que no vienen acompañadas de conceptos o ideas. Se trata de la pura materia prima del acto de percibirlo todo tal como es: eterno y espontáneo. Nos libramos de lastres e interferencias paralizantes.
Entramos en una zona de fluidez incondicional.
Ello requiere persistencia y sencillez. Un error usual es buscar espectacularidad en el campo espiritual, donde en verdad todo es ingobernable y liberador. Lo consideramos una “introvisión” donde la convergencia de impresiones sutiles nos permite abrirnos en función de una “común-unidad” no regida por el tiempo y el espacio: el latido universal.
Una comunión sin fronteras.
“Luego me quedé de pie sobre la montaña más alta de todas, abajo, alrededor de mí, yacía el aro completo del mundo; y mientras estaba allí, vi más de lo que puedo contar y entendí más de lo que vi; porque estuve viendo de manera sagrada las formas de todas las cosas del Espíritu, y la forma de todas las formas y la manera en que tienen que convivir como un solo ser. Y vi que el aro sagrado de mi pueblo era uno entre muchos, y que formaban un círculo tan ancho como la luz del día y la luz de las estrellas, y que al centro crecía un enorme árbol floreciente cuyo fin era dar sombra a todos los hijos de una sola Madre y un solo Padre. Y vi que era Sagrado.”
Alce Negro (Black Elk) 1863-1950
Una nueva ciencia llamada neuroteología nos dice que Dios no se encuentra en las circunvoluciones perfectas del espacio, la ambigüedad cuántica del átomo o los vaivenes fortuitos de un Big Bang insondable, sino en el chisporroteo eléctrico del cerebro humano. Los neuroteólogos han verificado que durante el estado meditativo profundo denominado atención plena, nuestras neuronas irradian ondas gamma de 40 ciclos por segundo que se entrelazan en lo que comúnmente es denominado experiencia mística. De este modo, el cerebro se ha convertido hoy en una especie de "nuevo planeta" circunvalado por psicoexploradores que denodadamente bucean bajo su superficie dando la espalda a las religiones convencionales.
En otra vereda conceptual, el filósofo francés Michel Onfray ha escrito un "Tratado de ateología" tras leer atentamente los textos sagrados de las tres religiones monoteístas: la Torá, el Corán y la Biblia, y destaca que "tienen en común el odio hacia las mujeres, a la inteligencia y la razón, a los libros, a la carne, a la libertad de cultura". Este pensador ateo propone un pensamiento eminentemente materialista en base a un elogio de todos los ámbitos que le interesan: la ética de la vida, la política, el uso del cuerpo, los relatos amorosos. Afirma que la probidad y el conocimiento del mundo son claves inevitables: "Es necesario trabajar con la realidad y construir a partir de ella". Trabaja en la reconstrucción de mitos guiados por la "pulsión de muerte", es decir, la negación del mundo y la existencia en favor de quimeras y cuentos. Posición que le ha conducido a un ateísmo no cristiano, que no conserva los usos del cristianismo en la vida corriente. Promueve un arte de vivir hedonista orientado hacia la existencia, la cultura de las artes y del conocimiento, la expansión, el placer, el conocimiento de sí mismo y del otro.
Aunque con ánimo crítico, Onfray advierte que la virulencia fundamentalista de los últimos tiempos se debe a que los monoteísmos (como religiones organizadas) han entrado en decadencia irreversible. De sus ruinas estaría surgiendo un nihilismo vagamente deísta que ya impregnaría nuestra sociedad de tal manera, que amenaza con convertirse en la neo-religión del siglo XXI: un hedonismo barato, consumista, anti-solidario y sin anclajes en ningún sistema de valores que no sea la pura justificación del placer/beneficio personal rápido y fácil; en definitiva, el triunfo ideológico del materialismo neoliberal más crudo.
La ofuscación de Onfray, hijo de una Europa agónica, me remite poéticamente al visionario William Blake: "Para ver el mundo en un grano de arena, y el Cielo en una flor silvestre, abarca el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora." Eso promuevo en mis meditaciones.
Cotidianamente, lo que llamamos "realidad" es algo mucho más vasto de lo que creemos percibir. Nuestros cinco sentidos convencionales nos brindan apenas detalles específicos pertinentes a la vida de relación, y no al significado de la existencia o a la proyección de nuestro destino como seres sensibles y como especie racional.
Observo a una madre y una hija adolescente, vestidas de luto, junto al féretro que es cargado en un vehículo funerario: claramente, falleció el jefe familiar. Lloran, crispadas. Siento en el acto que ese gran dolor es "amor no vivido". Amplío el tema y pienso que el drama de la cultura materialista de esta época es la "vida no vivida". Que fomenta un miedo patológico a la muerte, que es celebrado por los dictadores, los nihilistas o los terroristas suicidas.
Mi finado papá, en un instante de su senilidad, suspiró y dijo: "¡Qué rápido que pasó todo!" Corrió toda su vida y jamás se detuvo a apreciar su paisaje interno. Aristóteles decía: "los seres Eternos no están en el tiempo". Por lo tanto, la existencia de Dios es ahora: el ahora eterno que separa las duraciones pasadas de las duraciones futuras, pero que en sí mismo no es una duración. Y expresó al respecto el Maestro Eckhart, "Dios está creando la totalidad del mundo ahora, en este instante". Tu instante.
Hubo hombres contemporáneos de la Primera Guerra Mundial (1914-18), entre ellos, el poeta místico irlandés William Butler Yeats (1865-1939), que en su poema La Segunda Venida (Second Coming, 1920) denunciaba, angustiado, el panorama reinante: la anarquía que asolaba la tierra, la marejada de sangre que se alzaba en el horizonte, el ritual con que los verdugos laceraban la inocencia, en resumen, una clase distinta de individuos (los fascistas y los comunistas) que iban a quedarse con el mundo.
Dando vueltas y vueltas en la espiral creciente
ya no puede el halcón oír al halconero;
todo se desmorona; el centro cede;
la mera anarquía se abate sobre el mundo,
se suelta la marea de la sangre, y por doquier
es ahogado el ritual de la inocencia.;
Los mejores carecen de convicción, y los peores
están rebosantes de febril intensidad.
Ante semejante perspectiva, pesadas tinieblas llovían sobre su cabeza y sus pesadillas de guerras y desastres sólo eran vaticinios de cosas peores que revelaría, por medio de la poesía (ese lenguaje cifrado), al resto de la humanidad. Recordemos: fue testigo de la barbarie sectaria en su país, del salvajismo por razones de Estado, de etnia, de religión. Y vivía trastornado por los gyres, trágicas espirales irrefrenables que agitan la historia. Yeats falleció justo al comenzar la Segunda Guerra Mundial que desembocó en el espanto del Holocausto y de Hiroshima.
Su visión del colapso de Europa era inequívoca. No obstante, una estrella brillaba a veces en su cielo encapotado y en otro poema, Plegaria para la vejez, escribiría:
Dios me guarde de aquellos humanos pensamientos
que en la mente están solos;
aquel que canta una canción durable
la siente en lo más hondo.
De cuando a un viejo le convierte en sabio,
alabado por todos;
Ah, ¿quién soy yo que nunca pareciera,
por mi canción un loco?
Rezo – pues las palabras vacías ya se fueron
y la plegaria ha vuelto sólo-
para que pueda parecer, aún cuando viejo muera,
un hombre apasionado, loco.
Evoco estas postales poéticas porque los titulares actuales son también recurrentes relatos de caos y destrucción. Y dado que los grandes poetas son las antenas de sus sociedades y de su tiempo, imagino lo que Yeats escribiría tras recorrer las noticias que ofrece la Internet. Y lo primero que se me presenta es una imagen de advenimiento, libre de connotaciones bíblicas o devocionales. Simplemente como la venida o llegada de una época determinada o de un acontecimiento trascendental. Que podría ser un nuevo periodo histórico o el acaecer de algo o alguien muy importante. ¿Por qué? Porque estoy categóricamente convencido de que estamos atravesando un umbral, rumbo a algo irreversible.
¿Un apocalipsis? ¿Una conmoción 2012? Nada de eso. Algo más sutil, más definitivo.
En estas circunstancias hay solamente dos maneras de posicionarse: dejar que nos dominen sensaciones del tipo “fin del mundo” (con toda su caravana de datos horribles) o predisponerse a intuir detalles parciales del acontecimiento magno que se alberga entre los pliegues de la realidad actual (aunque no sean del todo nítidos).
Sabemos que estamos permanentemente sumergidos en una energía vital universal que abarca a todas las cosas y a todos los seres. Todas las células de nuestro cuerpo danzan acompañando el ritmo de sus melodías intangibles.
Todo advenimiento es un estado de transición, entre lo que uno deja de ser y lo que poco a poco va enhebrándose en su alma como un manto invisible. Una travesía permanente sin punto de partida y sin puerto de destino.
La meditación que forma parte de nuestra tarea espiritual cotidiana, es un trampolín inmaterial: saltar o no saltar (hacia lo elevado), he ahí el dilema.
Soy un pensador de vanguardia. Cultivo la heterodoxia, o sea: me he apartado de las opiniones, prácticas, normas o doctrinas generalmente admitidas como mayoritarias. No comulgo con los oficialismos, ni adhiero a las variadas fórmulas de oposición que se presentan a derecha e izquierda en el panorama ideológico. Tampoco me atraen las minorías exóticas, en particular las dedicadas a dudar de todo o a preconizar principios acalambrados.
En consecuencia, soy un pensador que a cierta gente le inspira desconfianza. En especial a aquellos que creen poseer todas las respuestas y todos los libretos revelados por deidades supremas o decrépitas.
Soy un sembrador de certidumbres y paradojas: creo que el proceso evolutivo de la humanidad y presiento que la Era de los Imperios llegó a su fin. Estamos recorriendo un terreno sembrado de agonías y amaneceres.
Soy un mutante cultural. No procuro seguidores y me mantengo alerta, en estado de atención. Soy un buscador solitario entre los ritos insípidos de una cultura agonizante. Conozco los rituales de la aurora y también conozco a otros que como yo, sintonizan a su manera la música de las esferas.
Cuando alguien sin experiencia en alguna práctica de meditación ingresa al trabajo introspectivo, suele sentirse tentado por la idea de alcanzar un estado de “serenidad”. Si ha tenido la oportunidad de leer algo acerca del tema, puede ser que se haya familiarizado con el concepto de “iluminación”. Asimismo, habrá verificado una referencia persistente al acto de “desapego”. Conviene enfocar ahora tales asuntos con mayor precisión.
La serenidad no consiste en una supresión de las turbulencias emotivas o psíquicas del individuo, sino en una especie de sedimentación de aguas revueltas: los obstáculos no desparecen sino que van a parar a una zona donde no estorban el acceso a la atención plena (fruto de la experiencia meditativa). Bien dijo Thomas de Kempis (1380-1471): “La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella”.
Las tradiciones religiosas vinculan la iluminación a cierto tipo de don concedido por la Divinidad, pero en verdad correspondería asumirla como un “esclarecimiento” sobre el significado de ser humanos en el Universo. Según Eckhart Tolle (1948) “es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, eres tú en esencia y que, sin embargo, es mucho más grande que tú. Es el encuentro de tu verdadera naturaleza, más allá de nombres y formas.”
Finalmente, sobre el desapego, manifiesta la Universidad Espiritual Brahma Kumaris: “Desapego es una palabra a menudo poco comprendida. No significa cortar con algo o alejarse de ello. Significa aprender a separar dos cosas distintas, el mundo exterior y el mundo interior, y ser capaces de diferenciar estos dos mundos. No consiste en rechazar a los seres humanos y el mundo material. No implica separarse de éstos, sino permanecer conscientes de nosotros mismos como seres espirituales y desempeñar nuestro papel en el mundo: es mantenerse centrado en la propia espiritualidad.”
Como sinónimo de ese instante intenso, la luz solar nos da una precisión pertinente. Día tras día, su energía nutritiva e irrefrenable se derrama sobre la Tierra y todas las criaturas que la habitan. No se trata apenas de una influencia ejercida entre lo que llamamos amanecer y crepúsculo, ya que su influencia dinamizadora se produce más allá de lo que consideramos como el día y la noche. Sabemos que el Sol y todos los cuerpos celestes que orbitan a su alrededor (en particular nuestro planeta) constituyen el Sistema Solar. Pero no toda la gente tiene presente su influencia crucial en todo lo referido a la vitalidad de nuestra realidad cotidiana.
A diferencia de los pueblos orientales, donde tradicionalmente el Sol ha sido deificado, el Occidente cristiano considera que los cultos solares pertenecen al lado “pagano” de la realidad y, por consiguiente, los sitúa entre las costumbres que deben ser desechadas. El Sol aparece asimismo como deidad en tradiciones dispares como los egipcios, los celtas y los incas. Del mismo modo, constituyó un referente devocional entre los antiguos esenios de Palestina.
El emperador romano Constantino, al constatar que el poder de Roma se debilitaba, emitió en el año 313 de la era actual un Edicto de la Tolerancia inserto en la dinámica imperial apuntada a absorber la expansiva devoción cristiana de la época y a amalgamarla con los cultos paganos de aquellos tiempos. Es evidente que a fin de concretar su plan político Constantino instituyó el domingo –día del Sol– como día de reposo, en lugar del sábado que guardaban los cristianos fieles, para consolar así a los antiguos adoradores solares.
La meditación no es algo que “hacemos” sino algo que comienza a suceder cuando nos predisponemos a entablar una relación amistosa con quien realmente somos. No es algo que empieza o termina: la metáfora solar aclara mucho al respecto.
La verdadera historia de la humanidad no es la de los imperios, sino la de nuestra inmersión cabal en la intensidad vital, fluidamente, sin reserva alguna. Lo demás es lastre, futilidad.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la UNICEF informan que en todo momento, en los países en desarrollo, la mitad de sus habitantes padece algún problema de salud provocado por deficiencias en la provisión de agua potable o por ausencia de adecuados servicios sanitarios. En esas mismas comarcas, los niños son portadores de al menos un millar de parásitos distintos que les provocan anemia, retardan su desarrollo e inducen otros trastornos debilitantes. Se ha comprobado que un gramo de material fecal contiene diez millones de virus, un millón de bacterias, mil quistes parasitarios y cien huevos de parásitos. Las mismas entidades estiman que 443 millones de días de asistencia a la escuela se pierden cada año debido a enfermedades vinculadas con el agua, con el consiguiente trastorno familiar y comunitario.
Inundaciones monumentales, causadas endémicamente por las lluvias monsónicas en Asia, han afectado grandes regiones en Bangladesh, el norte de India, el sur de Nepal y Pakistán: han forzado el éxodo de millones de personas y han multiplicado los riesgos de enfermedades surgidas de las aguas contaminadas. De acuerdo con cifras de la ONU, solamente en un año, más de 117 millones de personas han sufrido a causa de unos 300 desastres naturales ocurridos en el planeta, la mayoría de ellos vinculados al agua. Entre tales catástrofes se incluyen devastadoras sequías en China y África y –obviamente– inundaciones masivas en Asia y en otros puntos del continente africano, que en su totalidad causaron daños por cerca de 15.000 millones de dólares.
A mediados de agosto de 2007 tuvo lugar en Estocolmo la 17ª Semana Mundial del Agua, donde se afirmó que el mundo está al borde de “una nueva era de escasez hídrica” considerada como “la más seria de la Historia”. Anders Berntell, director ejecutivo del Instituto Internacional del Agua, advirtió que “1.400 millones de personas viven en regiones con real escasez de agua, y otros 1.100 millones en áreas donde se la consume con exceso”. Berntell culpó tanto a donantes internacionales como a los gobiernos por sus sesgadas prioridades en materia de gasto para el desarrollo, donde el agua y el saneamiento aparecen al fondo de los programas sociales.
Durante el mismo cónclave, Fredrick Reinfeldt, primer ministro sueco, sostuvo que “sin agua no hay vida”. Y añadió que “cada día vemos morir a unas 34.000 personas por enfermedades relacionadas con el agua y el saneamiento deficientes. No creo que nadie en nuestro planeta pueda permanecer indiferente a estos hechos. ¿Qué podemos hacer?”
Según el Banco Asiático de Desarrollo, una inversión mínima de 8.000 millones de dólares anuales aseguraría que cada país de esa región redujera a la mitad su proporción de habitantes sin acceso al agua y mejoraría su saneamiento. Pero en el mismo contexto del cónclave celebrado en la capital de Suecia, circularon documentos donde se resaltaba en desenfrenado incremento de los gastos militares registrados en la Tierra durante el período 1997-2006, que el año pasado subió en un 37 por ciento hasta totalizar la increíble suma de 1.200.000.000.000 dólares (más de un billón).
Simultáneamente, por ausencia de agua, la desertificación ya ha sido responsable de elevadísimos niveles de migración forzada y varias naciones europeas ya tienen que enfrentar las consecuencias cuando llegan a sus playas botes cargados de personas que han arriesgado sus vidas para buscar el sustento ya no pueden obtener en sus propios países. Se calcula que si el cambio climático se acelera, más de mil millones de personas (una séptima parte de la actual población mundial) podrían verse obligadas a abandonar sus hogares entre la actualidad y el 2050.
La página de Internet del programa conjunto de la Organización Mundial de la Salud y de UNICEF expresa: “El acceso a un mejor suministro de agua no solamente es una necesidad fundamental y un derecho humano, también tiene considerables beneficios sanitarios y económicos para hogares e individuos". Ante ello, la urgente acción global de respuesta brilla por su ausencia. Frente a esta sociedad del colapso, el periodista Mariano Pujadas ha escrito: “El agua es ahora una mercancía con la que comerciar y un instrumento al servicio del desarrollismo salvaje, y nosotros nos miramos y nos preguntamos: ¿qué puedo hacer para ahorrar agua? Me temo que lo único que podemos hacer para ahorrar agua es organizarnos y luchar para destruir las causas del despilfarro.”
Hay en nuestro planeta un vértigo de acontecimientos psico-globales que no son registrados por los medios de comunicación social, aunque sí –y con extrema nitidez– por artistas que logran proyectarse a escalas de percepción y entendimiento que abren avenidas inéditas para del discernimiento de nuestra presencia en el universo. Tal es el caso del escultor argentino Hugo Rodríguez, autor de un libro revelador titulado Cosmovisión (ed. Leviatán). Se trata de un texto-germen que este imaginador autodidacta radicado hace muchos años en Brasil y ahora dedicado a tallar visiones con palabras, ha estado madurando durante más de tres décadas, diseminando entre sus amigos cartas donde se refería a la Tierra como órgano de la conciencia y la reproducción de este sistema solar y de los sistemas solares como unidades cósmicas de vida. Expresa con deslumbrante nitidez:
“Con nuestros átomos, más otros átomos que elegimos del entorno, nosotros los humanos producimos las organelas de la conciencia: telescopios, microscopios, computadores, astronaves, ciclotrones, para hacer nuevos átomos o isótopos, hacia nuevas combinaciones y la obtención de más energía, más poder de conciencia y supervivencia. Esta es la manera biológica, este es el camino de la energía para conducirse a sí misma a constituirse en un organismo cósmico auto-consciente, rumbo al devenir.”
Durante más de un siglo, los científicos han estado tratando de entender el concepto de estados superiores de conciencia, descartándolo generalmente como algo místico o filosófico que sólo podía basarse en la fe, ya que –según ellos– no existía ningún parámetro científico para evaluarlos. Asimismo, se ha comprobado que todas las grandes tradiciones religiosas o filosóficas han presentado la posibilidad de estados superlativos de la instancia humana. En el siglo XIX, William James, célebre psicólogo de la Universidad de Harvard, observó que la mayor parte de la gente sólo usa un 5-10% de su potencial mental, implicando así la existencia de estados más intensos. En 1901, el psicólogo canadiense Richard M. Bucke escribió un libro trascendental sobre el pleno potencial humano titulado, Conciencia Cósmica. Posteriormente, el terapeuta Abraham Maslow informó que los individuos "autorrealizados" tenían normalmente experiencias "cumbre" o "trascendentales".
Mucho antes de que circularan las Teorías-Gaia, Hugo Rodríguez, como antena de nuestra especie, anunciaba a quien se animara a escucharlo, que nuestro planeta vibra, como un ser viviente astrobiológico en un cosmos vivo astrofísico-químico-biológico consciente, revelándose a sí mismo por medio de la especie humana diferenciada para ello. Y añade:
“Para que sea posible la extinción de la industria de la guerra y el funcionamiento civil de los ejércitos, tenemos que llegar primero a otro estado de conciencia: la CONCIENCIA PLANETARIA, en la que consigamos vivenciarnos constituyendo un organismo vivo con nuestra Tierra en el sistema solar. Este será el primer aviso de que entramos en la Era de la Conciencia Cósmica, pero una Conciencia Cósmica que dejará finalmente de ser un fenómeno iniciativo propio de las elites iluminadas y de los ‘estados alterados’ para devenir una cosmovisión base de las creencias humanas.”
Este visionario nos concede un privilegio que podría trasformar por completo el actual conocimiento parcial sobre el significado del Universo, desbordando las estructuras psico-sociales con que hemos intentado comprender el metabolismo planetario.
Integramos un campo de energía suprema.
Existe en cada uno de nosotros una gama variada de dones que en general no asumimos y quedan latentes sin desarrollarse plenamente.
Son como semillas que no florecen ni fructifican. Y constituyen netamente la herramienta básica de todo lo que contribuye al despliegue evolutivo de nuestro ser en el contexto de la especie humana, en un planeta primordialmente acuático y en un universo inequívocamente solar.
Al mismo tiempo, está comprobado que un amplio repertorio de afecciones, trastornos y padecimientos humanos surgen de una incorrecta disposición de nuestras energías, tiempo y oportunidades de realización y plenitud. Esto no depende de doctrinas, esquemas o ideologías específicas a las que debamos ajustarnos a fin de justificar nuestra presencia en el mundo. La posibilidad de existir con intensidad y de asumir nuestros potenciales naturales está al alcance de todos, pero pocos son los que se embarcan en esta travesía reveladora, distraídos por los "ruidos" de la sociedad de consumo, o abrumados por el complejo quehacer cotidiano para "ganarse el pan de cada día".
La Organización Mundial de la Salud ofrece esta definición, que consideramos materialista e incompleta: "Salud es el logro del máximo nivel de bienestar físico, mental y social y de la capacidad de funcionamiento que permiten los factores sociales en los que viven inmersos el individuo y la colectividad."
No podemos reducir la vida humana apenas a los aspectos meramente biológicos y sociales de nuestra cultura. En el ser humano, la existencia biológica y psicológica se encuentra dotada de inteligencia, imaginación y ternura: eso es la espiritualidad. La vida humana no consiste en un hecho exclusivamente biológico: es una complejidad bio-psico-espiritual. Vivir humanamente no es apenas lograr mantener una vida biológica estable, reproducirse, y alcanzar cierto grado de bienestar propicio para tales fines. De modo igual o más importante, es realizar al máximo nuestro potencial sagrado.
No somos entidades de carne y hueso que ocasionalmente tienen experiencias espirituales: somos criaturas espirituales que evolucionamos en el seno de experiencias materiales. Pero por su naturaleza intangible y por deformación colectiva, lo "espiritual" se presta a fantasías de todo tipo que poco contribuyen a lo que en verdad han tratado de comunicarnos todos los grandes maestros de la humanidad.
¿De qué se trata? Pues que somos parte de un campo de energía suprema que sólo nos requiere fluir sin restricciones a fin de expresar en nuestro ser el himno de la creación. Meditar es un acto liberador donde la mente contempla su trascendencia vital en la realidad espiritual del ser humano, para disfrutar sin límites.
Tanto la crisis financiera internacional, como el presunto cambio climático y la real tragedia atómica en Japón, han creado un clima de angustia y desconcierto en todo nuestro planeta.
Más allá de los vaticinios apocalípticos y del regodeo de la prensa amarilla con las “malas noticias”, la humanidad está en condiciones de remontar las crisis de esta época mediante un retorno al uso de recursos que siempre dieron buenos resultados y que fueron puestos a un lado por las tentaciones de la Sociedad de Consumo y la Cultura del Derroche.
El nuevo “antiguo” camino individual y social que se abre ante nosotros resume principios materiales y espirituales. Por un lado, producir y consumir lo que genuinamente necesitamos para una vida satisfactoria. Por el otro, re-descubrir nuestro papel protagónico en la trayectoria evolutiva de nuestra especie.
Este desafío nos exige un grado de lucidez que no puede ni debe emanar de la ideología sino de un intenso y profundo compromiso existencial. Nos toca reinventar la vida humana en la Tierra. Por eso, somos la gente que estábamos esperando.
El mundo que viene será un mundo de auto-gestión, replanteo de la vida urbana, simplicidad voluntaria, frugalidad cotidiana, solidaridad comunitaria, responsabilidad ambiental, autonomía laboral y vida consciente fundada en disciplinas meditativas.
Un Nuevo Mundo y una Era Nueva ya están entre nosotros, los tripulantes de la Espacionave Tierra. Aquí y ahora. Nos toca construir el presente y el futuro con imaginación y ternura.
Autores: Lucio Capalbo, Ezequiel Ander Egg, Antonio Elizalde Hevia, Miguel Grinberg y Erwin Laszlo.
El economicismo liberal ha logrado hacernos creer que a más bienes y artefactos, mayor desarrollo y mayor bienestar. Sin embargo, el diagnóstico es unánime: hemos desatado procesos de destrucción ambiental irreversibles. La inequidad social llegó a niveles sin precedentes mientras el planeta y todo lo que hay en él han adoptado un comportamiento inestable, típico de los sistemas cercanos al quebranto.
También es cierto que mientras el derrumbe de la civilización materialista se acelera, otros procesos sutiles, pero de inconmensurable poder han comenzado. Una nueva actitud, la Conciencia Planetaria, se abre paso cada día, moldeando nuevas formas de organización humana.
El hecho es que nos aproximamos a un punto de inflexión, a una situación doble de colapso y advenimiento. Para superar tan inédito desafío, la humanidad deberá situarse, como sugería Einstein, fuera de los esquemas de pensamiento que crearon el problema. Se trata así de repensar los procesos de desenvolvimiento humano desde una perspectiva radicalmente diferente.
Decrecer con equidad recoge el pensamiento de cinco autores con una vasta trayectoria que comparten la convicción de que el conocimiento académico no puede disociarse de una acción comprometida al servicio de la humanidad y en armonía con la naturaleza. Identificando con claridad los diversos aspectos de la problemática ambiental, social y espiritual contemporánea, se atreven a proponer pautas orientadoras para un profundo cambio civilizatorio.
Reflexión sobre el arte de evolucionar
Teóricamente, la experiencia espiritual es considerada cómo punto de acceso a una instancia superior que diversas doctrinas denominan como iluminación, un estado "supremo" que idealmente debería disminuir las rutinas primitivas del ego humano en pos de una transparencia mayor donde se disciernan cabalmente los significados reales de la existencia. Pero con gran frecuencia se desemboca en una especie de narcisismo omnipotente que fabrica nuevos pantanos y condicionamientos psicológicos. Se habla sobre desplegar la propia naturaleza divina, apagar los deseos mundanos, experimentar la beatitud, asumir la no-mente, vibrar en la órbita de la gracia, despegarse de la ley de la causa y el efecto, trascender hacia lo ilimitado, paladear el néctar eterno, disfrutar un "astral" elevado, y mucho más por el estilo.
El concepto en sí, es equívoco: el término "iluminar" se traduce de la expresión inglesa "enlightenment" que remite a definiciones orientales (mayormente en sánscrito o tibetano). La raíz etimológica buddh se toma como equivalente a iluminación o despertar. La palabra tantrasignifica literalmente "expansión". De este modo, la imagen que se transita es la de una situación de "oscuridad" o "tinieblas" confrontada con una oportunidad de "luz" espléndida. Algunos pensadores consideran que en vez de "iluminación" "sería más ajustado decir "esclarecimiento".
Las enciclopedias traducen nirvana como un estado celestial que existe más allá del ciclo de la reencarnación (se sale del ciclo de la reencarnación, cuando se llega a la perfección); liberación del sufrimiento "kármico" (ley de la causa y el efecto); sensación celestial; paz interior. Según muchos maestros orientales, samadhi equivale al estado más elevado de la consciencia expandida y a una participación completa del ser humano en la Vida Cósmica. Constituye la meta máxima de la Yoga y eventualmente conduce a un estado de iluminación espiritual y sabiduría total. A su vez, mukti(o moksha) sería la libertad espiritual suprema, que no significa una emancipación del mundo manifestado sino una íntima y permanente identificación con la Consciencia Suprema, que sería la genuina naturaleza del propio ser o yo trascendental. Por lo tanto, la liberación suprema solo sería alcanzable consumando la propia identidad con el Universo.
Por su parte, remitiendo al acto de madurar, en 1784 el filósofo Emmanuel Kant respondió así el interrogante ¿Qué es la iluminación?: "Es el emerger del hombre desde su inmadurez auto-impuesta. La inmadurez es la incapacidad de usar el propio entendimiento sin guía de alguna otra persona. La inmadurez es auto-impuesta cuando su causa reside no en una falta de entendimiento, sino en una falta de resolución y coraje para actuar sin guías externos. ¡Sapere Aude! [atrévete a saber] Ten coraje para usar tu propio entendimiento: ése es el lema de la iluminación."
Algo está claro: la evolución ha sido siempre un concepto espiritual. En 1799, a los 24 años, Friedrich Schelling, señaló: "La historia cómo un todo, es un progresivo y gradual auto-despliegue de la revelación de lo Absoluto". Todos los grandes intuitivos han percibido que la realidad como un todo -de cierta manera esencial- se expande hacia alguna parte. La naturaleza y la humanidad tienen un propósito, una dirección. Que consiste en expresar cada vez con mayor nitidez un espíritu universal en el marco del tiempo y el espacio.
Una de las muchas portentosas funciones de la meditación es que se brinda como un portal hacia dimensiones diferentes. Es un recurso que induce a la semilla humana a florecer y a fructificar. Pero Osho nos advierte: "Millones de personas prefieren no crecer. Permanecen como semillas, se quedan en potencialidades, nunca llegan a realizarse. No saben qué es la autorrealización, no saben nada acerca de la existencia. Viven totalmente vacías y mueren totalmente vacías". El esclarecimiento, como "brote" audaz de la consciencia humana, es el arte de abrazar apasionadamente el dinamismo evolutivo.
Desde hace varios años, ciudadanos esclarecidos de San Carlos de Bariloche (Río Negro), realizan variadas actividades como talleres temáticos y ciclos de cine, con los objetivos de generar conciencia comunitaria y alentar la participación para proteger el ambiente natural y la comunidad local.
Por eso, del 20 al 26 de febrero, han vuelto a proponer un 4º Eco Encuentro 2012, concebido como una amalgama de todo lo aprendido, con el componente indispensable de paz y espiritualidad, Además, desde una forma optimista de ver la vida a través de la “resiliencia”, concepto que proviene de la física para indicar la capacidad de un material para recobrar su forma original. La familiaridad con este nuevo término será probablemente una cuestión de tiempo, pero también puede decirse que encierra términos como, permacultura, transición, sustentabilidad, reciclaje, etc.
Los organizadores sostienen que “el modelo vigente, basado en el consumo desmedido y la depredación de los recursos naturales (bienes comunes) nos está dejando con un planeta desolado. La situación actual nos exige cambiar y estar preparados para co-crear nuevas posibilidades, de manera beneficiosa para todos los seres vivientes. Queremos proponer un cambio de actitud que nos comprometa para lograr una mejor calidad de vida, vinculando y compartiendo un caudal de saberes útiles en áreas esenciales como educación, salud, vivienda, alimentación y estilos de vida que vibran en armonía con un desarrollo saludable del planeta, nuestra casa.”
Con firme convicción y flexibilidad, los organizadores del 4º Eco Encuentro añaden que “más allá de etnias, religiones o posiciones sociales y/o políticas, compartimos un mismo sentimiento: atesorar lo que nos pertenece a todos. Con reverencia por la vida y por todo lo que hay en el universo. Sanar la Tierra es la tarea espiritual y material de todos. La tragedia que anhelamos evitar, es la extinción de las especies. Nosotros somos la causa de esta peligrosa situación, nosotros podemos y debemos revertirlo.”
Bajo la consigna “ayudando a ayudar”, los participantes proponen desechar la forma de pensar de la vieja escuela del derroche. Consideran que existe una realidad nueva basada en la sustentabilidad y la equidad: una química verde, que minimiza y reutiliza la basura, que promueve energías renovables, economías locales vibrantes, cuidado de propio cuerpo y del cuerpo del planeta. Afirman que es preciso hablar de espiritualidad ecológica “para sentir que estamos vivos, y que el mundo es un lugar sagrado”.
Con estas propuestas comenzó el IV Eco Encuentro de la Patagonia en el Teatro La Baita, donde aporté algunas reflexiones sobre el poder de las minorías. Luego asistimos a la proyección del documental "Pueblos en Transición 1.0".
En esa misma línea, el escritor resalté que los grandes cambios -como derribar la segregación racial en Estados Unidos- comienzan con hechos aislados de personas o pequeños grupos, e insté a la audiencia a seguir tal intuición al respecto: "Estamos en una época fundacional porque la gente común se está levantando y creando movimientos municipales para hacer realidad los reclamos de justicia ambiental y justicia social no solo para el presente sino para las futuras generaciones".
Por un lado, en diferentes ámbitos municipales de Bariloche se programaron talleres de energías alternativas, permacultura y geometría sagrada. Por mi lado, diserté en el Hotel Villa Huinid: HUMANIDAD PUNTO 0 fue el título de la conferencia donde expuse el contexto socio ambiental y espiritual en el que se encuentra la humanidad y la oportunidad de realizar un gran cambio en la vida cotidiana.
En otros ámbitos, el biólogo Vicente Jesús Sáenz disertó sobre “La geometría como camino para alcanzar lo sagrado”; Diego Cirelli y Carlos Fernández lo hicieron sobre “Permacultura, ¿es posible en Bariloche?”; y el ingeniero Alejandro González sobre “Elección de alimentos y cambio climático: la reducción del impacto está al alcance de todos”.
Un nuevo movimiento internacional centrado en la seguridad alimentaria, bajo el lema “Ocupar nuestra Provisión de Alimentos” (en inglés, Occupy Our Food Supply) ha elegido el 27 de febrero para celebrar su primer Día de Acción Global.
Se trata de una coalición de 60 organizaciones no gubernamentales y 30 entidades civiles dedicadas a resistir el accionar concentrador de los monopolios corporativos existentes en el ámbito del control excluyente de la producción y distribución de alimentos.
Las informaciones provistas por los promotores del evento destacan que en Norteamérica el procesamiento del 70 por ciento de la carne consumida por los ciudadanos está en manos de solamente tres monopolios comerciales: Tyson, Cargill y JBS.
Asimismo, sostienen que más del 90 por ciento de las semillas de soja y 80 por ciento del maíz consumido en EEUU es vendido por apenas una sola corporación (Monsanto), mientras que a nivel mundial casi el 90 por ciento del comercio de granos es regido por apenas cuatro mega-compañías.
La situación reinante en EEUU pone en evidencia que durante las últimas tres décadas se concentró enormemente el comercio general de alimentos, a punto que sobre 40 mil artículos alimentarios ofrecidos por los supermercados, más de la mitad es procesado por sólo diez corporaciones.
Con epicentro en Estados Unidos, y ramificaciones en Brasil, Hungría e Irlanda –entre otros países– esta flamante alianza cuenta con el apoyo de numerosos grupos fogueados en el movimientismo reivindicador, como fue recientemente el caso de las acciones conocidas como “Ocupar Wall Street”.
Las agrupaciones que confluyen en esta iniciativa provienen del plano de la promoción de la agricultura sustentable, la justicia alimentarias, el movimiento Slow Food (Comida Lenta) y varios tradicionales movimientos ecologistas.
Una de las acciones comunitarias previstas para el 27 de febrero en Nueva York, está dirigida a horticultores urbanos, ecologistas, sindicalistas, trabajadores del ramo y público en general, para reunirse a mediodía en el Parque Zuccotti, a fin de intercambiar semillas y celebrar el circuito de comidas sanas del área metropolitana.
Entre los portavoces estadounidenses más notorios aparece la escritora Anna Lappé, autora del libro “Dieta para un Planeta Caliente” y miembro de la junta directiva de la organización Rainforest Action Network (Res de acción por los bosques pluviales).
La fogueada activista expresa que “el control corporativo de nuestro sistema alimentario ha producido la quiebra de millares de emprendimientos agro-familiares, la destrucción de la fertilidad de los suelos, la contaminación de nuestras aguas, y epidemias que incluyen la diabetes tipo 2, los males cardíacos, e inclusive algunos tipos de cáncer”.
Otra popular figura estadounidense sumada a este Día Mundial de Acción, es el veterano cantante folklórico Willie Nelson, fundador y presidente de una entidad de protección alimentaria llamada Farm Aid (Agro-auxilio).
“Nada es más importante que la comida que comemos y las familias agrícolas que la producen: nuestros recursos alimentarios pertenecen a quienes los generan y no al control de un puñado de corporaciones; simplemente no podemos tolerar tal cosa”, destacó Nelson.
En Indonesia, Rukaiyah Rofiq, director de la organización de derechos humanos Yayasan SETARA Jambi, ha declarado que “es estimulante ver que los estadounidenses están atando los cabos que conectan las opciones alimentarias que asumen en sus compras y los serios impactos que ello provoca aquí en el sudeste de Asia”.
Una participante notoria del movimiento es la mundialmente conocida científica y eco-activista hindú Vandana Shiva, quien declaró que “nuestro sistema alimentario ha sido secuestrado por los gigantes corporativos, desde las semillas hasta la mesa hogareña”.
Y añaduó que “el macro-control es tal que controlan las semillas, el comercio agrícola, el procesamiento de los alimentos y las ventas por mayor y menor, al punto de constituir una dictadura alimentaria: debemos ocupar el sistema de alimentos para crear una democracia alimentaria”.
Numerosas campañas de educación comunitaria y manifestaciones públicas frente a las casas centrales de las corporaciones involucradas y los supermercados de su órbita, son algunas de las iniciativas del movimiento, que utiliza ampliamente la Internet para difundir sus premisas.
El mundo es más grande que la capacidad humana de imaginar el mundo. El Cosmos insondable y la Naturaleza intrincada son realidades que trascienden la capacidad que poseen nuestras mentes para discernir las realidades universales.
Existen detalles sutiles y dimensiones complejas que no atinamos a imaginar siquiera. Procesos cuya configuración no alcanzamos a presuponer ni a percibir.
Muchas sociedades del globo, en toda su variedad y rica historia, poseen singularidades que las distinguen y sitúan como valiosos referentes de potencialidad renovadora y/o generativa. Pero la tendencia que impone actualmente la economía globalizada, con sus metas de colectivización mercantil inducida por el Dios Mercado, representa una siniestra amenaza contra la diversidad y la autonomía generacional.
Sepamos discernir entre lo que agoniza en este mundo y lo que brota serenamente en las latitudes profundas de la imaginación incondicionada. Hay una portentosa energía impregnando las más valiosas fibras de la potencialidad humana. Somos el porvenir que estuvimos anhelando.
La ciudad brasileña de Porto Alegre fue sede, del 24 al 29 del mes de enero, del Foro Social Mundial (FSM), centrado en el tema principal “Crisis capitalista: Justicia social y ambiental”.
Incluyó el Foro Social Temático 2012, evento altermundista organizado por un grupo de activistas y movimientos sociales ligados al desarrollo del FSM.
El FST 2012 sesionó también en las localidades de Canoas, São Leopoldo y Novo Hamburgo, todas ellas en el estado de Río Grande do Sul. Se propuso como un espacio de debates preparatorios para la Cumbre de los Pueblos, cónclave alternativo a la conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, la Río+20, que se producirá en junio, en Río de Janeiro.
El FSM constituye un espacio de debate democrático de ideas, profundización de reflexiones, formulación de propuestas, intercambio de experiencias y articulación de movimientos sociales, redes, ONG y otras organizaciones de la sociedad civil que se oponen al neoliberalismo y el dominio del mundo por el capital financiero y por cualquier forma de imperialismo.
Tras su primer encuentro mundial, realizado en 2001, se configuró como un proceso permanente para la búsqueda y la construcción de alternativas ante las políticas neoliberales, orientado por una Carta de Principios (principal documento del FSM) y motivado por la consigna “Otro mundo es posible”.
Este FSM se realizó en un momento cuando varios pueblos del planeta se movilizan por la libertad y la democracia, como sucede en el mundo árabe. En Occidente, la crisis del capitalismo ha suscitado el movimiento “Ocupar Wall Street”. Ambas manifestaciones tienen en común la claridad en cuanto a lo que no se quiere, aunque sin presentar todavía propuestas alternativas viables.
El pasado 5 de octubre hubo movilizaciones masivas en mil ciudades de 82 países. En el mundo andino, los pueblos indígenas cuestionan el modelo capitalista de desarrollo y rescatan los valores tradicionales del buen vivir (conocido como “sumak kawsay”).
La plataforma del FSM sostiene que “es necesario reinventar la convivencia humana, pero por parte de los dueños del poder no se capta ninguna propuesta fuera de la preocupación por no alterar la ruleta del casino global. La crisis ambiental es ignorada por la ONU, por los gobiernos de los EE.UU. y de la Unión Europea, y nada garantiza que la Río+20 conseguirá reunir, como en la Eco-92, a jefes de Estado de los países del G8”.
Y añade que “se mercantiliza la vida, se destruyen los ecosistemas, se reduce velozmente la biodiversidad. En todo el planeta se acentúan las iniciativas extractivistas, sin ninguna preocupación por su impacto social y ambiental. Ahora la lucha social es oxigenada por la búsqueda de democracia y soberanía en los países árabes y las grandes manifestaciones, en Europa y en los EE.UU., contra la lógica necrófila del neoliberalismo”.
El Foro Social Mundial se caracteriza especialmente por la pluralidad y por la diversidad, expresando un carácter no confesional, no gubernamental y no partidario. Se propone facilitar la articulación, de forma descentralizada y en red, de entidades y movimientos comprometidos en acciones concretas, desde el nivel local al internacional, para la construcción de un mundo distinto, aunque no pretende ser una instancia representativa de la sociedad civil mundial.
El FSM no es una entidad ni una organización. La dinámica del FSM 2012 se ha basado en grupos temáticos capaces de acoger experiencias y contribuciones de los participantes en torno a cuatro ejes transversales: 1. Fundamentos éticos y filosóficos; 2. Derechos humanos, pueblos, territorios y defensa de la Madre Tierra; 3. Producción, distribución y consumo: acceso a la riqueza, bienes comunes y economía de transición; 4. Sujetos políticos, arquitectura de poder y democracia.
El Mahatma Gandhi tenía una historia favorita que contaba a sus nietos.
Se refería a un antiguo Rey indio obsesionado por el deseo de hallar el significado de la paz. Quería saber qué es la paz, cómo lograrla, y qué hacer con ella cuando la encontrara… esos eran los temas que lo acuciaban.
Los intelectuales del reino fueron invitados a responder las preguntas del Rey, a cambio de una suculenta recompensa. Muchos lo intentaron, pero ninguno logró explicar cómo hallar la paz y qué hacer con ella. Al fin, alguien le dijo al Rey que debía consultar a un sabio que vivía fuera de los límites de su reino.
“Es un hombre muy anciano y muy sabio”, le dijeron al Rey. “Si alguien puede proporcionarte una respuesta, ésa es la persona”.
El Rey fue hasta donde estaba el sabio y le planteó la eterna pregunta. Si decir una palabra, el sabio fue hasta la cocina y le trajo al Rey un grano de trigo.
“En esto encontrarás la respuesta a tu pregunta”, dijo el sabio mientras colocaba el grano de trigo en la palma extendida del Rey.
Intrigado pero sin ánimo de admitir su ignorancia, el Rey apretó el grano de trigo y regresó a su palacio. Guardó el precioso grano en un pequeño cofre de oro, y depositó el cofre en su caja de caudales. Cada mañana, después de despertar, el Rey abría el cofre y miraba el grano para hallar la respuesta, pero nada encontraba.
Semanas más tarde, otro sabio que pasaba por allí, se detuvo para encontrarse con el Rey, que impacientemente lo invitó a resolver su dilema. El Rey explicó cómo había planteado la eterna pregunta y aquél sabio le había dado en cambio un grano de trigo. “Todas las mañanas he estado buscando la respuesta, pero no encuentro ninguna”.
El sabio dijo: “Es muy sencillo, su Majestad. Así como este grano representa alimento para el cuerpo, la paz representa alimento para el alma. Ahora bien, si mantenéis este grano encerrado en una caja de oro eventualmente se agotará sin proporcionar alimento ni se multiplicará. Sin embargo, si se le permite interactuar con los elementos –luz, agua, aire y suelo– florecerá, se multiplicará, y pronto tendréis un campo entero de trigo que no sólo os nutrirá sino también a muchos otros. Este es el significado de la paz. Debe nutrir vuestra alma y las almas de los otros, debe multiplicarse mediante la interacción con los elementos”.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 2012 como el Año Internacional de las Cooperativas y resaltó la contribución de las cooperativas al desarrollo económico y social, especialmente su impacto en la reducción de la pobreza, la creación de empleos y la integración social.
Bajo el tema «Las empresas cooperativas ayudan a construir un mundo mejor», el Año Internacional de las Cooperativas tiene tres objetivos principales:
1. Crear mayor conciencia:
Crear mayor conciencia del público sobre la contribución de las cooperativas al desarrollo económico y social, y al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
2. Promover el crecimiento:
Fomentar la constitución y el crecimiento de cooperativas, compuestas de personas e instituciones, para abordar sus necesidades económicas mutuas además de lograr una plena participación económica y social.
3. Establecer políticas adecuadas:
Alentar a los gobiernos y organismos reguladores a implementar políticas, leyes y normativas que propicien la constitución y el crecimiento de las cooperativas.
Al crear conciencia sobre las Cooperativas, el Año contribuirá a fomentar el apoyo y desarrollo de empresas cooperativas compuestas de personas y sus comunidades.
En varios países, han sido creados comités nacionales para coordinar encuentros locales y reunir a las asociaciones en diversos niveles, desde cooperativas propiamente dichas, pasando por medios de comunicación social y entes para el desarrollo comunitario, hasta organizaciones no gubernamentales.
Felice Llamas, coordinadora del Año Internacional de las Cooperativas, integrante del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, ha explicado que “la ONU recurre a esta estrategia a fin de llamar la atención sobre asuntos significativos y para fomentar la acción sobre cuestiones de importancia mundial.
En este caso, se remarcará el aporte de las cooperativas al crecimiento económico. Con esa designación, la ONU busca ayudar a crear conciencia sobre esa situación y promover el crecimiento de ese tipo de empresas como un modelo ineludible para impulsar el desarrollo”.
En declaraciones a Interpress Service, Llamas sostuvo que “las cooperativas son empresas que pertenecen a sus miembros y organizaciones de ayuda mutua que desempeñan un papel importante mejorando las condiciones socioeconómicas de sus integrantes y sus comunidades. Algunos de los principios y valores que las caracterizan son la autofinanciación, la igualdad y la responsabilidad social, un enfoque participativo y democrático y la preocupación por la comunidad. Mediante su interés por el bien común, contribuyen a la integración y a la cohesión social, así como también al bienestar de la sociedad, en general”.
En la superficie tú vas sonriendo, pero en lo profundo, solo hay lágrimas y nada más; en lo profundo hay angustia. La meditación, es disolverse, fundirse en el todo, olvidar por completo que estás separado, recordar tu unidad con el todo. Por eso, Gurdjieff solía llamar a su proceso de meditación “autorrecordar”; realmente, se trata de un recordar. Buda solía llamar a su meditación “recordar correcto”. Somos uno con el todo, aunque pensemos que estamos separados. Somos inseparables. No podemos separamos tan solo por pensar que estamos separados. Lo único que hace falta es recordar; lo único que hace falta es abandonar esta falsa noción de que estamos separados. Y en esos raros momentos en los que puedes poner a un lado tu ego, tu personalidad, tu complejo cuerpo-mente, y solo eres un observador, un testigo, una consciencia, por primera vez, pruebas la meditación. Y con ello, inmediatamente llega una gran dicha, viene rauda hacia ti desde todas las direcciones, desde todas las dimensiones. Todo tu vacío interior se llena inmediatamente. Se convierte en un lago de gozo. Ese es el fin, y el método, el medio, es la meditación. No existe otro método, no hay otro camino.
Mientras la ONU se prepara para celebrar en junio de 2012 el 20º aniversario de su aclamada conferencia ECO-92 bajo el lema Río+20, una abigarrada coalición mundial de entidades no gubernamentales planea un evento paralelo diferenciado del calendario oficial.
Así como Naciones Unidas concibe el evento como una Cumbre gubernamental sobre Desarrollo Sustentable, una centena de ONGs reunidas bajo el emblema “Comité Facilitador de la Sociedad Civil Brasileña para Río+20” proclama abiertamente su intención de organizar una Cumbre de los Pueblos.
Uno de sus primeros manifiestos sociales consignaba que “para garantizar que se cumpla con el derecho de todos los pueblos, especialmente aquellos más vulnerables, a tener acceso al agua, alimentos, energía, tierra, semillas, territorios y medios de vida dignos, y para reivindicar los Derechos de la Madre Tierra, estamos construyendo juntos la Asamblea Permanente de los Pueblos, a realizarse en Río”.
El testimonio añadía que “esta asamblea asumirá el desafío de hacer oír la voz de las mujeres y los hombres, jóvenes y mayores, que están resistiendo el avance de un modelo de desarrollo por definición ‘no sustentable’, cuya inhumanidad depredadora va buscando someter cada aspecto de la vida a la acción del mercado, anteponiendo siempre los lucros de unos pocos al buen vivir del conjunto, mientras simultáneamente asume un rostro cada vez más ‘verde’ detrás del cual ocultarse”.
Justamente en estos días, Brasil enfrenta una doble convulsión eco-territorial: mientras tres estados litoraleños padecen devastadoras inundaciones, otros dos estados del Sur son calcinados por una fuerte sequía: el caudal del tumultuoso río Paraná casi ha descendido a la mitad de su caudal.
Todo este torbellino permite anticipar que Río+20 superará ampliamente los temarios centrales de la ECO 92 (cambio climático y biodiversidad) para convertirse en una vasta asamblea multisectorial sobre el destino de la humanidad.
El Comité se consolidó formalmente en enero de 2011 durante el Foro Social Mundial de Dakar (Senegal), como resultado de debates realizados a lo largo de 2010 sobre la idea de un evento paralelo liderado por la sociedad civil, “por la justicia social y ambiental”.
Con el objetivo de reunir y articular a organizaciones y redes civiles del mundo entero, tuvo lugar una reunión internacional del Comité en junio de 2011, en Río de Janeiro, a la que asistieron representantes de más de 30 países.
Una segunda reunión se efectuó en octubre el mismo año, en Porto Alegre, y allí se ampliaron los lazos y las redes participantes, obteniendo para el Comité Facilitador voz y voto dentro de la Comisión Nacional Brasileña para Río+20.
Un informe reciente distribuido por el Grupo ETC de Canadá (entidad autónoma centrada en estudios sobre abusos del poder corporativo transnacional), titulado “¿Quién controlará la Economía Verde?”, documenta una tendencia hacia el aumento de la concentración corporativa global, favorecida incluso por la actual crisis financiera mundial.
El análisis resalta que si bien en diversos sectores estudiados hay estancamiento del crecimiento o incluso menos ingresos, las ganancias corporativas se mantuvieron, porque según su propia definición hicieron más con menos: con menos trabajadores, menos prestaciones y derechos laborales, menos consideraciones ambientales y de salud.
La investigadora uruguaya Silvia Ribeiro, integrante del Grupo ETC, comentó al respecto que “lo más verde de las propuestas de economía verde en las negociaciones formales hacia Río+20, es el color de los billetes que esperan ganar con ella las transnacionales.”
Indica además que al otro extremo de la cadena alimentaria las grandes superficies de ventas directas al consumidor (supermercados) han crecido a un punto tal, que ya en 2009 superaron el mercado total de energéticos, el mayor del mundo durante décadas.
Esto significa, acota Ribeiro, “un brutal control corporativo de qué, cuándo, cómo, con qué calidad, dónde y a qué precio se producen y consumen los alimentos y muchos otros productos de la vida cotidiana”.
En el mismo informe se analiza además el control corporativo en otros rubros estratégicos, como agua, petróleo y energía, minería y fertilizantes, forestación, farmacopea, veterinaria, genética animal, biotecnología, bioinformática, generación y almacenamiento de datos genómicos.
Otro pensador en sintonía con los preparativos mencionados es el profesor Edgar Jaimes, titular de la Universidad de los Andes e integrante del Grupo de Investigación de Suelo y Agua (GISA) en Trujillo, Venezuela: promueve como meta “una revolución necesaria”.
Para explicar el concepto, sostiene que “debemos asumirla como un proceso de tipo eco-social fundamentado en los principios y prácticas de la racionalidad ambiental, cuyo objetivo –según el investigador Enrique Leff– es lograr una reapropiación permanente de la naturaleza por parte de la sociedad”.
El profesor Jaimes evoca al respecto un fragmento del libro “Colapso” del biólogo Jared Diamond: “la civilización maya (quinientos años antes de la llegada de los españoles a sus tierras) había prácticamente desaparecido en menos de una generación, aparentemente víctima de un colapso ecológico producido por la insostenible agricultura de tala y quema que los mayas habían practicado durante muchas décadas”.
Algo sin precedentes sucedió en nuestro planeta: la vida social dejó de ser predominantemente rural para volverse crecientemente urbana. Vamos perdiendo gradualmente el contacto con la tierra que nos sustenta, y la vida natural presenta un doble deterioro. Por un lado, el arte de sembrar y cosechar que nos distinguió a partir del Neolítico, depende cada vez más de semillas de laboratorio y de potentes maquinarias. Al mismo tiempo, toxinas inéditas congestionan el aire, las aguas, los suelos, la flora, la fauna y –claro está– nosotros mismos.
¿Qué nos deparará la vida? ¿Qué nos va a pasar? Millones de hombres y mujeres de todas las edades se formulan estos interrogantes. Vivimos en una época signada simultáneamente por revelaciones sublimes y vaticinios funestos. La palabra ecología aparece sin cesar en la prensa actual ligada al concepto de “desastre” y esto causa rechazo por parte de quienes ya bastantes problemas propios tienen (en medio de una caravana de colapsos financieros y sociales) como para tener que cargar el peso de un presunto “fin del mundo” en el año 2012.
El Dragón del destino nos exige revisar nuestro papel protagónico en esta aventura terrenal, en medio de grandes convulsiones telúricas: tifones, terremotos, erupciones volcánicas, sequías, olas de calor, inundaciones, tornados, huracanes tropicales, y desastres radioactivos como el de Fukushima (Japón). Todo luce como una espiral incesante de crisis estructurales. Una especie extrema de “cambio de orden” que desata agudas visiones del porvenir signadas por los ritos de un “empezar de nuevo”.
Una doble consulta al I Ching depara a la vez indicios nítidos y la sorpresa de no ofrecer líneas de acción. El hexagrama 53 remite al progreso gradual y el hexagrama 39 a los obstáculos. Un entramado doble de avances e impedimentos. Un puente entre dos instancias divergentes: todo avance aumentará las dificultades, en tanto la inmovilidad permitirá descubrir la manera de superar sabiamente las dificultades emergentes.
Ahora, en medio de una pandemia de gripe A, los epidemiólogos sostienen que el promedio de megainfecciones es de tres por siglo. Si revisamos el siglo pasado, encontramos la influenza española (1918-9). Luego, en la década de los 50, un grave brote de poliomielitis afectó al mundo con una tasa de mortalidad cercana al 40 por ciento. En nuestro país se notificaron unos 6.500 casos. La última epidemia argentina de cólera (enfermedad infecciosa intestinal) comenzó en 1992 y se notificaron casi 5.000 casos.
Durante el ciclo álgido de la polio, mientras no había en nuestros hospitales suficientes pulmotores para atender a los niños afectados, espantados vecinos de la Capital Federal baldeaban masivamente las veredas y las calzadas con disoluciones de acaroína (fenol), pintaban con cal los cordones y los troncos de los árboles, en tanto las mamás cosían pastillas de alcanfor en el cuello de las camisetas de sus hijos o les ponían ramitos de ruda bajo la almohada. En el caso del cólera –inducido por aguas contaminadas– se comprobó que gran parte de los tanques de agua de los edificios de departamentos estaban destapados, nunca habían sido desinfectados y contenían restos de ratas, gatos o palomas que se habían ahogado tiempo atrás. Los servicios sanitarios porteños no estaban equipados para los análisis químicos pertinentes y las autoridades municipales bonaerenses constataron que muchos camiones “atmosféricos” –extractores del contenido de los “pozos negros”– vaciaban sus cargas por la noche en las banquinas del conurbano.
No olvidemos que la pandemia más fatídica del presente es obviamente el sida. Las autoridades sanitarias mundiales estiman que en la actualidad hay globalmente alrededor de 35 millones de infectados con este mal. Que desde su eclosión en 1981 ha matado a más de 25 millones de personas. En nuestro país, el primer caso fue diagnosticado en 1982. El continente más afectado es África.
En cuanto a la actual gripe A, se comprende la alarma imperante. Basta con recordar que en octubre de 1918 la gripe española, extendida a todos los continentes, fue declarada pandemia mundial, y durante 18 meses actuó violenta y mortalmente. Cálculos moderados estimaron que sólo durante el semestre de mayor virulencia fallecieron 25 millones de personas. De ellas, 17 millones en India, 500.000 en Estados Unidos y 200.000 en Gran Bretaña.
Socialmente, todo indica que no se puede esperar el advenimiento de una peste para actuar de acuerdo con su virulencia sino que la salubridad pública demanda sólidas políticas preventivas. Se trata de un desafío estructural, no apenas coyuntural. El sistema hospitalario público de la Argentina no está preparado para epidemias tradicionales o novedosas.
Se suponía que los centros médicos de Estados Unidos estaban en la vanguardia, pero ya no es así. Durante las últimas dos décadas, bacterias comunes como el Staphylococcus aureus y especies del Enterococcus han desarrollado resistencia a los antibióticos más potentes y son la causa central de serias infecciones hospitalarias. Esto les sucede a dos millones de personas por año. El principal germen resistente a los antibióticos es llamado MRSA (estafilococo aureus resistente a la meticilina). En noviembre del año pasado, el diario Seattle Times sostuvo que seis de cada siete personas infectadas con MRSA lo contrajeron en un centro de atención de la salud. Mucha gente constató por primera vez la existencia del germen en 2007, cuando los centros para control y prevención de enfermedades anunciaron que las infecciones invasivas del MRSA abatieron por lo menos 18.000 vidas al año, más que el sida.
Males tradicionales como el de Chagas-Mazza, la tuberculosis o la hepatitis afectan anualmente a miles de personas sin que ello motive titulares en la prensa. Y no podemos ignorar que el dengue contraatacará el verano que viene. Ni que hay en la Tierra varias pestes nuevas a la espera de su oportunidad, como Ébola, la fiebre del Nilo o el mal de Marburg.
Entretanto, frente a Berazategui, las cloacas máximas de la Capital Federal y de parte del Gran Buenos Aires liberan constantemente en estado crudo toneladas de excrementos que emponzoñan el Río de la Plata. Esa bomba tóxica, fuente de pestes conocidas o por conocer, estallará algún día.
Diario Crítica de la Argentina 07/07/2009
Desde todas las aristas del día
irrumpen las muecas del consumo
Rituales vacíos en muchos colores
En fila india como postes de ruta
que pasan rápido y nada significan
Desde todos los pliegues del universo
el infinito susurra una extraña canción:
no tiene voces ni ritmos reconocibles
Apenas una canción que roza el alma
y quiebra las barreras que nos acechan
Desde grandes distancias imprecisas
nos envuelven olas de aureolas invisibles
Son los reflejos de su Majestad solar
en tiempo de danza, inasible, impecable
Para que tu aliento renazca, sin dolor
En el seno de la humanidad, una corriente minoritaria de individuos –hombres y mujeres– es hoy portadora de una sensibilidad y una visión del mundo que, a pesar de no ocupar espacio significativo en las noticias, está destinada a incidir paulatinamente en los asuntos fundamentales de la experiencia humana en la tierra. Su quórum crucial ha venido consolidándose durante las últimas décadas, no como resultado de una conspiración intencional sino como emergente del potencial evolutivo de nuestra especie.
No responde a un denominador común. Aunque se basa en una expresa espiritualidad, no forma parte de las rutinas esotéricas de la llamada Nueva Era y tampoco procura la revitalización de las religiones tradicionales de Occidente. Puede decirse que sus partícipes se esmeran en pasar inadvertidos, aunque sus actividades no son secretas ni clandestinas. Están absolutamente “a la vista”, pero nada de lo que hacen o dicen o publican manifiesta la intención de trazar una línea divisoria entre el ayer y la mañana de la civilización. Aunque en el fondo, están sembrando sutilmente semillas de trasformación irreversible.
Lejos de constituir una secta infiltrada en el ámbito público y privado de la sociedad actual, los componentes de esta minoría esclarecida confluyen a menudo entre sí para concretar simposios nacionales o internacionales; Pero nunca fundan macro-estructuras funcionales, sino que retoman su quehacer cotidiano en escala reducida por dos motivos esenciales. No creen en las movilizaciones masivas y, tras analizar el desempeño de otras iniciativas análogas del pasado, se cuidan de ser perturbados por provocadores ideológicos o personas desequilibradas. En cierta medida, se inscriben en la “insurrección invisible de un millón de almas” que describiera hace cincuenta años el pensador escocés Alexander Trocchi.
Un factor referencial concreto de esta familia planetaria pasa por sinapsis avanzadas del neo-córtex humano sobre las cuales han reflexionado intensa y hondamente exploradores tan dispares como Jan Christian Smuts, Ira Progoff, Sri Aurobindo, Paul McLean, Arthur Koestler, David Spangler, Ken Wilber y Francisco Varela. El cerebro de numerosos adultos atraviesa hoy situaciones radicales de esclarecimiento (incompatibles con el discurso o la prédica publicitaria) que no deben confundirse con el concepto de “iluminación” frecuente en muchos credos orientales.
Tal lucidez no se limita al refinamiento de la percepción y la comprensión del significado de la vida tal como la conocemos, sino que apunta a la reformulación de la vida colectiva en términos pacíficos y solidarios. Algunos hitos de su carácter experimental han sido concretados en la India (Auroville), en Escocia (Findhorn) y el desierto de Arizona (Arcosanti).
Entretanto, la acentuada implantación en los medios de comunicación social de la problemática del Calentamiento Global, que durante las décadas precedentes fue omitida pese a su seriedad irrefutable, matiza los primeros pasos corporativos apuntados a promover una denominada Revolución Eco-Económica. Las mismas fuerzas del mercado que se beneficiaron con la violación del equilibrio natural terrestre, ahora se postulan como líderes y campeonas de una supuesta “renovación verde” globalizada.
En otra órbita, uno de los más inspirados observadores de estos procesos históricos –donde la ecología espiritual se presenta como referente fundamental– ha sido el historiador estadounidense William Irwin Thompson. Los ha explicado como secuencias de “ecologías culturales” acotadas por la geografía, y los resumió en cuatro transiciones de orden material y metafísico.
En principio, antaño la primera ecología cultural del hombre fue fluvial y surgió en la cuenca de los ríos Éufrates y Tigris. La siguiente fue marítima y floreció en el área de influencia del Mediterráneo y la identidad greco-romana. Hacia el 1500, las grandes exploraciones llevaron a los hombres a navegar el océano, y prologaron la etapa atlántica de la historia y la implantación del hoy menguante imperio estadounidense. Según Thompson, la corriente sigue desplazándose hacia el extremo Oriente y nos hallaríamos en los albores de una civilización del Pacífico. La irrupción de China e India como eventuales potencias mundiales incide profundamente en el replanteo de todo lo que se ha dado por llamar “globalización”.
El mismo historiador considera que para no desembocar en un apocalipsis estructural serán prioritarias las ya citadas cuatro macro-reformulaciones. Las materiales remiten a la descentralización de las ciudades y la miniaturización de la tecnología. Las espirituales pasan por la interiorización de la conciencia y la planetización de la humanidad. A estas dos últimas realizaciones se encuentran también abocadas todas las iniciativas de otra “minoría”, que en Estados Unidos incluye a una vertiente de activistas llamados “creativos culturales”.
Hace dos siglos, el filósofo Georg Hegel expresó: “La historia como un todo es una revelación progresiva de lo Absoluto, desplegada gradualmente.” Y sabemos que todos los grandes cambios comenzaron siempre como ráfagas sutiles de recreación.
Dos macro-fenómenos singulares conviven en nuestra percepción. Uno, de índole extrínseca, remite a trastornos climáticos cuyo alcance es imprevisible: ya importa poco el porcentaje de incidencia humana en su eclosión. El otro, de carácter intrínseco, atañe a núcleos evolutivos de nuestro ser: resulta fundamental asumirlo como deseable y promisorio. En definitiva, sucumbimos y renacemos sin cesar en dos latitudes interconectadas.
Sabemos que todo lo viviente es un acto de transición, pues cada criatura es provisoria: nace, crece, madura, declina. Nada es fijo en el universo y está sujeto a una transformación incesante.
En nuestro cuerpo, permanentemente nacen y mueren células. En el universo advienen y sucumben estrellas, constantemente. Por lo tanto, en una sucesión inalterable de advenimientos y agonías, además de nuestro mundo personal nos encontramos en una circunstancia particular, donde a través de muchos vaticinios, profecías, visiones y estudios científicos, nos están anunciando que durante los próximos años podremos estar sujetos por un lado a duras calamidades ambientales y por el otro a revelaciones de todo matiz y de toda intensidad.
Recordemos que la diferencia entre religión y espiritualidad es una forma, una organización que sostiene el valor y el espíritu. En sí misma, despojada de dogmas, la espiritualidad es una energía autónoma, ilimitada, que no tiene propietarios. El geo-teólogo Thomas Berry nos enseña que todo ser humano posee dos dimensiones: la universal y la individual. El Gran Ser y el pequeño ser. Destaca que por eso nos exaltamos cuando estamos en medio de los árboles, escuchamos himnos sagrados, vemos los colores de las flores o del cielo al atardecer, o cuando observamos el fluir de un río. La fuente de inspiración es un encuentro con el Gran Ser, la dimensión donde experimentamos la realización. La consumación de haber nacido para ser y estar en el universo. Sin ella somos entes incompletos. Y para eso no precisamos ser iroqueses: dentro de nuestras tradiciones también existe la percepción de que no es imposible sobrevivir sin el Gran Ser. Por eso, nuestra tarea como humanos es “ser parte del gran himno de alabanza que es la existencia. Esto se llama pensamiento cosmológico. Cuando se participa del misterio sagrado, en ese momento se sabe qué significa ser plenamente humano.”
Es maravilloso:
todos los grandes abanderados del Mundo Verde (ecológico),
todos los verborrágicos paladines de la sociedad sin fronteras,
todos los denunciadores y los pontificadores y los omnipotentes,
todos los descubridores de pajas y vigas en los ojos del prójimo,
todos los malabaristas y prestidigitadores y agudos panegiristas,
todos y más que todos los revolucionarios de la Gran Ortodoxia,
todos y más que todos los conservadores de la Suprema Verdad,
todos y nadie más que ellos en esta inequívoca mueca de enero,
se han cubierto de telas de araña y de pequeñas mordazas de humo,
nada tienen que agregar a su mascarada, un pequeño eructo tal vez,
oh maravillosos e insuperables simuladores de la luz que no brilla.
Es maravilloso:
nadie aparece a la hora de la siembra en las incomparables llanuras,
nadie se da por aludido cuando se trata de hacer lo que es necesario,
todos tienen un buen pretexto o una buena razón para desaparecer,
todos alegan que el mundo ostenta algunas situaciones complicadas,
y –claro está– por el momento no salen de sus cuevas y allí dormitan,
esperando que las arenas del siglo dejen de arremolinarse con furia.
Es maravilloso:
“por cada uno que enfila hacia la luz, hay diez mil empujando hacia
la sombra” (Fellini) y las piedras de Marte nunca hablan con extraños.
Es maravilloso:
el mundo recita sin cesar el poema de la transparencia interminable,
y ahora que las caretas conversan en el pabellón de las plumas mojadas
el universo clama a los gritos que un nuevo cielo se avecina sin prisa
en tanto la vieja Tierra se descascara y un ángel canta blues en mi patio.
Inapelablemente, somos testigos de la descomposición irreversible de los mitos materialistas del Siglo XX. Día tras día, los titulares nos ponen al tanto de una acelerada carrera involutiva: las agonías financieras de Europa se magnifican, así como los ímpetus imperiales de Estados Unidos, mientras China e India no atinan a despertar de sus afanes capitalistas tardíos, y –en resumidas cuentas– el resto del globo enfrenta colapsos de todo tipo, signados por corrupciones políticas, cambios climáticos, convulsiones sociales, violencia por doquier a niveles macro y micro, represiones salvajes, cinismo rampante, miseria, hambre, epidemias, masacres, guerras compactas, destrucción ambiental, y otras plagas terminales.
Simultáneamente, la mente evolutiva inapelable de la humanidad ensaya pasos inéditos de una antigua marcha hacia la expresión colectiva de poderes visionarios que durante siglos fueron apenas asumidos por individuos aislados en el torbellino de barbaries y desgracias de todo tipo, magnitud y origen. Dado que de todos los seres de la naturaleza, el humano es el único que se interroga sobre su propia identidad y misión terrenal, estamos llegando a un punto de inflexión basado en un diálogo intenso y profundo entre la conciencia humana y la consciencia universal. Esta evidencia no posee propietarios, únicamente pone al alcance de muchos hombres y mujeres un patrimonio espiritual antaño reservado para los artistas, los sabios y los místicos. Una mente inapelable traza senderos de luz y revelación en el circuito profundo de nuestra generación.
Los portales de la percepción incondicionada siguen abriéndose sin prisa en el contexto de convulsiones que causan un inmenso descontento colectivo, preámbulo de un capítulo crucial de nuestra existencia como seres cósmicos.
Mientras la muchedumbre “se distrae” en festivales, estadios, circuitos televisados, videogames, redes sociales y enclaves turísticos, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en su Informe 2012, advierte que están declinando aceleradamente los preciosos suelos terrestres que contienen las claves de la producción alimentaria, el abastecimiento de agua potable y la seguridad climática. De acuerdo con ese Anuario Oficial, el 24% de las tierras útiles del globo ya han sufrido una aguda declinación en su salud y su productividad durante el pasado cuarto de siglo como consecuencia de un insostenible uso mercantil.
En nombre de la cultura consumista todo el mundo natural ha sido colocado a la par del mundo artificial y tratado como mercancía es cotizado en los Mercados sin tomar en cuenta que es irreemplazable.
Las evaluaciones científicas indican que algunos tipos de agricultura convencional intensiva ya están provocando tasas de erosión del suelo alrededor de 100 veces mayores que las tasas con que la naturaleza puede formar suelo en primer lugar. Así, hacia el año 2030, si no cambia la manera de gestionar la tierra, más del 20 por ciento de hábitats terrestres como los bosques, las turberas y los pastizales en los países en desarrollo se convertirán en tierras de cultivo: ello implicará pérdidas agravantes de los servicios vitales provistos por los ecosistemas y la biodiversidad.
Semestre tras semestre, en los cónclaves de Naciones Unidas, eco-analfabetos representantes políticos discuten nimiedades y siguen más preocupados por sus ingresos profesionales que por la calamitosa degradación de la vida cotidiana natural en todas partes.
Las futilerías se multiplican, y entretanto la multitud responde mecánicamente a grandes estímulos alienantes, sin advertir que la están condenando a privaciones y calamidades irremediables.
Esta época se ha convertido en un vendaval de futilidades, ráfagas de monstruosidades inundan las ciudades, esquivamos por un lado toneladas de caca de perro y, por el otro, andanadas de corrupciones de todo calibre.
Los escombros del Siglo XX desfilan entre nosotros con sus fantasmas de muecas burlonas, maniobras seniles y pestilentes escaramuzas.
Sabemos que no será así para siempre, que entre las grietas evidentes se gestan revelaciones imprescindibles. Pero será otro el medio para divulgarlas y compartirlas para evitar que los Grandes Contaminadores las conviertan en objetos mercantiles o patrañas de triple y putrefacto sentido.
Las caretas infames siguen desfilando: salieron del placard y se resisten a caer de una vez por todas, con sus maniobras simuladoras y sus piruetas repetitivas.
No bajes los brazos: tiene sentido seguir sembrando y conspirando (respirando juntos) sin ponernos demasiado en evidencia. A fuerza de poesía y serena obstinación. Nada es más fácil que la transparencia y la mutación generacional.
La Beat Generation fue una poderosa bengala poética que irrumpió en el firmamento cultural de Occidente a mediados del siglo XX, y sus destellos todavía relampaguean entre las almas jóvenes que siguen ardiendo “por la primigenia conexión celestial con el estrellado dinamo de la maquinaria de la noche”, como cantó Allen Ginsberg.
Las crónicas de la época dicen que ese movimiento literario surgió en Estados Unidos después de la II Guerra Mundial (1939/ 45), pero en verdad este conflicto bélico se extendió hasta 1975, cuando el último helicóptero de ese país levantó vuelo sobre la embajada norteamericana en Saigón con un puñado de fugitivos a bordo: recuerdo las manos desesperadas de quienes quedaban abajo en tanto el Ejército de Liberación Nacional completaba la conquista de la capital de Vietnam. Vi las escenas del evento por TV en el departamento de Ginsberg en Nueva York.
Estados Unidos había combatido en Corea contra el comunismo (1950-53) y repitió la experiencia a partir de 1954 cuando los insurrectos vietnamitas derrotaron al ejército colonial francés de Indochina ese año. La palabra “paz” era apenas una palabra bonita en los discursos de la ONU. Ser norteamericano en aquellas décadas no fue una experiencia excelsa. Todo lo contrario. Igual que ahora en Irak.
Tampoco puede decirse que los Beats fueron una “generación” en el sentido neto de la expresión. En parte “abatidos” y en parte “beatíficos”, en una sociedad signada por la segregación racial, la represión anticomunista, la amenaza del holocausto atómico inducido por la denominada “guerra fría” y el puritanismo protestante, no pasaron de ser un sexteto de talentosos alucinados formado por Ginsberg, Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Gregory Corso y Lucien Carr. Que contaron con la compañía amistosa de otros intelectuales inspirados: John Clellon Holmes, Philip Lamantia, Herbert Huncke, Lawrence Ferlinghetti, Philip Whalen, Gary Snyder y Michael McClure. Y que nos legaron una obra monumental.
Kerouac escribió su célebre novela “En el camino” en 1951. Allí clamaba: “Los únicos que me interesan son los locos, los locos por vivir, locos por hablar, locos por salvarse, deseosos de todo al mismo tiempo, los que nunca bostezan ni hablan de lugares comunes; sino que arden, arden, arden como fabulosas bengalas pirotécnicas que estallan en el cielo como arañas cruzando las estrellas.”
Ginsberg leyó en público el manuscrito de su poemario “Aullido” por primera vez en 1955: el texto se convirtió en el manifiesto de su tribu al principio, y de la contracultura internacional años después. Ferlinghetti, su editor, fue enjuiciado (y absuelto) al año siguiente por difundir pornografía. “El almuerzo desnudo” de Burroughs se editó inicialmente en París (1959) debido a la férrea censura estadounidense.
Los Beats no sólo incidieron en la consolidación de la contracultura de la década posterior sino que influyeron en figuras notables del Rock como Bob Dylan, Jim Morrison, Janis Joplin, Patti Smith, John Lennon y David Bowie, entre otros: abrieron rumbos al despliegue del movimiento hippie de los años '60 y a la experiencia psicodélica. Ginsberg proclamó a Kerouac como “nuevo Buda de la prosa americana” y no exageraba.
El ímpetu visionario de los Beats chocó fuertemente con los estereotipos de la naciente “sociedad de consumo” y el American Dream estadounidense (el sueño de la abundancia sin fronteras, que el célebre novelista Henry Miller denominó “pesadilla con aire acondicionado”).
Todos rindieron tributo al espíritu nómade y bohemio que comenzaba a ser sitiado por metrópolis y autopistas. Como portadores de un explícito delirio angelical, no habían nacido para competir con los políticos en las tribunas de la hipocresía. Ya no caminan entre los vivos. Pero recorrieron las rutas del Nuevo Mundo como cohetes y todavía el horizonte ostenta marcas de su libertad irrenunciable.
Damos gracias al ángel porque hayas estado tan cerca de nosotros, compartiendo el difícil oficio de crecer y luchar en la jungla de estos edificios, muchachito ojos de cristal que sembraba armonías a la hora de los espantos que llovieron sobre todos nosotros como hierros al rojo, batallador en todos los momentos y en todas las pesadillas, siempre atento a la máxima expresión de la inocencia, querido muy querido flaco, como todos los jinetes del rock en la tormenta apostaste siempre a la ternura en la vereda de la verdad, el verso supremo que se anida en las almas de los profetas, gracias de nuevo por tantas revelaciones en el crepúsculo de un siglo lleno de infamias, siempre en sintonía con la música de las esferas, entre los silbidos de vientos que nos mantenían despiertos y decididos a vivir desencadenados entre espectros malsanos y asesinos seriales, contagiando libertad y tañidos de campanas en el portentoso templo de la humanidad entregada al arte de imaginar nuevos mundos posibles, siempre cerca de los bienes que gozamos, siempre fecundo, alerta, fraterno, no dejándote atrapar por los mercenarios de un mundo agónico, gracias te damos ahora y en la hora del Gran Viaje que a todos convoca tarde o temprano, figuraté que no perdemos la cabeza, que agarramos la posta aunque las ganas de llorar sean muchas, cabalgamos contigo por la pradera del infinito amor y la eterna locura, tiernos, pacíficos, insobornables, la batalla nunca estuvo perdida, y en este instante crucial te abrazamos fuerte, rezamos por vos, cantamos tus canciones por vos, abrazamos la luz, y ya el dolor se convierte en una balada de celebración de la existencia que compartiste con nosotros, matizada a veces por un temblor, pero elevada siempre por alientos visionarios asediados por sombras inútiles: en resumidas cuentas, no te fuiste, aquí estás brillando como tantos otros diamantes locos, alucinados por vivir, por amar en todas las direcciones, por salvarnos incluso cuando nos extraviamos, hermanito querido, estrella indómita en la noche negra, gigante indestructible, de hoy en adelante besando para siempre a una muchacha ojos de papel… sí, sí, sí, una y mil veces, te damos gracias.
El viernes 4 de diciembre pasado, convocados por Ludovica Squirru a las 5 de la tarde, un grupo de “fundanautas” se reunió en Ojo de Agua (Traslasierra, Córdoba) para celebrar otro aniversario de su propuesta denominada Fundación Espiritual de la Argentina. El paraje rodeado de cerros, otrora territorio de los indios comechingones, no alberga construcciones humanas ni ostenta carteles alusivos a la ceremonia y las intenciones de la iniciativa. Se parece a la germinación de una semilla en la profundidad del suelo fértil, o al trabajo de reconstrucción del tejido que las células humanas producen en el fondo de una herida. Paciente y empecinado.
La anfitriona explica: “La Argentina necesita una inyección de vida, aliento, esperanza, que provenga de una buena aspectación cósmico-telúrica. Y el proyecto existe en cada persona de cualquier lugar del país y del mundo que crea que somos parte del universo, que nuestros destinos están relacionados con una memoria planetaria y celeste, además de la influencia terrestre, genética, social y material que nos permite desenvolvernos en el mundo.”
La aspectación astral que realizan los astrólogos de todas las escuelas existentes rige tanto para personas o lugares. La ubicación de los astros en el firmamento, en un momento determinado de la historia, preanuncia su destino. Orientada por la sabiduría china del I-Ching, Ludovica convocó a los “nahuales” (espíritus protectores) y echó las redes al espacio sideral para que otros expertos en las cosmovisiones maya, mapuche, oriental y asirio-caldea solar aportaran sus proyecciones sobre el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816, fechas matriciales de nuestro país. Las conclusiones fueron unánimes: nada iniciado en tales fechas podría prosperar. Buscaron entonces una fecha fundacional propicia y desembocaron en el 4 de diciembre de 2003. Desde entonces, ese día brinda para quienes coincidan con la propuesta, una jornada de confluencia, introspección, meditación y afirmación de la consciencia planetaria.
El punto de partida del encuentro es una ronda tribal de compenetración con los elementos naturales (suelo, aire, agua y luz) bajo un cielo que siempre ofrece los colores de la bandera argentina, y culmina con el ascenso al cerro contiguo donde está implantada una potente escultura en algarrobo de Ixchel, antigua deidad maya del amor, la fertilidad, los trabajos textiles, la medicina y la luna. Desde lo alto, frente a un imponente paisaje natural, cada participante vivencia esa inmensidad y se reafirma individual y comunalmente para su crecimiento personal, espiritual y evolutivo en los ámbitos que habitualmente frecuenta como ciudadano y ciudadana. La “fundación espiritual” no es un partido esotérico ni una secta devocional: se asume como una celebración de la experiencia cosmológica y de la convivencia terrenal. Sostiene que cada individuo es un ser espiritual dedicado a aprender el significado de la humanidad.
Hay una crucial diferencia entre religión y espiritualidad. La primera es una forma institucionalizada de culto, una organización que sostiene valores consagrados y una doctrina irrefutable. La segunda es una energía autónoma, ilimitada, que no tiene propietarios. El geoteólogo Thomas Berry afirma que todo ser humano posee dos dimensiones: la universal y la individual, el Gran Ser y el pequeño ser. Destaca que por eso nos exaltamos cuando estamos en medio de los árboles, escuchamos himnos sagrados, vemos los colores de las flores o del cielo al atardecer, o cuando observamos el fluir de un río. La fuente de inspiración es un encuentro con el Gran Ser, la dimensión donde experimentamos la realización. O sea, la consumación de haber nacido para ser y estar en el universo. Sin ella somos entes incompletos. No se trata de una percepción exclusiva de los pueblos indígenas: dentro de nuestras tradiciones también existe la percepción de que nos resulta imposible sobrevivir sin el Gran Ser. Por eso, nuestra tarea como humanos es “ser parte del gran himno de alabanza que es la existencia. Esto se llama pensamiento cosmológico. Cuando se participa del misterio sagrado, en ese momento se sabe qué significa ser plenamente humano.”
Tanto los antiguos egipcios como numerosos filósofos occidentales han perfilado la vida de las civilizaciones según cuatro ciclos o eras recurrentes: la de los dioses, los héroes, los hombres, y del caos. Se repiten a través de los milenios. Estamos cerrando un megaciclo: culmina la del caos y despunta la de los dioses. El historiador Willliam Irwin Thompson dice al respecto: “la era de los dioses es invisible para todos, excepto para quienes están en sintonía y receptivos a los dioses.”
Por ejemplo, los fundanautas.
A mediados de noviembre 2009, en Singapur, la mitad de la humanidad -más de 3.000 millones de individuos- fue condenada a una paulatina agonía, como consecuencia de una vasta gama de trastornos climáticos reales, concretos y diarios, cuyo origen y perspectivas es debatido infecundamente desde 1972, año de la primera cumbre de Naciones Unidas sobre el ambiente humano, en Estocolmo. Incrementados por una plaga creciente y arrolladora: el hambre.
Singapur es una isla-Estado situada al sur de la península malaya, al norte del archipiélago indonesio. Tiene unos cuatro millones y medio de habitantes. Y un problema central: carece de agua potable. Resuelve sus necesidades mediante tres tuberías que bombean el líquido desde un país vecino, Malasia. Y ha hecho sólidas inversiones para desalinizar el agua del mar, de donde hoy obtiene el 10 por ciento de su agua de consumo. Étnicamente, es una serena república de mayoría china, con gran influencia hindú.
Allí, los líderes de las 21 naciones que componen el APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico), encabezados por Barack Obama, de Estados Unidos, y Hu Jintao, de China, debatieron durante cuatro días la política a asumir durante el venidero cónclave de la ONU en Copenhague sobre cambios climáticos, junto a sus pares de Australia -el mayor exportador de carbón del globo-, Brunei, Canadá, Chile, Hong Kong, Indonesia, Japón, Corea, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Perú, Filipinas, Rusia, Singapur, Taipei chino, Tailandia y Vietnam. Dadas las agudas divergencias reinantes entre las 192 naciones que se reunirán en la capital de Dinamarca, los asambleístas resolvieron no abocarse a un acuerdo de partes y postergaron las definiciones pertinentes para una reunión futura en 2010, tal vez en México.
Tres días después, otra importante reunión mundial celebrada en Roma por la FAO (Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura) para requerir fondos urgentes a los países ricos, y así poder cumplir hacia 2015 las llamadas Metas del Milenio aprobadas en 2000 a fin de reducir a la mitad el número global de famélicos, se topó con una realidad desoladora: no asistieron los líderes de los países ricos del Grupo de los Ocho. Sólo se hizo presente el jefe de Estado anfitrión, el primer ministro italiano Silvio Berlusconi. El director de la FAO, Jacques Diouf, declaró con pesadumbre: "Esperábamos que las naciones opulentas incrementaran la ayuda alimentaria anual, de 7.900 millones de dólares a 44.000 millones, pero no sucedió. No se fijaron objetivos, ni plazos, ni montos; apenas se reciclaron antiguas promesas".
Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, fue más patético: "Hay mil millones de personas que hoy no tienen nada para comer. Cada cinco segundos, muere de hambre un niño. Son 17.000 por día, seis millones por año. Esto es inaceptable. Tenemos que actuar". La declaración final de la conferencia no incluyó ningún compromiso al respecto.
En su libro El holocausto del hambre, el pedagogo Ezequiel Ander-Egg destaca: "Al principio, el hambre se hace sentir constantemente, ya sea cuando se trabaja, se descansa o se duerme. Incluso en los sueños se hace presente... El vientre parece que grita, luego se hincha. El cabello se vuelve gris. La piel se agrieta. El sujeto siente como si le estuvieran devorando los órganos... Pero llega un momento en que se pierde el hambre; el dolor ya no es agudo, se hace sordo. Un día, el hambriento ya no se levanta. Todo su pensamiento se eclipsa en un chisporroteo de centellas dolorosas. Pausas definidas y separadas en el ritmo respiratorio. La cabeza se inclina hacia atrás, la mandíbula queda colgante. Los ojos se apagan; la pesadilla se convierte en frío estupor. Y ese hambriento muere, sin ruido, acurrucado; ni siquiera puede protestar o rebelarse...". Este autor resalta que Europa gasta 500 millones de dólares por año en alimento para mascotas.
Ahora llega el turno de conversar en Copenhague. Contrariamente a lo sostienen con frecuencia ciertos titulares referidos a los denominados "cambios climáticos" en cuanto a que nuestro planeta "está en peligro", tal lectura apocalíptica es errónea. Los que estamos en peligro de extinción somos nosotros: la especie Homo Sapiens Sapiens.
El Sol comenzó a brillar hace unos 5.000 millones de años. Geólogos y geofísicos contemporáneos afirman que la edad de la Tierra es de unos 4.500 millones de años. La vida terrestre surgió hace unos 3.500 millones de años. Unos 25.000 años atrás se apagó el hombre de Neandertal, y pasamos a ser la única especie humana sobre este globo, identificándonos sencillamente como "el hombre".
El hambre es un grito agónico que nadie quiere escuchar.
Ahora que ya no existe la confrontación Capitalismo versus Comunismo y que el concepto de Globalización domina todas las transacciones materiales de los hombres de este planeta, todos los desafíos existenciales y éticos del siglo XX --desatendidos y hasta despojados de entidad-- hacen crisis y arrastran con ella simultáneamente el ánimo de varias generaciones de argentinos.
Los jóvenes que concluida la Segunda Guerra Mundial (1945) apostaron a la Argentina de Perón, los jóvenes que en 1960 apostaron a la utopía de la violencia del Che Guevara, los jóvenes que durante el ciclo 1966-1983 resistieron el genocida accionar de variadas maquinarias dictatoriales (todos ellos convertidos ahora en veteranos nostálgicos), y los jóvenes de hoy --carcomidos por la virtualidad electrónica y la estupidez hiperpropalada-- advierten el sobrevuelo de los cuervos y no atinan a asumirse como individuos generadores de realidades diferentes.
No es fácil hacerlo. Los medios monopolistas de incomunicación social, centrados en la distracción y el disimulo al servicio de netos intereses lucrativos para los cuales la gente es un abstracto recurso renovable y sólo interesa como acumulación de números y estadísticas, multipropalan la confusión bajo el tradicional adagio de "dividir para reinar". Nunca antes, en la Argentina y en el mundo, fue tanta la plenitud posible y --al mismo tiempo-- la infelicidad colectiva.
Ya no tiene que ver con la guerra de las ideologías. Es otro tipo de guerra, que impulsa una ronda infinita de almas en subasta y de vocaciones destruidas.
Hay apenas dos tipos de economía: la de la abundancia y la de la escasez. Las remotas épocas de "vacas gordas" en la Argentina facilitaron una ficción de abundancia, porque era tan grande la acumulación de riqueza en círculos oligárquicos, que ello daba margen para la configuración de vastas clases intermedias cuyas migajas caían ampliamente en el plato de los desposeídos, de modo que mal o bien cada cual lograba no caer en el abismo de la miseria, aquella "mishiadura" que aniquiló a miles de argentinos durante la crisis estructural global de los años 30, y que tan textualmente quedó registrada en la poesía de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Escribió proféticamente: "He pretendido reflejar el momento de locura universal que atravesamos. El mundo marcha a la deriva... Se han roto los diques de la cordura y de la sensatez y la humanidad no encuentra los caminos de la dicha... El mundo inspira terror, el momento es de vértigo, de desorden, de catástrofe.
La Tierra está incendiada por sus cuatro costados. Se quiere destruir para reconstruir. Estamos en plena locura... el hombre mecánico desplaza a la humanidad. Azorado por los prodigios de la mecánica que rige el mundo, que se anticipa al porvenir en fantásticas demostraciones del ingenio humano en un afán demente por conquistar dinero, mi personaje compendia así la suerte de la sociedad futura: los pibes ya nacen por correspondencia y asoman del sobre sabiendo afanar".
Cuando la abundancia, aún la que se reparte injustamente, es reemplazada por la escasez, su administración pública es más salvaje, menos "generosa". Presupone el sacrificio de grandes sectores de la sociedad, en un esquema tipo naufragio según el cual se vuelve necesario tirar del bote de goma a veinte para que presuntamente se salven cinco. Agravado ello por políticas que dictan contadores disfrazados de economistas, que sólo conocen el negocio de hacer "que las cuentas cierren", y de abogados metidos a dirigentes nacionales cuyo mayor empeño consiste en decidir qué sectores de la comunidad deben ir al matadero.
Administrar la escasez, en tiempos de egocentrismo patológico y de mitomanía retórica, consiste apenas en teñir a los cuervos con colores fluorescentes, para que parezcan inocentes canarios.
Cuando llegaron los conquistadores españoles, en estas pampas chatas o estas estepas patagónicas no existían imperios "precolombinos" de tipo azteca, maya o inca, sino algunas tribus nómades semidesnudas que pueden apreciarse en descoloridas fotos de ya extintos onas o yaganes. Millones de sacrificados inmigrantes que vinieron a "hacer la América" no conocieron jamás la abundancia, pero sí la plenitud del duro trabajo honrado. Hicieron familias, hijos, destinos de los cuales muchos de nosotros somos parte activa en estas épocas de hoy, tan grises, tan mentirosas. Al mismo tiempo, la hipocresía telúrica produjo un tipo de "argentoide" pasatista, cultor de distintas prebendas que antaño se llamaron "la coima, la cuña y el acomodo", propenso a "pararse con un golpe de suerte" en el hipódromo o la quiniela. Puesto que las novelas de Beatriz Guido sobre la "aristocracia" porteña decadente, los libros de Arturo Jauretche sobre el "medio pelo" y los "tilingos", y tantos tangos cuentan esa historia, no viene al caso reproducirla aquí. Propensos a enriquecerse y disfrutar putas en París, pero nunca a ser parte de la siembra de una Argentina inaugural, "como en navidad", según la imagen que nos dejó Marechal.
Al borde del mítico 2001, cuando se instalaba una tripulación permanente en la Estación Espacial Internacional --preámbulo de la colonización de Marte-- que construyen Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá, la Agencia Espacial Europea, Italia y Brasil, la Argentina lucía como un vetusto navío a la deriva en algún agujero negro del cosmos. Con decenas de millares de argentinos finales que disponen de más datos sobre el arte de jugar al Pokemón o sobre la formación de Los Angeles Lakers, que sobre al arte de vivir honesta e intensamente. Una especie de "chorizo republic" pendiente de fabulosas inversiones extranjeras y de magníficas exportaciones comerciales...
¿Y si tales panaceas se demoran o no llegan a suceer? ¿Acaso nuestro destino será volvernos una nación de mendigos? No lo creo. No lo admito. No lo espero. En cambio, creo que vivimos en una época singular donde la única tarea digna consiste en convertir en realidad ciertas utopías. Somos una legión de desarraigados que todavía buscamos "hacer la América", pero no tomando a ese "hacer" como sinónimo de enriquecimiento veloz y cómodo, sino como disciplina de construcción solidaria.
Hace mucho tiempo, un desarraigado argelino-francés, Albert Camus, premio Nobel de Literatura, escribió: "Verdad es que se trata de una obra sin término. Pero aquí estamos nosotros para continuarla. No creo suficientemente en la razón para adherirme a la idea de progreso ni tampoco en ninguna filosofía de la Historia; pero al menos creo que los hombres nunca dejaron de avanzar en el proceso de adquirir conciencia de su destino. No hemos superado nuestra condición y sin embargo cada vez la conocemos mejor. Sabemos que nos hallamos en una situación contradictoria, pero también que tenemos que rechazar la contradicción y hacer todo lo que sea preciso para reducirla. Nuestro cometido de hombres estriba en hallar aquellas fórmulas capaces de apaciguar la angustia infinita de las almas libres. Tenemos que volver a coser aquello que se ha desgarrado, hacer nuevamente concebible la justicia en un mundo tan evidentemente injusto, para que vuelva a adquirir significación la felicidad para los pueblos envenenados por la infelicidad del siglo. Por cierto que se trata de un cometido sobrehumano. Pero el caso es que se llaman sobrehumanas aquellas tareas que los hombres cumplen en muy largo tiempo; he ahí todo."
La Argentina inaugural difícilmente saldrá de los cenáculos materialistas de la Capital de la República. Deberá surgir desde el humus, desde el surco, desde las almas recónditas, fuera de los juegos de poder y de gloria. Desde el trasfondo del país donde más que las inversiones y los negocios bursátiles importa que coman a los hambrientos y amen los solitarios. Donde sería posible la autosuficiencia alimentaria mediante el simple oficio de volver a hacer que la tierra produzca para el pan de cada día, y no para los negocios de los especuladores. Donde se funden nuevos pueblos basados en las tecnologías apropiadas, la agricultura orgánica y las energías renovables. Comunidades-granja donde cada cual pueda sacar a luz lo que tiene de mejor, y no como sucede en las metrópolis insensatas, donde todo parece consistir en exteriorizar una vocación de fieras.
Entre la manada y la jauría, ritual masivo tan expandido por aquí, existe otra opción: la del hombre y la mujer empecinados en "angelizar" su ser en el mundo, en cultivar la elevación, no la decadencia. Como decía el poeta santafecino Miguel Brascó: "Primero serán 3, luego 6, después 12, 24, 48, 96, miríadas de mufados de ojos pacíficos, en vías ya de ser ángeles y de procrear ángeles por mero contagio, contacto, impacto y persuasión".
Marechal decía que veía a esta zona del mundo como la capital espiritual del planeta. No se equivocaba. Lo único que falta es empezar a fundarla.
Toda época es singular. Pero la nuestra excede los márgenes históricos conocidos porque en ella se superponen dos macro tendencias descomunales: el colapso de la civilización del petróleo y el surgimiento de perspectivas eco-espirituales sin precedentes. Tenemos por delante dos epopeyas. Una ecológica, centrada en la preservación de nuestro planeta. Y otra existencial, centrada en el despliegue pleno de nuestra naturaleza evolutiva.
Retrospectivamente, se pueden analizar los matices cruciales de las eras correlativas que hoy identificamos como Antigua, Media y Moderna. Pero hay una diferencia fundamental entre todo eso y lo que desembocó en el pasado siglo XX. Y lo que ahora se nos impone es un fenómeno traumático de aceleración. Lo antiguo conocido se disuelve de modo arrollador, y lo nuevo desconocido se nos impone de manera desbordante.
Mucha gente sufre esta transición radical como una especie de entropía: ciudades atestadas, inseguridad urbana, inestabilidad laboral, catástrofes climáticas, corrupción política y otras calamidades socio económicas. Pero al mismo tiempo, otras personas vienen teniendo atisbos de una cosmovisión inédita, según la cual el torbellino de cambio no constituye una amenaza sino el umbral de una realidad donde pueden experimentar liberadores estados de conciencia.
La difusión y la aceptación de múltiples recursos para la exploración de nuestro "espacio interior", en particular una gran variedad de prácticas meditativas, a la par de un inmenso acervo de propuestas referidas a la salud integral, la alimentación natural, la educación transformadora y conocimientos milenarios, ilustran los rumbos de este fenómeno irreversible.
Un ensayo de todo esto se produjo durante la década de los'60, donde se hablaba acerca de la "expansión del área de la conciencia" y donde muchos intro exploradores ensayaron el uso de sustancias psicoactivas para adentrarse en zonas que indistintamente se llamaron místicas, esotéricas o mágicas. Con el paso de los años, fueron popularizándose las enseñanzas de muchos maestros y avatares que dieron acceso a conocimientos que hoy están al alcance de cualquiera. Y se logran resultados análogos con estímulos sonoros de gamas inspiradoras.
Los meditadores estamos recuperando la visión espiritual del mundo mediante la activación de órganos de percepción que estuvieron muchos años atascados por falta de uso, en particular el llamado "sexto sentido" o intuición. A los antiguos griegos les resultaba usual ver a los seres elementales de la naturaleza y comunicarse telepáticamente con ellos. A esos seres del espíritu los llamaban "dioses". Pero para encarnar la aventura tecnocientífica de Occidente, los seres humanos debieron poner a un lado tales dones y se concentraron en el desarrollo de la conciencia intelectual, a expensas de la visión suprasensible.
Al respecto, el sabio George Trevelyan, en su obra Llamado a una Cruzada Superior, expresa que "ha llegado el tiempo de que hagamos la ruptura de vuelta hacia la unidad con aquello a lo que realmente pertenecemos y de lo cual descendimos. Mientras haya bullicio en nuestras mentes e irritación y ansiedad en nuestras emociones, simplemente no podremos oír... Mientras tanto, el mundo está tan perturbado, tan lleno de torbellino y peligros... Pero no debemos temer, ya que la operación purificadora traerá la posibilidad de una nueva edad de oro en este planeta".
Los historiadores afirman que todas las grandes transformaciones culturales son invisibles. Hasta que de pronto, florecen de manera irresistible.
Además de ser uno de los grandes poemas épicos del siglo XX, Aullido constituye un testimonio emblemático de la resistencia juvenil contra la prepotencia imperial de todos los tiempos. En 1955, a los 29 años, cuando Irwin Allen Ginsberg leyó por primera vez en público (en verdad, ante sus pares de la generación beat y algunos pintores californianos) los versos ya definidos de ese extenso trabajo en vía de consumación, todos sintieron en San Francisco que estaban ante la pieza fundamental de un Renacimiento literario.
La potencia descomunal de su alegato socio-contracultural apuntaba al poder tiránico del sistema militar-capitalista que el poeta equiparaba con Moloch, antigua deidad de los amonitas y los fenicios en cuyo honor los padres sacrificaban a sus hijos. Al año siguiente, la publicación del poemario, que además incluía otras piezas legendarias como Sutra del girasol y América, convertiría a Ginsberg en una irresistible personalidad internacional. A tal punto que, durante su paso por Praga el 1º de mayo de 1965, la juventud checoslovaca lo paseó sobre una carroza por las avenidas principales de esa capital, después de haberlo proclamado "Rey de Mayo", como acto de resistencia contra el stalinismo imperante. Entre los jóvenes universitarios de entonces estaba Vaclav Havel, estudiante de la Facultad de Economía y futuro dramaturgo, quien en 1991, a la hora de la emancipación nacional, sería presidente de su país.
Antes que un libro, Aullido era un humilde folleto de 44 páginas prologado por un veterano y magno poeta de Paterson (Nueva Jersey), donde Ginsberg había nacido. Al aparecer la 24ª edición estadounidense (1971) ya se habían impreso 258 mil copias. Desde la inicial, el opúsculo estaba dedicado a sus tres mayores compinches generacionales: Jack Kerouac, a quien definía como "nuevo Buda de la prosa estadounidense"; William S. Burroughs y Neal Cassady. Y por el camino, claro está, el poema principal se tradujo en el mundo entero, y así Ginsberg estableció lazos de amistad con jóvenes poetas de todas partes, desde América latina (asistió en 1960 al Congreso Internacional de Escritores en Chile) hasta la Unión Soviética (en particular, los poetas rebeldes Evgueni Evtuchenko y Andrei Vosnezenski).
¿Por qué tanta trascendencia? Pues porque Aullido se refería a una tribu predominantemente norteamericana, pero con equivalencia en todas las latitudes: los jóvenes sofocados por el militarismo y las dictaduras, los artistas incomprendidos, los místicos, los locos, los gays, los amigos reventados, los perdidos en epopeyas alucinógenas, los inmolados en guerras imperiales, los maniáticos sexuales, los anarquistas, los pacifistas, los santos y otros sobrevivientes de lo que el maestro Henry Miller denominó "la pesadilla con aire acondicionado".
El título completo de este poema cuyo núcleo no cesa de arder es Aullido por Carl Solomon. Un demente fuera de serie al que conoció durante una visita al manicomio Rockland de Nueva York, mientras visitaba a su madre allí internada (trágica heroína de otro poemario posterior todavía más descomunal: Kaddish por Naomi Ginsberg). Emergiendo de un electroshock, Solomon vio a Ginsberg sentado en un banco y le gritó: "¡Soy Kirilov!". El poeta le respondió: "¡Soy Mishkin!". Y ambos se trenzaron a debatir las instancias sutiles de Los poseídos de Dostoievski. Obviamente se hicieron muy amigos, y la inteligencia descomunal de Solomon detonó luego el tono elegíaco de Aullido. En pos de una esquiva conexión celestial.
A partir de una visión compartida acerca de la crisis sistémica del paradigma civilizatorio de la modernidad (económico, social, ambiental y cultural), ha surgido desde el INTI la propuesta deconvocar a la construcción colectiva de nuevos conocimientos y a la búsqueda de alternativas tecnológicas, que se alinean en valores de una mejor convivencia con el planeta y una mayor equidad y calidad de vida.
El encuentro “Forum para la construcción colectiva de nuevos conocimientos”, que tuvo lugar en la sede central del INTI, resultó un espacio para poner en debate esta mirada y abrir un camino hacia la búsqueda de otro modo de concebir la tecnología. Participaron del encuentro más de un centenar de personas de varias regiones del país, así como también expertos internacionales en permacultura y bioconstrucción, junto a grupos técnicos del instituto, involucrados en la desafiante invitación a presentar ideas-proyecto para el diseño y construcción del ELEC, que será emplazado en la sede central del INTI, para uso efectivo de varios grupos de trabajo en comunicación, participación social y en tecnologías ecosociales. Pero a diferencia de un concurso tradicional, esta convocatoria se pensó como un espacio no competitivo, de intercambio y construcción colectiva de conocimientos.
Este encuentro ha sido resultado de un proceso complejo que involucró la participación de quince grupos de trabajo de diversas bio-regiones del país que congregaron a más de sesenta proyectistas; y la conformación de un grupo transdisciplinario de evaluación conformado por profesionales de nueve áreas diferentes del INTI, expertos internacionales (Holmgren Design Services de Australia y la Red Europea de Permacultura de Italia), la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (SAyDS), la Oficina Provincial de Desarrollo Sustentable de la Provincia de Buenos Aires (OPDS) y el Municipio de San Martín.
Esta iniciativa del INTI se propone abrir un espacio de diálogo tecnológico para desarrollar tecnologías simples, sistémicas, apropiables, locales y a escala humana que sean susceptibles de ser diseñadas, construidas, usadas y mantenidas con baja o nula emisión de gases de efecto invernadero.
Los principales criterios de la convocatoria se basaron en invitar a diseñar y aplicar tecnologías tales como construcción natural con modelado directo en barro, adobes, bambú, fardos, maderas y técnicas mixtas; provisión de energías renovables; tratamientos de aguas grises; sistemas de tratamiento y reconversión productiva o energética de los efluentes cloacales y compostaje de los residuos orgánicos; calefacción solar o biomásica eficiente; refrigeración pasiva; techos vivos o de quincha; cortinas verdes; huerto frutihortícola, espacios laborales exteriores. Todas estas alternativas fueron debatidas en distintas actividades e instancias de taller que tuvieron lugar durante las jornadas, conectando distintas iniciativas individuales y colectivas para su posterior puesta en práctica y experimentación.
Durante el foro, los quince grupos participantes hicieron la puesta en común de sus proyectos y recibieron una devolución por parte de los expertos en permacultura Stefano Soldati y David Holmgren, así como también del grupo evaluador del INTI. David Holmgren, brindó una devolución detallada de cada uno de los proyectos presentados, enfatizando la necesidad de “crear el paisaje” mediante el aprovechamiento de especies nativas, árboles altos y otros cultivos, que puedan también proveer alimentos. También destacó la virtuosidad de que la mayoría de los espacios diseñados requieren un alto compromiso de sus potenciales usuarios. Por su parte, el italiano Stefano Soldati hizo hincapié en que faltaba una mayor integración entre el “afuera” y el “adentro” de la casa, pero se manifestó entusiasmado por todos los proyectos, resaltando la arquitectura y la noción de vuelta al barrio. A la vez, propuso eliminar la separación entre los proyectistas y quienes en efecto construyen lo diseñado.
“La producción de alimentos será más importante que otro tipo de tecnologías”, sentenció David Holmgren, en video conferencia desde Australia. El cocreador de la permacultura disertó sobre las posibilidades de aplicar los principios de este sistema en las ciudades. La permacultura constituye un método para la creación de ambientes humanos sostenibles, integrando armónicamente la vivienda y el paisaje, ahorrando materiales y produciendo menos desechos. Los ejes centrales de la permacultura son la producción de alimentos, el abastecimiento de energía, el diseño del paisaje y la organización de estructuras sociales. También integra energías renovables y la implementación de ciclos de materiales en el sentido de un uso sostenible de los recursos a nivel ecológico, económico y social.
Soplan ráfagas de cambios, profundos e intensos. Definitivos. Para algunas personas se trata de sucesos evidentes, inequívocos. Bienvenidos. Para los demás, es como si lloviera en Saturno: mascan su cuota de infierno y juegan a la rayuela con espectros.
La transformación en marcha no es patrimonio de un grupo selecto y privilegiado, sino de una gama singular de seres humanos aplicados al arte de evolucionar. Se llega a esa latitud por afinidad y afinación: uno se predispone al evento… y en el momento exacto, se despliega en el corazón y en la mente.
No se debe a circunstancias milagrosas ni a manipulaciones supremas de seres elegidos, nada de eso. Es algo así como un amanecer involuntario. Se lo asume, o se deja que pase de largo. Puede intimidar pero no produce daño en la naturaleza personal: todo lo contrario, la exalta y proyecta a latitudes inéditas.
El cambio está al alcance de todos los que no han caído prisioneros de la plaga que confunde y deforma. Ese ritual colectivo de idiotez multipropalada. Las opciones son obvias. Elevarse o derrumbarse.
El economista estadounidense David Korten, autor del libro El Gran Cambio: Del Imperio a
Señala además que si vamos a demorar y finalmente revertir la desintegración social y ambiental que vemos alrededor nuestro, debemos cambiar las reglas para frenar el agudo abuso de poder corporativo que tanto contribuye a aquellos daños.
Pero advierte: “Domesticar al poder corporativo retrasará el daño. Sin embargo, no será suficiente para sanar nuestras relaciones mutuas y con
Existe un relato imperial de la prosperidad, y aunque la narrativa imperante sobre la prosperidad tiene muchas variaciones, entre sus elementos esenciales se encuentran los siguientes:
Korten comenta que este relato sobre la prosperidad al servicio del dinero es repetido incansablemente por los medios corporativos y se enseña en los cursos de economía, negocios y políticas públicas, en nuestros colegios y universidades, casi como si fuera una escritura sagrada. Por eso lo llama “el relato de prosperidad del Imperio”.
Poca gente nota las implicaciones de su legitimación del poder y el privilegio de las corporaciones con fines de lucro, y de un sistema económico diseñado para maximizar el retorno de la inversión, esto es, para hacer a la gente rica más rica. Más aún, enaltece al individualismo extremo que, en otras circunstancias, sería condenado como sociópata; valora a la vida tan sólo como un artículo de consumo; y distrae nuestra atención de la realidad básica de que destruir la vida para hacer dinero es un acto de locura colectiva. Además de destruir la verdadera riqueza, amenaza nuestra misma supervivencia como especie.
Pero también existe un relato de prosperidad de
Korten lo llama “el relato de prosperidad de
En los cementerios y en los hospitales, nadie grita. Hay un acuerdo tácito, de base cultural, que induce el silencio. Del mismo modo, en los transportes públicos, es usual que se ceda el asiento a madres con bebés, a señoras embarazadas, a lisiados o a gente mayor. No está presente una “autoridad” que impone tales conductas: ello surge de un impulso llamado urbanidad, concebido como gesto de cortesía, buenos modales o atención al prójimo. Dicho término proviene del latín urbanitatis y se refiere a una serie de pautas de comportamiento que son cumplidas y acatadas naturalmente, en pos de una mejor relación con las personas con las que cada cual convive y se vincula. En general, las sociedades cuentan con normas de comportamiento, (en la mayor parte de los casos, no escritas) pero que sin cuya tutela la gente actuaría como una horda de sujetos incivilizados que perturban profundamente la vida colectiva. Un dicho popular expresa: “La cortesía es como el aire de los neumáticos: no cuesta nada y hace más confortable el viaje.”
La campaña Jugá Limpio se presentó cortésmente como el aire de la vida cotidiana de una gran ciudad donde la suciedad se impone a cada paso. Un gran porcentaje de porteños encuestados por la empresa Aresco de Julio Aurelio admitía que en Buenos Aires hay “mucha basura” en la vía pública y que la gente hace con papeles y otros desechos lo que no hace en su propia casa: actúa como si las calles fuesen un “lugar de nadie”.
Los especialistas en la teoría de juegos (campo de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas), proponen incentivos (los llamados juegos) a fin de inducir procesos innovadores de decisión. Sus animadores estudian tanto estrategias óptimas como el comportamiento previsto y observado de individuos en la práctica de juegos. Y llegan a la conclusión de que tipos de interacción aparentemente distintos pueden, en realidad, presentar estructuras de incentivos análogos y, por lo tanto, constituir conjuntamente un mismo juego.
Por consiguiente, un juego cooperativo se caracteriza por una especie de contrato que puede hacerse cumplir. La teoría de los juegos cooperativos da justificaciones de contratos plausibles. La plausibilidad de un contrato está muy relacionada con la estabilidad. En este encuadre, Jugá Limpio era una “campaña de consenso” o un “pacto de reciprocidad” donde los ciudadanos construyen progresivamente una red participativa de afirmación cívica. Salen de la inercia ante la basura dispersa y se aplican (implícitamente con todos los demás) a ponerla en su lugar: el cesto de papeles. La consigna subyacente es: “coopero porque todos cooperan”. Surge así una situación de equilibrios múltiples, de complementariedad efectiva.
En la Teoría de Juegos, la estrategia del jugador consiste en un propósito de acción completo para cualquier situación que pueda presentarse; y ello determina completamente la conducta del jugador. Se denomina perfil de estrategia al conjunto de estrategias de cada jugador que determina completamente todas las acciones del juego.
Cada vez se verifica más y más que tanto la evolución biológica como la historia humana siguen una dirección determinada. Ello explica la creciente complejidad de la evolución biológica, tecnológica y social de la especie humana. Por eso se afirma que la vida avanza hacia un fin concreto. Y dado que en algunos juegos el triunfo de un jugador no supone la derrota de los demás jugadores, la vida nos enseña que de la acumulación de juegos nace la complejidad social y la visión planetaria. Se ha dicho también que «el destino de nuestra especie es elegir», y en consecuencia, ante la complejidad de la vida urbana, decidimos jugar a abstenernos de ensuciar el espacio común. Damos un ejemplo de cooperación visto como “un acto de fe”.
Está claro: la Ciudad Limpia no ocurrirá de un día para otro. Requiere solamente que cada cual atienda su juego. Pues todas las travesías convocan a dar un primer paso. ¿Cuál será el tuyo?
No es preciso esforzarse para notar que el mundo atraviesa un estado de crisis en todos los planos de la realidad social, ambiental y financiera. Asimismo, la conmoción estructural también afecta a las metrópolis y por consiguiente a la cultura, el comercio y las relaciones humanas.
Simultáneamente, hay un reverdecer acelerado de la consciencia de hombres y mujeres que han decidido cesar de reproducir el Sistema sociocultural tal como ha venido funcionando y proyectándose durante muchos años, bloqueando los potenciales evolutivos de nuestra especie.
En el plano catastrófico, leemos seguido en la prensa: “El número de víctimas mortales provocadas, directa o indirectamente, por los desastres naturales –terremotos, inundaciones, incendios y olas de calor– que tuvieron lugar a lo largo del 2010, fue uno de las más altos de la primera década del siglo XXI: la cifra ascendió a más de 377.000 fallecidos. Además, las pérdidas económicas alcanzaron los 109.000 millones de dólares. Tres veces más que los daños de este tipo, durante el año 2009.” Esa misma prensa no trae datos sobre los logros luminosos de la humanidad durante el mismo período. Las buenas noticias –suponen los jefes de redacción– no venden copias de diarios y revistas.
Otrora, se denominaban “medios de información masiva” (o mass-media, en inglés). Ahora son llamados “medios de comunicación social”. Veamos: ¿qué difunden los medios? Solamente noticias. Hechos puntuales: pasó esto, sucedió aquello, dijeron tal cosa, el resultado del partido fue 2 a 0, aumentó el precio del pan, etc. ¿Diseminan información? Casi nunca. Porque la “información” es el análisis de la noticia, la descripción del “por qué” de los acontecimientos. O sea: es la narración de los procesos que causan determinado efecto social o estructural.
La ONU promueve muchos cónclaves sobre las emisiones de gases carbónicos y el “calentamiento global” pero los diarios no describen soluciones reales para la crisis del clima. No dicen que lo que necesitan los pueblos y el planeta es una transición justa y sostenible de nuestras sociedades a un modelo que garantice el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas, y que entregue un planeta más fértil y vidas más plenas a las generaciones presentes y futuras.
Los asambleístas “verdes” que marchan sin cesar por las calles de sus ciudades destacan que los impactos negativos del cambio climático causado por el hombre producen graves violaciones de los derechos humanos y que las naciones tienen la obligación de cooperar en el ámbito internacional para garantizar el respeto de los derechos humanos en todo el mundo, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas. Remarcan que cualquier acuerdo específico sobre el cambio climático deberá entenderse en el contexto más amplio de lograr una transición sostenible de nuestras sociedades.
Los pueblos y organizaciones que protestan globalmente se han comprometido a proseguir con su compromiso pleno y activo por esta transición, que exige cambiar fundamentalmente las estructuras sociales, políticas y económicas, y corregir las desigualdades e injusticias por motivo de género, clase, raza, generación o grupo étnico.
Destacan que para ello hay que restaurar la soberanía democrática de las comunidades locales, como unidad social, política y económica básica. La propiedad, el control y el acceso local y democrático de los recursos naturales forman la base de un desarrollo significativo y sostenible de las comunidades, al tiempo que reduce la emisión de gases de efecto invernadero. Por eso serán necesarios acuerdos regionales e internacionales de cooperación más sólidos para gestionar recursos comunes y compartidos, y asimismo una ONU más transparente y democrática.
Por lo tanto, hoy son convocados todos los afectados, personas, movimientos sociales, organizaciones culturales, políticas y económicas para que se unan local y regionalmente en la construcción de un movimiento de movimientos fuerte y global, que promueva las visiones y demandas de los pueblos en todos los niveles de la sociedad. Pues sienten que en conjunto podrán propiciar una transición mundial hacia un futuro equitativo y perdurable.
Hace cuarenta años, el escritor Marco Denevi (1922-1998) dijo que el argentino tiene una mentalidad de huésped de hotel, que el hotel es el país y que un pasajero de hotel "no se mete" con los otros. "Y si los administradores administran mal, si los administradores roban y hacen asientos falsos en los libros de contabilidad, es asunto del dueño del hotel, no de los pasajeros... a quienes en otro sitio los está esperando su futura casa propia, ahora en construcción". El célebre autor de Ceremonia secreta y Rosaura a las diez ironizaba sobre la identidad del dueño del hotel, alguien desconocido que seguramente era muy rico, por lo tanto los pasajeros se esmeraban en robar las cucharitas, los ceniceros y las toallas y, si era posible, pagaban de menos. Y profetizaba: "Quizás algún día los argentinos nos convenzamos de que este hotel de tránsito es nuestro único hogar y que no hay ninguna Argentina -visible o invisible- esperándonos en alguna otra parte".
Aparentemente, ese día llegó: Argentina Hotel alberga hoy a una cantidad infinita de gerentes sospechosos de fraude, mientras los pasajeros claman porque hay goteras y cucarachas en sus habitaciones, detectan extraños o indignos objetos flotando en su sopa y, peor todavía, advierten que les cobran siempre de más y sufren porque el conserje les impone que traigan sus propias toallas, ceniceros y cucharitas.
En medio de este torbellino de vida cotidiana ficticia y degradada, muchos padres comprueban ahora que sus hijos deciden irse a otros hoteles. Es la clásica epopeya del desarraigo argentino tan bien analizada por Julio Mafud, Héctor Álvarez Murena o Juan José Sebrelli. Y que se remonta a los tiempos de la Conquista, cuando otros desarraigados desembarcaron en estas pampas chatas en pos de pepitas de oro caídas por inercia desde el Imperio Inca, y se toparon con una multitud melancólica de indígenas nómades y semidesnudos que ni siquiera supieron informarles la ruta hacia la Fuente de Juvencia. No arraigaron, apenas sedimentaron. Sólo pudieron apropiarse de miles de kilómetros de tierras enigmáticas. El conquistador europeo le robó la mujer al indio. Que hizo lo mismo cuando llegaron las "blancas". El híbrido resultante no fue fruto del amor, sino del odio. Aquellos remotos desarraigados anónimos fomentaron una tradición malsana: ganar lo suficiente con el menor esfuerzo, enquistarse en alguna burocracia municipal, "hacerse amigos del juez" salvarse con un golpe de suerte en el Hipódromo o la Lotería y dar materia prima al desolador tango Cambalache, de Discépolo ("el que no afana es un gil").
Pero no hay nada eterno. La mítica Argentina de las vacas gordas ya no existe. Cayeron todos los antifaces. No hay más Argentina Hotel y nunca construimos de verdad la Argentina Hogar. Y el paupérrimo desempeño de nuestros heroicos atletas en las Olimpíadas demuestra que en el siglo XXI ya no se avanza a "puro corazón y coraje". Durante un siglo, ante cada derrota los argentinos nos consolamos asignándonos el papel de "vencedores morales". La farsa se hizo tragedia. Con apenas dos opciones: despertar para construir otro país o medrar para seguir puliendo colecciones de cucharitas robadas. ……
1. Nací en Buenos Aires el 18 de agosto de 1937. Pasé la infancia en Caballito Oeste, donde mi vocación ecologista comenzó con una ceremonia muy particular. En cada vereda del barrio había canteros de césped con árboles que eran devorados por hormigas negras que se ensañaban con ellos. Y mi vieja, ama de casa, me encomendó la misión de protegerlos con un anillo de tela engrasada alrededor del tronco y retenida con un alambre. Era una trampa no mortífera, porque la falta de veneno solo las frenaba. Hoy lo veo como símbolo de mi conciencia ecológica. El sentido de barrio, donde todos se asistían recíprocamente, creaba relaciones de apoyo mutuo. Ahora es todo anónimo.
2. Mi viejo era marroquinero, fabricante de carteras de cuero finas, de reptil. Un artesano. De él aprendí el culto de la prolijidad. Y siempre le estaré agradecido a mi madre por el hecho de hacerme bilingüe durante la adolescencia: me inscribió en el Liceo Británico. Recuerdo que iba al cine en la calle Corrientes con mis amigos, luego paseábamos y, al llegar a Florida buscaba alguna revista internacional con tapa de interés. Leyendo Time y Newsweek pude descubrir a Jack Kerouac y Allen Ginsberg, de la generación beat. Con el paso de los años comenzamos a entablar correspondencia amistosa basada en poesía. En la Facultad de Medicina me agarró el septiembre del ´55 justo cuando estaba dando un parcial de anatomía. Rescato al rector, Florencio Escardó, como una eminencia y un pensador con espíritu crítico. Firmaba con el seudónimo “Piolín de Macramé” una columna satírica que era sensacional, en el diario La Nación. En un acto habló sobre el estreno de un éxito teatral europeo traducido por Victoria Ocampo. Era Recordando con ira, de John Osborne. A la vez que leía esas revistas en inglés sobre los beatniks, me llega esta data que profundicé durante un debate de altísimo nivel entre los psiquiatras Arnaldo Rascovsky y Angel Garma. La prosa de Kerouac me introdujo al budismo Zen y a Wilhelm Reich. Algo me hizo un clic. Comprendí la contracultura.
3. Una amiga termina de leer un libro y me lo presta. Entro de lleno en mi historia con la literatura gracias a Albert Camus. No sé qué me impresionó, pero me compré todo lo de él. El verano del ´60 lo pasé en la playa leyendo El extranjero, El hombre rebelde, El mito de Sísifo, etc. Simpatizaba con él porque era un libertario y muy flexible, en relación a Sartre, cuyo existencialismo marxista era muy autoritario. Además me encantó que haya sido una figura de la resistencia contra los nazis durante la ocupación de Francia. Su personalidad era una apología de la rebeldía y el absurdo.
4. La Argentina de ese entonces tenía la consigna de que nada que viniera de Estados Unidos era bueno. Nuestros vanguardistas de izquierda eran tan cerrados y estrechos que pensaban que todo lo que llegaba de ahí era capitalista y putrefacto. Decidí activamente relacionarme con tipos afines a lo contrario, o sea “abiertos de mente”. Encontré a un gran novelista y cuentista llamado Antonio Dal Masetto. Éramos varios inclasificables que parábamos en bares como La Comedia, La Giralda, el Ramos, el Colombiano, etc. Con el poeta Alejandro Vignati y Dal Masetto formamos el trío de oro de la revista Eco Contemporáneo, cuyo primer número salió en noviembre/diciembre de 1961. El tema ambiental no era de primera magnitud porque todavía no había acontecimientos que lo detonaran. El hecho de distribuirla personalmente me llevó a frecuentar muchas librerías por todos los rincones de la ciudad. Terminé mandando paquetes en consignación por toda Latinoamérica: Bogotá, Lima, México D.F., Caracas y San Pablo, además de San Francisco y Nueva York. Eso funcionaba en forma artesanal. También, desde acá y por correo, fundé una red panamericana de poetas llamada Nueva Solidaridad……
BUSCA ESTE EGO TRIP COMPLETO EN LA REVISTA EL PLANETA URBANO DE AGOSTO DE HACE 4 AÑOS.
“Era uno de esos días en los que sientes que está a punto de nevar......y hay una cierta electricidad en el aire... Casi la puedes oír. Y esa bolsa estaba simplemente...... bailando conmigo...... como un niño rogándote que juegues con él.
Durante 15 minutos.... Ese fue el día en que me di cuenta que...... había una vida entera detrás de las cosas..... y una fuerza increíblemente benévola...... que quería decirme que
no hay razón para tener miedo...... nunca.
Ya sé que el video no captó todo eso. Pero me ayuda a recordar... Necesito recordar.
A veces hay TANTA BELLEZA...... en el mundo..... Siento que no la aguanto..... Y mi corazón.... simplemente se va a rendir.” …
El asunto consiste en mantener a todo el mundo aturdido, hostil, demorado, haciendo largas filas para todos los infinitos trámites elaborados para que el tiempo se nos diluya sin dejar rastros.
El truco está a la vista en la Tele: basura en 180 canales donde la balacera es constante y la estupidez navega con todas sus velas desplegadas a toda hora.
Y ruido, mucho ruido en todas partes, al punto de que no se pueda conversar. Se nota flagrantemente en el Subte, donde hay andenes con dos canales de sonido. Uno el de las pantallas recargadas de publicidad, y otro con música trivial o anuncios de emergencias, llamados urgentes al supervisor Montoto, y siempre con el moño de “Disculpe las Molestias Ocasionadas”.
Publicidad, publicidad y más publicidad: hasta en el piso. Eso se llama Contaminación Visual… que nadie regula. Con muchos aullándole a sus celulares, o programaciones cumbieras de aparatos enarbolados por adolescentes desrregulados, que ponen cara de nada.
Vagones chirriantes. Anunciadora grabada de estaciones, bien a los gritos. Cornetazos con los que se saludan los conductores… Vendedores ambulantes al máximo de su voz para hacerse escuchar. Y musiqueros con mucha amplificación.
Y las callecitas de la Capital con ese yo sé qué de motores con escape libre y camiones gigantes, y motos, y parlantes al máximo. Y bocinas: muchas bocinas. Y mucho humo negro de los caños de escape. Va a estar linda Buenos Aires…
La ciudad brasileña de Porto Alegre es sede, del 24 al 29 del corriente mes de enero, del Foro Social Mundial (FSM), centrado en el tema principal “Crisis capitalista - Justicia social y ambiental”. Incluirá el Foro Social Temático 2012, evento altermundista organizado por un grupo de activistas y movimientos sociales ligados al desarrollo del FSM.
El FST 2012 sesionará también en las localidades de Canoas, São Leopoldo y Novo Hamburgo, todas ellas en el estado de Río Grande do Sul. Se propone ser un espacio de debates preparatorios para a Cumbre de los Pueblos, cónclave alternativo a la cumbre de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, la Río+20, que se producirá en junio, en Río de Janeiro.
El FSM constituye un espacio de debate democrático de ideas, profundización de reflexiones, formulación de propuestas, intercambio de experiencias y articulación de movimientos sociales, redes, ONGs y otras organizaciones de la sociedad civil que se oponen al neoliberalismo y el dominio del mundo por el capital financiero y por cualquier forma de imperialismo.
Tras su primer encuentro mundial, realizado en 2001, se configuró como un proceso mundial permanente para la búsqueda y la construcción de alternativas ante las políticas neoliberales, orientado por una Carta de Principios (principal documento del FSM) y motivado por la consigna “Otro mundo es posible”.
Este FSM se realiza en un momento donde varios pueblos del planeta se movilizan por la libertad y la democracia, como sucede en el mundo árabe. En Occidente la crisis del capitalismo ha suscitado el movimiento “Ocupar Wall Street”. Ambas manifestaciones tienen en común la claridad en cuanto a lo que no se quiere, aunque sin presentar todavía propuestas alternativas viables.
El pasado 5 de octubre hubo movilizaciones masivas en mil ciudades de 82 países. En el mundo andino, los pueblos indígenas cuestionan el modelo capitalista de desarrollo y rescatan los valores tradicionales del buen vivir (conocido como “sumak kawsay”).
La plataforma del FSM sostiene que “es necesario reinventar la convivencia humana, pero por parte de los dueños del poder no se capta ninguna propuesta fuera de la preocupación por no alterar la ruleta del casino global. La crisis ambiental es ignorada por la ONU, por los gobiernos de los EE.UU. y de la Unión Europea, y nada garantiza que la Río+20 conseguirá reunir, como en la Eco-92, a jefes de Estado de los países del G8”.
Y añade que “se mercantiliza la vida, se destruyen los ecosistemas, se reduce velozmente la biodiversidad. En todo el planeta se acentúan las iniciativas extractivistas, sin ninguna preocupación por su impacto social y ambiental. Ahora la lucha social es oxigenada por la búsqueda de democracia y soberanía en los países árabes y las grandes manifestaciones, en Europa y en los EE.UU., contra la lógica necrófila del neoliberalismo.”
El Foro Social Mundial se caracteriza especialmente por la pluralidad y por la diversidad, expresando un carácter no confesional, no gubernamental y no partidario. Se propone facilitar la articulación, de forma descentralizada y en red, de entidades y movimientos comprometidos en acciones concretas, desde el nivel local al internacional, para la construcción de un mundo distinto, aunque no pretende ser una instancia representativa de la sociedad civil mundial.
El FSM no es una entidad ni una organización. La dinámica del FSM 2012 se basará en grupos temáticos capaces de acoger experiencias y contribuciones de los participantes en torno a cuatro ejes transversales: 1. Fundamentos éticos y filosóficos. 2. Derechos humanos, pueblos, territorios y defensa de la Madre Tierra. 3. Producción, distribución y consumo: acceso a la riqueza, bienes comunes y economía de transición. 4. Sujetos políticos, arquitectura de poder y democracia.
En febrero de 1964, mientras Jack Kerouac vivía recluido en una casa de Long Island, cuidando a su anciana madre (tal como se lo había prometido a su padre cuando éste agonizó en sus brazos en 1946), la epopeya de la “generación beat” ya pertenecía al pasado. Un tambor diferente agitaba a Norteamérica: la beatlemanía tomaba al país por asalto, la nueva bohemia descubría la poesía del joven trovador Bob Dylan, en muchas grandes ciudades se consolidaba la rebelión de los negros racialmente segregados, en el sudeste de Asia se incubaba la guerra de Vietnam, mientras en San Francisco y Nueva York emergían pacíficos melenudos llamados hippies.
Yo había entablado amistad epistolar con los escritores beat en 1959 y llegué a Manhattan en ese preciso momento, después de protagonizar en México la “nueva solidaridad”, una confluencia de jóvenes poetas de las Américas, entre los que aparecían Ernesto Cardenal de Nicaragua (futuro ministro de cultura de la revolución sandinista) y Gonzalo Arango, pilar del Movimiento Nadaísta de Colombia. Kerouac bajaba ocasionalmente a Nueva York y criticó con dureza mi iniciativa fundacional, exclamando:
“No se puede organizar la poesía!” Algunos años después comprobé que él tenía razón.
En esos días, ya muchos amigos locales lo evitaban porque bebía desenfrenadamente y en los bares que él visitaba casi siempre todo desembocaba en bataholas, trompadas y ocasionales arrestos por desorden. Solamente el poeta negro LeRoi Jones le seguía el ritmo, y chupaban hasta que los empujaban a la vereda. Cansado de vivir sitiado por incesantes oleadas de pelilargos psicodélicos de la generación pre-Woodstock que peregrinaban hasta su umbral, mudó el domicilio familiar lejos, a
La vida hedonista e itinerante que había retratado En el camino y en otras diez novelas alucinadas (de las cuales la mejor es La vanidad de los Duluoz) exaltó durante cuatro décadas a decenas de miles de lectores comunes y figuras del rock que admitieron haber sido impactados por su prosa espontánea: Dylan (claro está), Jim Morrison, David Bowie, Janis Joplin, Patti Smith, Frank Zappa, Jerry García de The Grateful Dead, Pete Townshend de The Who, David Byrne y The Talking Heads. Tom Waits. No fue causa del azar que en 1982, el grupo de rock progresivo King Crimson incluyera en su álbum Beat un tema-homenaje titulado “Neal and Jack and me”. El verso inicial expresaba: “Soy ruedas, soy ruedas en movimiento. Soy una coupé studebaker 1952. Soy ruedas. Soy ruedas en movimiento. Soy una coupé starlite 1952... en ruta... los subterráneos.”
Para llegar en auto al tope de los acantilados de Big Sur, California, tuve que atravesar un denso manto de nubes, al volante del Triumph de mi amiga Sheri. Abajo rugía el océano Pacífico. Con seguridad, de vez en cuando el alma de Jack Kerouac sobrevuela ese abismo misterioso y recita su haiku sobre la vida fugaz.
Se entiende por “autoridad” la facultad o la potestad referida a quienes gobiernan o ejercen el mando, con carácter de Jerarquía. Es al mismo tiempo jurídica, formal y moral: requiere la obediencia de los demás e incide sobre la existencia de otras personas. En el mundo actual, suele ejercerse con impunidad (especialmente en lo financiero).
La Autoridad suele estar asociada al poder del Estado. Así, los funcionarios estatales poseen la facultad de emitir órdenes que deben ser acatadas, siempre que actúen con respeto a las leyes y a las normas vigentes. Por lo tanto, la Autoridad es una forma de control social.
A la vez, el “poder” es la capacidad que tienen individuos o grupos de inducir o influir en las opiniones o acciones de otras personas o grupos. Debería ir acompañado por la responsabilidad. En este caso, puede ser ejercido de modo espontáneo (por vía de la seducción). O puede ser coercitivo (como instrumento de dominación con ejercicio de la fuerza).
En las sociedades antiguas y modernas, estas definiciones se han visto alteradas por prácticas despóticas y/o totalitarias, con impacto destructivo en la naturaleza y la vida cotidiana de los pueblos sujetos a tales arbitrariedades.
Hay Poder ejercido sin Autoridad, y también hay Autoridad ejercida de modo impotente.
En este momento de la historia humana en la Tierra (signado por incontables fundamentalismos) aparece una brecha funcional donde se percibe que gobernar es algo mucho más complejo que mandar y controlar.
Ha sido dicho: “La sociedad está dividida entre los que defienden sus valores sin tener en cuenta la realidad y los que gestionan la realidad sin tener valores... Hoy el fracaso de la política es consecuencia del fracaso del conocimiento: los políticos sufren de rigidez cognitiva, no entienden el cambio." (Daniel Innerarity)
Ha llegado la hora de la Democracia Cooperativa donde la inteligencia sea una Red sin Centro. Micro-sociedades más idóneas que resuelvan de forma efectiva y solidaria sus discordancias y practiquen reglas equitativas que distribuyan el trabajo y el bienestar, sin malgastar tiempo/energía en choques con el segmento caduco de la Estructura imperante.
No hace falta demasiada perspicacia para advertir que la Descomposición agita traumáticamente a millones de personas en todo el planeta. Un lugar del universo donde casi la totalidad de los llamados “representantes del pueblo” no representan al Pueblo, sino que se limitan a cubrir las apariencias, mientras sólo responden a sus propios intereses.
Llegan a ese sitial privilegiado de la Función Pública votados por una ciudadanía que cree todavía en los valores de la Democracia, pero al día siguiente del recuento electoral gran parte de los candidatos seleccionados bajan la persiana y se concentran en la gestión de sus ventajas personales.
De este modo, una “minoría” simula ser portavoz de una “mayoría” que ve pasar el tiempo sin que realmente se modifique la práctica del Unicato gerencial. Como si esa arbitrariedad estructural fuese irremediable.
Es hora de comenzar a practicar la democracia protagónica en el plano municipal, en especial allí donde los funcionarios no estén a la altura de la responsabilidad que les cabe como “mandantes” del poder popular.
No necesariamente rivalizando con ellos por los lugares que ocupan, sino en cambio ocupando los lugares de gestión que dejan vacantes por desidia, cinismo o incompetencia. Nada mejor que la Asamblea Local (a buena distancia de los punteros sectarios y los oportunistas) para abrir un debate público sobre la resolución de los problemas prioritarios. Lo llamaríamos “Gobierno Natural”.
“If we can, we must,” said Man, and finally he stamped his feet on the dusty surface of the Moon.
“If it is necessary, then it is possible,” said Man again, and he created the Salk vaccine.
“When the time arrives, things happen”, says Nature, then my mango tree is now flowering and its fruits will be available again next summer.
Nature and Man belong to the Universe, a dimension filled with many mysteries that exceed human imagination. Now, in the middle of a serious ecological crisis of planetary dimensions, we wonder: Is man destined to control Nature? Before trying to answer wisely this question we should pose another interrogation: Can man progress at the cost of hurting and destroying nature?
Most civilized cultures are familiar with the concept “Garden of Eden”, not only a biblical myth but apparently a region placed in a land named Mesopotamia. Today, in such territory there is only a vast piece of desert land similar to the surface of the moon. In our photo album on extinction we can place such image close to the dinosaurs. But suddenly a problematic concept catches our attention. In the natural world, things come and go. Across the Amazonian jungle we find plenty of oceanic fossils: sometime in the foregone past it was the bottom of a vanished sea. At the same time, we know that a Micean civilization rests under the waters of the Mediterranean. No environmental claim is suitable at this level. But in our human world: What about ethics? Can we say that everything possible is necessary?
War strategists can find a justification for the Neutron bomb, but many other people will claim that it is a horrible invention. It has not been used already, but it sits somewhere, waiting for its chance to celebrate the apocalypse.
Nature is much more than Man’s vision of Nature. Its ceremonies of permanent construction (like photosynthesis) and destruction (like earthquakes) happen without ethical regards. They are part of a cosmic dance of energies that surpass our human powers. Whether Man began its long journey as a divine enterprise or as a simple naturalistic venture is irrelevant at this point where he has at hand plenty of scientific and technological tools capable of subverting radically the traditional order of planet Earth. It does not matter at all what the creationist interpreter or the evolutionist analyst think about our roots and our destiny, because Man has arrived to a point where he can act as the Creator without anybody’s permission. The game is named Genesis Unbound.
Thanks to our ecological studies and to the indisputable law of interdependence, we know that biodiversity is necessary. There is no way of measuring its limits because they plunge deeply in the cosmic history of the Milky Way and not in this tiny spasm called the Industrial Revolution. Many conservationists claim that we must overcome the myopia of super-economic growth, to befriend and revere our bountiful Mother Earth who we have for so long regarded with greed and omnipotence.
When Man arrived to the greatest show, Nature was there already. His first notorious deed, with a little help of a Woman, had a serpent and an apple as key elements of his evolving drama. Since then, he has been a full-time transgressor. Tragic conquests of other men and territories (with its subsequent environmental impact) and marvelous inventions, convinced him that he was destined to control… not only Nature, but also some provinces of the Universe. Then, the splendid woods of Northern Africa went away converted in war ships of the Greeks, the Persian and the Romans, those stubborn conquerors.
Century after century, following his debut in Paradise, Man developed a whole set or perceptive instruments, which we call mind, imagination, awareness, intuition, consciousness.
At the time of the United Nations 1972 Stockholm Conference on Human Environment, naturalists claimed that Man cannot progress at the cost of hurting and destroying Nature. Afterwards, researchers got into the international discussion on degraded natural resources, endangered species and industrial pollution plus issues like ozone depletion, hazardous chemicals and poisoned seas. Two decades later, at the U.N. 1992 Rio Conference on Environment and Development, a new battle cry became an official motto all over the continents: “sustainable development”. Accompanied by several other metaphors, as “our toxic burden” and “global governance”.
The twentieth century went away, but its environmental nightmares remained, getting worse day after day. Finally, the Worldwatch Report to the 2002 World Summit in Johannesburg stated that “leading the list of growing environmental problems is climate change, which gained prominence over the decade as scientists improved their understanding of the link between emissions of greenhouse gases, climbing global temperatures, rising sea levels, and the increased frequency and intensity of extreme weather events”. (1) Like the tragic European summer of 2003, with its painful toll of human victims and its dramatic material consequences. Coral reefs are dying, glacial surfaces are vanishing, the global temperature record points to the 1990s as the warmest decade since measurements began in the nineteenth century, and there has been documented a 10-20 centimeter rise in global average sea levels over the past century while on another side water scarcity could have serious developmental consequences through its impact on food supplies. Then, a third of our world lives in countries that find it difficult or impossible to meet all their water needs. Paradises have faded out. Many scientists announce that the next cyclical Ice Age that takes place in our planet every 10.000 years is rushing towards these postmodern times at growing speed. Do we need Nature? Yes, indeed. Does Nature need Man? This will become one of the major planetary issues of the coming decades. I have the intuition that Nature needs us for reasons that will be detailed in a while.
Genetic modification, nuclear power, gene therapy and human cloning have become part of our daily life because accordingly to our human nature, they play the same role played by the famous apple in Paradise. They are unavoidable “sins” because that is the way Man functions in the world: to be a human being means to be an unfinished animal. Since the beginning of “homo sapiens” we have been struggling to run away from the archaic beast that sleeps somewhere in our soul longing badly to return to a forgotten cavern. Civilized people surpassed the temptation of canibalism and incest. But the homicidal impulse is still with us: just watch today’s TV news for the latest report. Neurologist Paul McLean attributes this push to a very old portion of our brain that he named as “reptilian”. At certain point of our evolution, centuries ago, a brand new portion of our brain showed-up: the “neo-cortex”. It made possible many previously unthinkable inventions, as spaceships, virtuality and the Internet. But somewhere and somehow a careless Ape remains as a dormant energy in our nervous system, and for such reason when the opportunity appears, then a serial-killer emerges with the utmost inspiration.
The ruins of very powerful civilizations of the past teach us a lot about failed experiments of the human species. Man is merely an actor, not the author of the drama. Then: who writes the script of this unending saga? God perhaps? Not at all. A few lines ago I promised to reveal an intuition and here it is: the dramatist is Nature herself. She creates scenario after scenario over the surface of planet Earth in order to explore her own limits. It was Nature, or the living female entity called Gaia by the ancients, who formed Paradise so as to start a monumental experiment named Man. This world we know is part of a cosmic laboratory where an entity (or deity) named Nature makes all sorts of tests with Man as part of her supernatural project: the evolution of God. Please replace the term God in the opening quotation of the Book of Genesis and let your imagination flow after re-reading it with its new scope.
Man has been able to domesticate several crucial natural processes but in fact most of such anthropocentric achievements do not mean at all that he is controlling Nature. Man forgets that he is part of Nature and not its master, but the last word always belongs to her. Natural elements have been hurt and even destroyed by mankind, and the air, the waters and the soils show clearly all sorts of disturbances caused by human activities. But Man lacks power to modify our planet’s rotation on its axis, its course around the Sun or the influence of the Moon on many planetary fluids, e.g. ebb tides and our ladies’ periodical menstruation.
This experiment called Man will continue tasting the fruits of all forbidden trees because such is his fate. Such is our fate. Nature needs Man as a co-creator. Man needs Nature as an inspiration. Exactly as every teenager needs to rebel against his/her mom and dad in order to become a playful adult who will continue manufacturing robots, cyborgs and androids in spite of those who claim that such things must not happen.
Man will become more engaged with the reconstitution of Nature only after a catastrophe of planetary dimensions, not before. Then, much probably, he will stop for a while and will think about the possible “reconstruction” of the Garden of Eden, who knows where, but with standard choices: organic or transgenic. In the meantime, he has all sort of fantastic dreams, like creating an atmosphere in Mars or cloning geniuses. But someday he will find out that he is merely Nature’s toy, and then, only then, Man will re-enter the realm of the gods where eons away he used to enjoy Eternity before his Fall.
Vedic texts from India hold the concept of Madhu Vidya: We are creatures of our planet and the planet is us. Such was a teaching provided by Dr. Richard Leakey to a team of researchers back in 1983. He invited us to the vaults of the Science Museum in Nairobi, the steel door of the safe was opened and a wooden box was placed over the table. “The thing” was there and it passed slowly from hand to hand: just an incredible one-million years old skull. It was much more than a piece of bone. Everybody had the same inspiration: “To see or not to see”. There were no eyeballs in those two holes but the vision was there. Most of us remembered the sequence of Stanley Kubrick’s “2001: A Space Odyssey”, when an ape of the past throws his “weapon” to the air, and suddenly a spaceship of the future appears from nowhere on the screen. A prophesy was locked in that vault, evident for those ready to grasp it. Men could be the metaphoric cells of a becoming God as Nature would act as the midwife of such spiritual revelation.
Of the tree of the knowledge of right and wrong, we shall eat; for in the day we eat of it we shall surely discover the meaning of being alive on Earth.
En el fondo, se trata de una sola canción, que los jóvenes cantan con melodías distintas y letras aparentemente diferenciadas, aquí, allá y en todas partes. Fue desplegándose a través de la segunda mitad del siglo XX mientras en numerosos lugares del mapamundi muchos jóvenes fueron enviados a matar o morir en guerras que en el fondo eran siempre las mismas, o que alternadamente eran acosados, reprimidos y negados por el simple hecho de ser jóvenes y llevar esa canción en sus almas.
Una vez, entre nosotros, como un resplandor en medio de las tinieblas de rituales genocidas y filicidas (éstos consisten en la matanza de los hijos), surgió un canto que remitía al anhelo de vivir, soñar y celebrar los dones de la existencia, sin tener que pedir disculpas por ello. ¿Ante quienes era preciso disculparse? Ante unos diez mil psicópatas prepotentes que en presuntas situaciones de “autoridad” manipulan el futuro de la humanidad entera (hoy más de 6.500 millones de individuos). ¿Quién les dio ese mandato criminal? ¿Acaso un dios caníbal y troglodita que necesita el sacrificio constante de generaciones enteras mediante el accionar de castas belicistas, dictadores inmundos, corporaciones inhumanas y políticos dementes? ¿Acaso un virus perverso que socava la capacidad humana de amar y compartir? ¿Acaso simplemente una vocación de barbarie que se recicla a través del tiempo inventando nuevas máquinas de destrucción y fomentando el terror y la miseria entre los pueblos, convertidos en manadas o jaurías según la conveniencia de un monarca, una mafia religiosa o una empresa transnacional?
De pronto, en medio de una situación opresiva, aparece un trovador que entona: “Allá a lo lejos, puedes escuchar a un amor de primavera que anda dando vueltas. Abre el barril de lluvia, toma una copa y el hombre de cristal volverá a vibrar. Te comunicarás con él en una línea directa al infinito. Y verás que todo, todo corre hacia ahora, aquí, allá y en todas partes.” Le debemos esta balada, Amor de primavera, a Hernán Pujó y José Alberto Iglesias. Que muchos jóvenes de esta tierra les resonó como un himno.
Hacia 1966, cuando el rock comenzó en la Argentina, los censores de turno lo caratularon como música de protesta. Los Beatniks cantaban "Yeah, rebelde seré/ Yeah, rebelde hasta el fin ", y la guitarra eléctrica y el pelo largo de los músicos contribuyeron a elaborar en el mundo convencional el estereotipo de los rockeros como disconformes. No era una exageración, porque rechazaban de frente el espíritu juvenilista que en esa época respondía a un molde “formal y cortés” ligado a la felicidad y el romanticismo que representaron la música pop y sus múltiples figuras televisadas, desde la sonrisa de Jolly Land y el “Pecos Bill” de Luis Aguilé, hasta el cover de “Only You” por Los Cinco Latinos o el “canario triste” de Elder Barber.
Los trovadores fueron poetas cantautores de la Edad Media. El rito surgió en Provenza (antigua provincia del sudeste de Francia) hace diez siglos y el estilo floreció durante el siglo XII: habitualmente, los trovadores recorrían grandes distancias, y así contribuían a trasmitir noticias entre una región y otra. Con sus canciones amorosas ante todo, pero también con sus composiciones de propaganda social, sus debates y, en resumen, con su visión del mundo, concretaron el principio de una historia cultural y política con una variedad que no se encuentra en ningún otro documento de la época.
Los estudios actuales sobre el arte de la trova destacan que la canción de protesta, de contenido político ha constituido un movimiento universal, sobre todo en países latinoamericanos, en las que baladistas y trovadores han puesto su grano de arena, acompañados generalmente por la guitarra y siendo, a la vez, cantor-creador, autor-intérprete. Temas de contenido social, contestatario o político, suelen constituir el mensaje principal de dicha manera de "trovar", que en Cuba tuvo su auge en la década del 60, dando lugar a un movimiento llamado Nueva Trova. “Un trovador, es un poeta con guitarra", dijo alguna vez allí Silvio Rodríguez. Análogamente, en la Argentina podemos hablar sobre una “trova rosarina”. A menudo, el “contenido político” es sobrepasado por el “contenido poético” y la protesta se convierte en celebración de la armonía y la fraternidad. Los Beatles, Bob Dylan y nuestros Moris, Tanguito, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, Charly García o León Gieco sumaron a esa tradición matices inconfundibles.
A fines de 1966, en Buenos Aires, nos juntamos algunos músicos y poetas en un pequeño teatro ubicado en un subsuelo del barrio de Abasto (por tradición emparentado con el legado de Carlos Gardel, trovador a su manera) para dar testimonio de nuestras ganas de expandirnos y ser parte de una sociedad donde la plenitud fuese un derecho humano. No nos proponíamos inventar una corriente ni fundar un movimiento. Nos sentíamos parte de una corriente generacional que en todo el planeta le decía que “no” a la violencia y “sí” al arte de vivir y compartir. Sentíamos un amor de primavera que andaba dando vueltas, y que poco a poco fue encarnándose en un quórum de jóvenes que eligieron los parques como escenario: plaza San Martín, plaza Francia, el parque del Centenario. Se multiplicaron los hippies y los artesanos. El pacifismo y el ecologismo. Los roqueros y el público de rock. Los festivales y los discos. Las revistas alternativas y las comunidades experimentales… El resto es historia.
Llegó 2007 y, como podía esperarse, la celebración de los “40 años” del rock argentino. Pero por detrás de los formalismos rituales y una avalancha de libros que documentan capítulos únicos de esta travesía armónica, ha surgido una camada de adolescentes que sintonizan de nuevo un amor de primavera que anda dando vueltas. Siempre hay una generación llegando al arte del existir. Su único libreto es la imaginación y la ternura. “No hay un ser que lleve la vida en vano, todos tenemos una misión especial, y cada cual le corresponde descubrirla, y llevarla a cabo de la mejor forma”. El primaveral 21 de setiembre pasado ví a un grupo de chicas y chicos dibujando camisetas multicolores en la loma de plaza San Martín con la frase “vivo en el universo”, a pocos pasos del memorial que evoca a nuestros muertos en la guerra de Malvinas. La tierra permanece. El poema late. La inocencia no se rinde.
¿Por qué no vivimos vidas extraordinarias? ¿Por qué –en medio de tanta abundancia de Redes Sociales y recursos electrónicos colectivos– tal interrogante no prolifera a granel?
Abundan, eso sí, denuncias, proclamas, reclamos, impugnaciones, diatribas y todo tipo de enunciados altisonantes para posicionarse CONTRA las falacias de esta época… Pero al mismo tiempo brillan por su ausencia invocaciones a propósito de la Plenitud transformadora.
En cambio, los quioscos de revistas comerciales ofrecen numerosos productos que serían apreciables si sus marbetes sobre “felicidad”, “optimismo” o “amor verdadero” no se parecieran demasiado a avisos sobre dentífricos y desodorantes íntimos.
¿Por qué vivimos sumidos en la trivialidad y la intrascendencia a la espera de una oportunidad para existir intensamente como parte de una celebración única y genuinamente maravillosa? No apenas alguna gota ocasional del néctar sublime, sino la totalidad de las primicias del Universo.
No dependas de las iniciativas de los otros. Abrí las compuertas de tu Ser y dejá que te envuelvan los latidos de la generosidad infinita del Cosmos.
Se abren rumbos inéditos para la percepción humana, y es por ahí que se van a concretar los cimientos del futuro convivencial en la Tierra.
Aceleradamente, para quienes saben navegar por la Internet, se están multiplicando los "focos de luz" o faros conceptuales que abren conversaciones nuevas, en medio del ruido insolente e insolvente de los patrocinadores de debates obsoletos. No se trata de polemizar, pues sería como conversar con las piedras. Surge por doquier un espíritu de trascendencia que sin prisa ni pausa abona el terreno para el crecimiento de otras realidades.
La Internet es un caleidoscopio ilimitado, donde se anidan infinitas sabidurías perennes y asimismo peroratas estériles. La única unanimidad universal es la luz. No tiene dueños ni administradores. Por consiguiente, hay muchas latitudes de experiencia y de sabiduría en el orbe. No todas son compatibles. No todas son confrontacionales. Hay gente que vive en el pasado y hay gente que vive en el futuro. Hay gente que vive en el efímero presente. Hay otra gente que vive en el eterno presente y hay mucha gente que no vive, apenas dura. Entre sí dan la impresión de pertenecer a planetas distintos. En ocasiones es así. En ocasiones no: así como en el organismo humano hay diferentes funciones (las células del hígado cumplen funciones hepáticas y no rivalizan con las células nerviosas)(y viceversa), del mismo modo sucede en la Tierra y en el Cosmos. Conspiraciones y Logias secretas hubo siempre. Cada una con su proyecto hegemónico. Hay en marcha algunas germinaciones espirituales que no son patrimonio de los Grandes Piratas. He allí un atractivo punto de inserción. Apto para almas en sintonía con un porvenir anidado en el momento actual. La oscuridad no tiene poder propio: es ausencia de luz.
Las Agencias internacionales que monitorean el consumo de petróleo crudo en el planeta estiman un promedio de 85 millones de barriles diarios. Todos los días de todos los meses de cada año (y en crecimiento). Ello mantiene en funcionamiento el mundo tal como lo conocemos y sustenta la producción de TODO lo que utilizamos en la vida cotidiana: electricidad, transportes, alimentos, fertilizantes, plásticos, Internet, etc.
Obviamente, su combustión (y la de sus derivados) es una fuente emisora de los gases que inciden (presuntamente) en el desorden atmosférico del globo, a los cuales se suman la quema de carbón y gas natural. Las conferencias de la ONU sobre “Cambio Climático” (y el penosamente famoso Protocolo de Kyoto) apuntan a reducir la emisión de gases carbónicos. O sea, proponen quemar menos petróleo (o tal vez quemarlo mejor, con súper-tecnologías no emisoras)… Pero en verdad, ello condenaría a muerte a millones de personas que viven en el mundo periférico (el Sur Global), lejos de los esplendores tecnocráticos (del Norte opulento).
De esos 85 millones de barriles diarios, unos 19 millones los gasta EEUU, seguido por 8,5 millones en China, y 4,5 millones por cuenta de Japón. Casi el 40% del total. Argentina aparece en el puesto 27 con 600 mil barriles por día, a la par de Irak y Turquía.
Las patentes más eficientes de energía solar han sido adquiridas por los grandes Consorcios Petroleros del mundo, que las reservan para cuando decaiga sin remedio el acceso al “oro negro”, cuya disponibilidad actual provoca los conflictos bélicos que tan bien conocemos.
¿Hay salida? ¿O estamos condenados a una vida menguante en medio de convulsiones catastróficas?
Por simbolizar una contribución civil a la concordancia y la fraternidad, la Coordinadora del Proceso de Paz entre Israelíes y Palestinos, ha ponderado como “acontecimiento del 2011” al concierto dirigido por Daniel Barenboim en mayo de ese año en Gaza.
Ha sido la primera oportunidad en que una orquesta de alto nivel toca en esa región palestina. Los músicos llegaron desde distintas grandes orquestas de Europa, como la Staatskapelle, la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Viena, la Orquesta de París y la Scala de Milán.
Dicho acto constituyó un desafío a Israel, país que por ley prohíbe a sus ciudadanos ingresar a Gaza. Al propio Barenboim ya se le había negado el paso hacia el territorio palestino y por tal razón, el director y sus músicos ingresaron a Gaza desde territorio egipcio.
Desafiando el veto imperante, el maestro Barenboim, de 68 años, dirigió a sus músicos en el Centro Cultural al-Madha. El concierto, organizado por la ONU, ha sido la primera presentación de un conjunto clásico internacional en la empobrecida faja costera, sujeta a un bloqueo israelí desde 2007. Asistió un público de 700 personas, muchas de las cuales oían música clásica por primera vez.
La orquestra presentó "Eine Kleine Nachtmusik" del músico austríaco Wolfgang Amadeus Mozart y la sinfonía número 40 para un público convidado de niños y asistentes sociales. Hace años que Barenboim recurre a la música para promover la paz entre Israel y los palestinos, pero Israel había bloqueado sus tentativas anteriores para presentarse en Gaza.
Al cruzar a frontera entre Egipto e Gaza por el puesto de Rafah, Barenboim fue recibido por músicos palestinos de la Fundación Al-Qattan.
El concierto constituyó también un desafío para los integristas del Hamás que gobiernan la franja de Gaza y que no se distinguen por su tolerancia hacia la cultura. Y además puso a prueba el método de Barenboim, quien con la música quiere despertar conciencias y fomentar la tolerancia.
“La orquesta tocará en señal de solidaridad y amistad con la sociedad civil de Gaza”, había declarado el director en un comunicado publicado en su sitio de Internet. “Esta visita es muy importante para nosotros por numerosas razones culturales y sociales”, declaró antes del concierto Ibrahim al-Najjar, director del conservatorio al-Qattan.
Nacido en la Argentina, Barenboim es también israelí y palestino, y es ampliamente conocido por su defensa de los derechos del pueblo palestino. Ya dirigió varios conciertos filantrópicos en Cisjordania, donde pidió el fin de la presencia israelí en la región.
Desde 1999, Barenboim promueve contactos culturales entre árabes e israelíes a través de la Orquestra Divan, con sede en Sevilla (España), y compuesta por jóvenes israelíes y árabes.
Durante el concierto, con profesionales que se arriesgaron a interpretar sus instrumentos en Gaza bajo la conducción de Barenboim, este dijo que la confrontación entre israelíes y palestinos es "un conflicto entre dos pueblo que están convencidos de que tienen el derecho de vivir en el mismo pequeño pedazo de tierra" y, por eso mismo, los destinos de ambos estarían ligados.
Dolorosamente, numerosos adultos presentes mantenían vivo el recuerdo de Juliano Mer-Khamis, actor, director de cine y activista político israelí, de familia árabe-cristiana y judía, que fue asesinado un mes antes en Jenin por un palestino miembro de la Brigada de los Mártires de Al-Aqsa, grupo perteneciente a Hamás.
Crujen las estructuras. Todas las estructuras: arriba, abajo, derecha, izquierda. El siglo XX sigue disolviéndose en todas partes y el siglo XXI consiste en una gigantesca incógnita.
Millones de jóvenes sobran en todas las economías globalizadas o no. Millones de ancianos han quedado a la deriva, indefensos. Millones de niños siguen picoteando “años viejos” en escuelas sin hojas de ruta…
Miles de millones de dólares o euros son transferidos al mundo de las finanzas para el “salvataje” de Bancos sólo interesados en salvarse a sí mismos (y a sus accionistas mayoritarios).
Cantaba Bob Dylan en 1964:
Lluvia o no lluvia. Un sendero que lleva al abismo. Otro sendero que lleva a una cúspide. La barbarie y la revelación bailando en la cornisa…
Vivimos en un mundo dinámico, para nada estático. Basta observar los mega-procesos que nos circundan: los flujos de la atmósfera, el vaivén de los océanos, la interacción de las especies, el murmullo de los volcanes a partir del centro ígneo de la Tierra: el “equilibrio” de la Naturaleza es una ilusión óptica. Todo circula, refluye, vibra, estalla, brilla, brota, decae y mucho más a la vez.
Vivimos en tiempos donde el fracaso político es rutina y donde las ciudades se desintegran a pasos agigantados. Recurrimos para cargar nuestras atribuladas baterías anímicas a algunos antepasados exitosos, que serían repositorios de sabidurías remotas exentas de lastres siniestros. Pero la euforia expansiva nos dura poco. Nuevas resquebrajaduras dominan el panorama.
Jamás existió una cultura inmunizada contra el caos, que es la Razón de Ser del Universo. Somos entonces desafiados a resistir, imaginando antídotos para no sucumbir en medio de tanta barbarie.
Subí las escaleras: solamente hice eso, disuelto en imágenes fugaces de un mundo en el que jamás había estado antes, hacia un lugar que mi cuerpo jamás visitaría. Vislumbraba el cielo en lo alto, un cielo inexpresivo de un mundo inabarcable mediante la vista.
Los escalones lucían muy gastados y la luz del sol que se filtraba desde lo alto le daban a todo una tonalidad verde intensa, un brillo despojado de significados: más una ausencia que una presencia.
Seguí subiendo, despacio, sin tomarme de la baranda, con la sensación de permanecer siempre en el mismo lugar pese que mis pies se desplazaban hasta el escalón siguiente, sin alterar mi posición en la escalinata.
Mi atención no era absorbida por el azul recortado en la zona superior del encuadre sino por un amarillo lleno de ángulos sobre la pared lateral.
No sé si ese amarillo era consecuencia de una combinación solamente real en mis ojos. El cielo azul, el muro verde… Algo no cerraba. ¿Acaso era el cielo una consecuencia cromática del impacto del sol en el verde del muro? ¿Acaso era yo el resultado de un juego de luces?
Hacia abajo, pura oscuridad. Hacia la altura un detalle blanco, indefinido. Y yo subía, subía sin subir ni bajar. Suspendido en el tiempo como la hoja caída de un árbol invisible. Liviano. Inagotable. Convertido en viento.
Desdibujo la autopista cercana: se diluyen los vehículos que la recorren a gran velocidad, disuelvo los zumbidos de sus motores y los remolinos de aire que dejan a su paso (que no veo, apenas los imagino y voy apagándolos como llamitas de una vela perdida en medio de una ciudad que se esfuma poco a poco sin dejar rastros).
Detrás de la persiana hay un jardín dominado por un enorme ciprés. Lo desdibujo y hago que a la vez se sumerjan en su tronco las hierbas del césped, las flores de las plantas laterales, los troncos secos cortado para que sirvan como bancos para gente que no está en ese marco rodeado de medianeras y edificios: se zambullen y abandonan su presencia.
Finalmente desdibujo la metrópolis: ya no está a mi alrededor ni se arremolinan los ciclistas que pedalean por la calle a gran velocidad como si los persiguieran insaciables tribus caníbales.
Cierro los ojos: desdibujo mi circunstancia y me proyecto hacia el universo, como si mi mente fuese un color y como si mi respiración volara sin márgenes.
“En muchos sentidos, el 2012 es el Año de nuestro Ser Único. Es el momento de unirnos, colaborar, co-crear, para el apoyo mutuo, para manifestar nuestro Verdadero Propósito como un Ser Único. Dar a luz un Mundo Nuevo y vivir una Vida Verdadera no lo logramos como individuos separados, sino uniéndonos como un Ser Único. Este es el año en que es esencial que el Gigante Dormido de nuestro Ser Único se despierte completamente y haga sentir su presencia. Hay muchos niveles de nuestro Ser Único.”
El caracter mutacional de los tiempos que se avecinan, formula desafíos sin precedentes. Implica una reconfiguración profunda de lo que somos y convida a que nos proyectemos plenamente hacia los componentes verdaderos de la existencia.
En cierto momento se diluirán las diferencias entre “dentro” y “fuera”, que todavía aparecen en nuestras vivencias. Ya no habrá observadores y observados, testigos y protagonistas. Ello incentivará nuestra real inventiva: sabremos de una vez por todas quiénes somos realmente.
La modernidad impuso a la especie humana una rutina de desnaturalización y abandono de sus potenciales evolutivos. Recortó sus dones psíquicos y espirituales, imponiéndole costumbres atadas al consumo y la repetición de tareas que imponen ritos de fracaso.
Dentro de ese círculo vicioso, los hombres y las mujeres reproducen sin cesar un sistema de extrovisión, o sea, proyección hacia “conquistas” materiales en el mundo circundante, vinculadas al dinero, la fama y el dominio del prójimo. En especial, las apariencias.
No todos caen en esa trampa. Algunos asumen su genuina capacidad de transformación y mediante recursos de introvisión (provistos por prácticas metafísicas como la meditación, la contemplación y la imaginación incondicionada) captan detalles de la real misión de la presencia humana en la Tierra.
No es una acción espectacular. Se inscribe en tradiciones milenarias. Compone sus dinámicas con disciplina y paciencia.
AUGURIO FUNDACIONAL
Durante varias décadas ha venido incubándose una realidad ampliamente diferenciada de las tendencias imperantes determinadas por una tradición autoritaria. A grandes rasgos fue rotulada como “sociedad alternativa”, y entre otros variados apelativos también se la identificó como “subterránea” (o sea, en gran medida clandestina).
No hace falta mucha inspiración para darse cuenta de que ese Poder Lateral hoy ha dejado de ser “algo aparte”. Todo lo contrario. Constituye un potencial en primera instancia comunitario, y en una perspectiva realista: social.
Antaño daba la sensación de que había que “pedir permiso” para existir de otra manera. Ahora, la otra manera se ha expandido, ha refinado sus herramientas, y abarca a una multitud esclarecida que va tomando consciencia de su realidad cultural, y transformacional.
Protagónica. Fundacional.
Tenemos por delante una tarea concreta, de carácter sutil, como la plantación de un árbol. Que se configura día tras día sin ostentar saltos espectaculares. Que crece milímetro a milímetro como si tuviera una cita distante con el Universo. Pero ninguna prisa al respecto. Del mismo modo, nos concierne una cita con el Universo. Serena y expansiva.
Todo árbol comienza con una semilla. En todo sentido, la misión del árbol es congregarse con otros árboles a fin de constituir un bosque. No por la rentabilidad de la madera. Ni por los servicios que presta para el ciclo hidrológico del planeta y la estabilidad del clima. El árbol no combate al resto de la flora, ni espera daño causado por la fauna. Sólo el hombre es la amenaza potencial.
La semilla brota, echa raíces que se expanden hacia los nutrientes de las profundidades. Surge hacia las alturas un aparentemente frágil tallo que va ganando fuerza a medida que absorbe microelementos, agua y luz solar. Todos los minutos de todas las horas de todos los días… Llegará el momento de florecer y dar frutos. Puntualmente.
El hombre brota. La mujer brota. El niño brota. Su misión es congregarse con otros humanos para constituir un pueblo. Estemos atentos.
Hubo a lo largo de la historia humana múltiples ejemplos de individuos esclarecidos que alteraron el curso de los acontecimientos sociales de su época, simplemente por manifestar un NO rotundo ante situaciones que les parecían existencialmente injustas o moralmente insostenibles. No esperaron el acuerdo de la multitud, y en numerosas situaciones fueron estigmatizados por sus propios pares. Fueron señalados como indeseables o como “malos ejemplos”. Y, claro está, los Poderes Establecidos los persiguieron y/o castigaron por su osadía inconformista.
Las muchedumbres domesticadas se resisten a cambios que podrían mejorar su condición social, porque temen “dar un salto al vacío” que los coloque en situación de intemperie o los haga destinatarios de acciones punitivas. De allí la vocación “conservadora” de las masas, tanto en países democráticos como bajo totalitarismos rampantes.
Pero también existe el Poder irrefrenable del SÍ generativo, el ejemplo personal que expone otras maneras de vivir, que aseguran la equidad social, la plenitud vital y la expresión cabal de ideas que indican rumbos inéditos para muchos. Esas necesarias Personas Singulares ya están entre nosotros: no cometamos el error de ignorarlas.
La Vida es expansión constante, no repetición.
Resulta más sencillo posicionarse contra algo que poner el foco y la energía en alguna iniciativa de afirmación. La mayor parte de la gente utiliza su tiempo de vida situándose como testigo de algo que no es la “realidad” sino secuencias de espectáculos montadas para mantenerla entretenida. Distraída. Ausente de lo cotidiano.
Vivimos en un mundo de “shows” constantes y de espectadores sumidos en el mundillo de los demás, los que llenan los programas de TV, los videoclips, las entrevistas “periodísticas” y las series con nimiedades para todos los gustos.
La multitud corre ida y vuelta, casi sin parar: da la impresión de ir hacia alguna parte, pero en verdad anda en círculos, repitiendo día tras día el mismo circuito de intrascendencia.
Hay otros que no se dedican a reproducir la maquinaria insensata que domina la actual vida colectiva: se asumen como seres únicos y no entran al torneo donde los desenlaces está programados para que todos pierdan.
Hay evidencias de una inequívoca aproximación a situaciones originales donde cada cual puede manifestar lo mejor de su naturaleza. La tarea no posee espectacularidad: sucede y permite descubrimientos ajenos al torbellino donde reinan el vacío y la ausencia de genuina vitalidad.
No somos educados para expresar nuestras singularidades, ni para refinar nuestros potenciales. Mucho menos para innovar. (Las grandes invenciones de la humanidad se produjeron “a pesar” de la presión institucional aplicada por las tradiciones imperantes.) Los que no entran en esa dinámica, son considerados “inadaptados”. Ya se trate de tontuelos o de superdotados.
Somos inducidos a calcar, a repetir fórmulas, mediante un proceso de domesticación rotulado como “instrucción”. En definitiva, somos “masificados”, convertidos en parte de una multitud homogeneizada, vacunada contra la originalidad, la recreación y la dinamización de potenciales incondicionados.
Hay algo peor: se anula el discernimiento, la capacidad de aplicar conocimientos liberadores.
He allí un problema de difícil resolución.
“La cercanía del bicentenario del nacimiento de la Argentina como nación independiente invita a reflexionar sobre el presente y el futuro de todos nosotros como sociedad. Se trata, ni más ni menos, que de proponernos la reinvención de nuestro desempeño como ciudadanos plenos en un país hoy estructuralmente rezagado y éticamente deficitario. En un planeta signado por múltiples crisis bélicas y climáticas.
La fisiología del cuerpo humano brinda una sabia estrategia. Las heridas no sanan desde la piel sino desde la profundidad de las células, que reconstruyen poco a poco el tejido dañado.
Por eso, si media docena de municipios argentinos pusieran sus manos a la obra para convertirse en prototipos de eco-pueblos basados en un programa de auto-construcción de viviendas, granjas cooperativas, huertos orgánicos, fuentes energéticas renovables, pedagogía solidaria, autosuficiencia alimentaria, radios comunitarias, cabildos populares y gestión participativa, su ejemplo inspirador (y contagioso) podría contribuir al renacimiento general.
En el siglo XXI, no habrá nada más revolucionario que la humanidad solidaria en acción.
El desarrollo fue siempre visto como un proceso que llega a una región o desciende desde esferas superiores, bajo la forma de inversiones públicas o radicación de empresas privadas.
Tradicionalmente, la llamada modernización —en el sentido amplio de generación de empleos y renta, valorización de las empresas pequeñas y medianas, el combate a la pobreza y la reducción de las desigualdades— fue vista como una dinámica proveniente de afuera y que la comunidad espera de forma pasiva.
Las nuevas políticas de apoyo al “desarrollo local” demuestran que el potencial de auto-organización, la riqueza del capital social, la participación ciudadana y el sentimiento de apropiación del proceso por parte de la comunidad, son elementos vitales para la consolidación de nuevas realidades sociales.
Hay tres recursos que la gente común podría aplicar para un despegue cabal: su tiempo personal (hoy dilapidado en alienaciones varias), realizaciones concretas de la energía laboral, e imaginación desinhibida.
Más acá de muchas visiones precursoras consideradas utópicas, deberíamos animarnos a la plenitud. En la ciudad o en el campo. Hoy, ser realistas no es procurar lo imposible, sino hacer lo necesario.”
Pasaron 2.000 años y los mercaderes siguen invadiendo el Templo. No apenas el símbolo físico construido por los hombres para venerar a la Divinidad, sino ahora también el ámbito intangible conformado por la Naturaleza. Todo es pasible de ser convertido en mercadería: ya lo van haciendo con el agua que bebemos, el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, los caminos que recorremos, los viajes que realizamos, los paisajes comunes, la música que escuchamos… y así ilimitadamente.
Entre los siglos XV y XIX, la Europa Imperial se repartió los continentes periféricos y explotó en su beneficio todo lo que encontró por el camino: tierras (para cultivos rentables – algodón, cacao, caña de azúcar…), especias, oro, plata, piedras preciosas, petróleo, y mano de obra esclava.
En el siglo XXI, la fiesta extractora no ha cesado: ahora el ritual expoliador corre por cuenta de Corporaciones Transnacionales con sedes invisibles en múltiples santuarios financieros.
A Europa se sumó un desprendimiento “moderno” como Estados Unidos, después Japón… y ahora las élites mercantiles de China e India (zonas antaño saqueadas por Occidente). El juego no varió, apenas se volvió sofisticado: minería a cielo abierto, armas, drogas, negocios biotecnológicos, acaparamiento de tierras fértiles, etc.
Pasaron 2000 años y la crucifixión continúa…
De modo imperceptible para el grueso de la población porteña, aunque de modo acelerado, viene consolidándose en la ciudad de Buenos Aires un trastocamiento estructural de magnitud histórica. El antiguo casco urbano va siendo devorado por emprendimientos inmobiliarios cuyo objetivo es aprovechar el metraje de los terrenos para edificar importantes edificios destinados a sectores de sólido poder adquisitivo. Una “nueva clase” (minoritaria, aunque poderosa) va instalándose en esos ángulos de la flamante realidad.
Un área de expresiva solidez estructural se encuentra cruzando el Canal de Puerto Madero, donde lujosas construcciones van dando forma a un barrio totalmente diferenciado de la ciudad tradicional. Tanto para oficinas como para uso habitacional, las altas torres crecen sin cesar, con sólida demanda por parte de inversores locales y extranjeros.
Del mismo modo, hacia el sur de la abigarrada City bancaria (Monserrat y San Telmo), teóricamente un sector “histórico” a preservar, también empiezan a aparecer las opulentas estructuras de futuras torres. Una de ellas, en un inmenso terreno, sobre avenida Belgrano al 900, se anuncia como complejo de Banco/Oficinas.
En el resto de la ciudad prolifera el mismo auge de nuevas construcciones o el “reciclaje” de edificios ancianos. ¿Acaso los ciudadanos locales han sido consultados sobre el futuro de su hábitat local, o rige un particular feudalismo inmobiliario?
Lo primero significa censurar. Lo segundo, respaldar. La mayor parte de la gente construye su presencia en este mundo en base a la impugnación: están todo el tiempo “en contra” de algo o de alguien. Son los eternos cuestionadores, los paladines de la negación. Alzan su modo de existir basados en el NO.
Otros, en cambio, si bien tienen una posición crítica frente a ciertas cuestiones como la corrupción, el belicismo, la represión ideológica u otras plagas nefastas, también asumen actitudes de compatibilidad y apoyo a situaciones o actividades que abren caminos para la superación de una infinidad de lacras sociales. Son afirmadores, aunque distan de proceder como conformistas. Encarnan sus ideales. Los convierten en una manera de ser.
En este plano, hallamos a partidarios de la autonomía, la solidaridad de base, la autosuficiencia, el ser comunitario, el voluntariado, el cooperativismo, y otras expresiones de ayuda mutua…
Propugnan iniciativas que ejemplifican rumbos de confluencia, en vez de embarcarse en el antagonismo a ultranza. Tal es una de las disyuntivas centrales del momento actual.
Días tórridos en Buenos Aires: señales de algo que va haciéndose más y más usual en muchas latitudes. Los llamados “eventos climáticos extremos”.
No hace mucho la ONU hablaba sobre cambio climático. Y los políticos miraron hacia otra parte. Hasta hubo “escépticos” que negaron la existencia de tal cosa. Entretanto, récords de frío o calor, de inundaciones o sequías, de huracanes y terremotos, de cenizas volcánicas e incendios de bosques.
La ONU cambió el disco, pasó a referirse a estrategias de “mitigación” y “adaptación”. O sea, pueblo terrestre, acostúmbrense a las catástrofes, que van a abundar y será preciso tomar muchas precauciones. Y los políticos pasaron a precaverse en sus salones con buenos equipos de aires acondicionados.
Hoy, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, determinó la creación de una fuerza especial para actuar en la prevención de desastres naturales y la reconstrucción de localidades afectadas por tales eventos. Las aguas arrasan los estados de Minas Gerais, Río de Janeiro y Espírito Santo. Asimismo, en China, hoy la Administración Meteorológica Nacional informó hoy que los desastres ocasionados por fenómenos naturales causaron el año pasado en ese país 1.049 muertos o desaparecidos y pérdidas económicas directas estimadas en cerca de 48.000 millones de dólares.
El año 2011 ha sido el más costoso en desastres naturales de la historia. Casi medio billón de dólares (de los cuales la mitad se los llevó Fukushima), suponen algo más del doble que 2010, al mismo tiempo éste triplicó a 2009. El año pasado sextuplicó en pérdidas a 2009. La clase política, bien, gracias.
17/10/2012 (18:00 h)
Encuentro con Miguel Grinberg - amigo personal de Witold Gombrowicz en Buenos Aires - organizado en el marco de las celebraciones del 75 aniversario de la publicación de Ferdydurke por la Editorial Wydawnictwo Literackie.
Miguel Grinberg (1937), es un poeta y escritor argentino descendiente de inmigrantes polacos. Sobre esa amistad escribió el libro Evocando a Gombrowicz (Wspominając Gombrowicza, PIW, trad. Ewa Zaleska). A los 24 años inició la publicación de una revista trascendental, Eco Contemporáneo, y fundó el Movimiento Nueva Solidaridad de poetas de las Américas. En la década de los ’80 editó otra revista pionera: Mutantia. Ha publicado cuatro libros sobre ecología social, tres sobre el movimiento de rock argentino, y numerosos títulos sobre espiritualidad y consciencia evolutiva.
En 2004 fue honrado con el Złoty Krzyż Zasługi del gobierno polaco. Su libro más reciente se titulaNuestro Espacio Sagrado.
Editorial Literaria (Cracovia) / Wydawnictwo Literackie (Cracovia)
Instituto Cervantes (Cracovia)
Embajada de Argentina (Polonia)
NOVEDAD!
AL FINAL DEL BLOG: UN TESTIMONIO DE GARY SNYDER
"Somos seres evolutivos, en un planeta evolutivo, que se desplaza en un cosmos evolutivo. Y como seres humanos tenemos la oportunidad de participar de un momento histórico donde todo lo que conocemos se va a ir convirtiendo rápidamente en arcaico", reflexiona el poeta e investigador Miguel Grinberg. "Considero que no nacemos para reproducir la realidad tal cual existe porque por nuestra naturaleza somos seres en estado de travesía, en estado de iluminación permanente. Somos desafiados por los reflejos de una chispa divina a soltar el lastre de lo trivial, e ir logrando algo que nos coloque en situación de explorar el territorio sagrado", agrega.
El compañero místico. Para Grinberg, todos nacen dotados de talentos y recursos originales, pero el problema es que no siempre se tiene la suerte o la iniciativa suficiente para desarrollarlos. Porque se nace en la familia equivocada, en el país equivocado o en un momento de la historia equivocado. Grinberg se acuerda de que muy temprano descubrió que en su naturaleza había una sensibilidad inmensa para lo religioso. "Cuando mis padres me llevaban a una ceremonia religiosa, por ejemplo un casamiento, ya fuera en una sinagoga o en un templo cristiano, en cuanto resonaban los primeros acordes de órgano no podía evitar las lágrimas y me invadía una gran emoción. Comprendí que me acompañaba un místico, un místico que era yo mismo."
Pigmalión. A los 20 años, a través de su correspondencia con el poeta beat Jack Kerouac, descubrió el budismo zen en los escritos del monje Daisetz Teitaro Suzuki (1870-1966). "Los encargaba en Pigmalión, la librería inglesa de Buenos Aires que, a su vez, los pedía a la Sociedad Budista de Londres; tardaban exactamente un mes en llegar a mis manos. Así entré en el mundo de Oriente y leí todos los escritos de Suzuki, pero no terminaba de conformarme porque yo no quería ser un japonés ni un hindú: no estaba en mi tradición. Buscaba un sendero que trascendiera las culturas y las religiones, porque tampoco quería ser un monje. Pero sentía que le tenía que dar de comer a un Miguel místico que buscaba su alimento."
Caminatas con un santo. "Un día en El Corno Emplumado , una publicación mexicana de poesía, encontré un poema de Thomas Merton, un monje trapense norteamericano, un ser cósmico, trascendental. Aconsejado por otro trapense, Ernesto Cardenal, amigo y traductor, le escribí y me contestó. Proyectamos un encuentro y aprovechando un congreso de poesía que organizamos en México en 1964, fui a la Abadía de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky, donde vivía Merton, a hacer un retiro espiritual. Esa semana, a ratos en la biblioteca cuando nevaba -era febrero-, o durante las caminatas por los alrededores del monasterio cuando se asomaba el sol, me sentí envuelto en la aureola de alguien que uno podía considerar un santo.
Una marca a fuego. "Además, Merton me hacía sentir el espíritu ecuménico, me hablaba del Dalai Lama, de Erich Fromm. Se escribía con todo el mundo, desde el poeta Boris Pasternak hasta Victoria Ocampo. Había hecho voto de silencio, pero desde el punto de vista epistolar diariamente su correspondencia llenaba cajas y cajas. Desde entonces, el ecumenismo me marcó para toda la vida y comencé a desarrollar una visión integradora de la fe. No salí de la abadía caminando sobre las aguas, sino con la intensión de dedicar mi vida a recorrer el territorio espiritual de la existencia. Algo que no surge espontáneamente, algo que hay que trabajar en el propio bagaje." Grinberg suele recordar que cuando Merton le hablaba del Dalai Lama en los años 60, nunca imaginó que pasados los años, en 2006, estaría sentado, junto con un grupo de médicos e intelectuales, dialogando con el Dalai Lama sobre salud y espiritualidad. Fue una de las grandes emociones de su vida.
Desafío. "En el Instituto Naropa, en Colorado, que dirigía el lama Chögyam Trungpa Rimpoche, me enseñaron a meditar con una técnica respiratoria que -me advirtieron- no me iba a permitir curar leprosos, pero sí conseguir una relación amistosa con el ser que era yo realmente. Todo un desafío: tenía que ver si era capaz de mantener una buena relación con el que era y si me gustaba ese personaje porque si no me iba a pelear con él toda la vida."
Holodinamia. "Era miembro del Instituto de Psicología Humanística de California, donde actuaban terapeutas como Rollo May, Carl Rogers, Abraham Maslow. Un día, durante un congreso sobre El arte de convertirse en persona, tema de un libro de Carl Rogers, conocí a un grupo de músicos terapeutas que me contaron que además de sonidos utilizados por los budistas para meditar, como los cuencos o las campanas, había otros instrumentos, como sintetizadores, que permitían desanudar esos núcleos que traban la intuición en los seres humanos. Entonces, integrando la técnica respiratoria con los sonidos, desarrollé la holodinamia, con la que trabajo desde hace 30 años."
Un lugar tenue y sereno. "Escuchar el silencio es uno de los ejercicios que recomiendo para desarrollar ese sexto sentido, tercer ojo, o mirar hacia dentro de uno mismo. Hay que relajarse y advertir la conversación interior. Detenerse en medio de una frase y quedarse en blanco. Claro que en pocos segundos el comentarista interno creará más comentarios, armando otras escenas con amigos y enemigos. En ese momento hay que ponerse en blanco nuevamente. Cuando uno logra suspender la charla repetitiva, hay que empezar a escuchar el silencio. Al principio parecerá un zumbido o una sutil vibración. Aconsejo comenzar a oír lo que ocurre por detrás de esa vibración y entrar en contacto con un lugar tenue y sereno. Puede ser que las primeras veces uno se sobresalte y pierda el contacto. No hay que preocuparse: hay que ingresar nuevamente, aprender a soportarlo y fusionarse con él. Cuando uno sea capaz de pasar un tiempo en ese lugar silencioso comenzará a percibir ideas y deseos, los productos genuinos de su voz intuitiva que surgen de ese conocimiento directo y profundo de uno mismo.
CARTA CONSTANTE
EMBLEMAS DE OCTUBRE
Recorremos los laberintos de una concepción agónica del mundo: el estrepitoso final de la Edad Moderna. Tenemos por delante la ardua faena de apartarnos de los escombros y de contribuir a la consolidación de nuevos cimientos, la generación de situaciones inéditas.
Nuestra tarea en marcha no es espectacular: todo lo contrario, es sutil y expansiva en el sentido más refinado de la palabra.
ANALFABETISMO CÍVICO
Cuatro años más tarde volvemos a jugar el juego de la Perinola Electoral para optar en la presunta Ciudad Autónoma (¿o Autómata?) de Buenos Aires (CABA) entre candidatos no elegidos por el pueblo sino por las cúpulas de las Sectas Políticas que nuevamente y a los tirones pegan carteles sobre los muros de la metrópolis invitándonos a votar nuevos (o perennes) “representantes” de los Porteños…
Hubo una vez la intención de crear una dinámica de participación vecinal en los asuntos que inciden en los destinos de esta maltrecha entidad urbana que es la CABA.
En principio, la LEY ORGÁNICA DE COMUNAS (Nº 1777 – 1/9/2005) estableció la formación de Juntas Comunales de siete miembros para (entre otros menesteres):a. Promover la descentralización y facilitar la desconcentración de las funciones del Gobierno de la Ciudad, preservando su integridad territorial.
b. Facilitar la participación de la ciudadanía en el proceso de toma de decisiones y en el control de los asuntos públicos.
c. Promover el desarrollo de mecanismos de democracia directa.
Pero, del mismo modo que los políticos profesionales ajustaron el esquema para seguir monopolizando la gestión pública, esos mismos intereses sectoriales escamotearon los accesos ciudadanos al ejercicio de la “democracia directa”.
A saber, esa misma Ley determina, con miras a la Participación Vecinal, la creación de Consejos Consultivos Comunales, con estas responsabilidades:
Capítulo Único. Consejo Consultivo Comunal
Artículo 33.- Definición. Créase en el ámbito de cada Comuna, el Consejo Consultivo Comunal como organismo consultivo y honorario de participación popular, conforme lo establecido en el artículo 131 de la Constitución de la Ciudad.
Artículo 34.- Integración y participación. El Consejo Consultivo Comunal está integrado por representantes de entidades vecinales no gubernamentales, partidos políticos, redes y otras formas de organización con intereses o actuación en el ámbito territorial de la Comuna. No perciben remuneración ni compensación económica alguna por sus servicios. Sin perjuicio de lo dispuesto en el párrafo anterior, las normas de funcionamiento interno de cada Consejo Consultivo Comunal deben garantizar el derecho de los vecinos domiciliados en la Comuna a participar en forma individual de las actividades del mismo. Asimismo, garantizan el funcionamiento del Consejo Consultivo Comunal a escala barrial.
CONSTITUCIÓN DE LA NACION ARGENTINA
ARTICULO 131.- Cada Comuna debe crear un organismo consultivo y honorario de deliberación, asesoramiento, canalización de demandas, elaboración de propuestas, definición de prioridades presupuestarias y de obras públicas y seguimiento de la gestión. Está integrado por representantes de entidades vecinales no gubernamentales, redes y otras formas de organización. Su integración, funcionamiento y relación con las Juntas Comunales son reglamentados por una ley.
Este segmento de la legislación vigente ha sido soslayado por el accionar proselitista imperante. En ninguna de las plataformas electorales que circulan se hace referencia al cumplimiento de esta instancia prevista por la Carta Magna y articulada por una Ley que cuenta con la aprobación de la Legislatura de la CABA.
Por lo tanto, queda claro que independientemente de los resultados de las elecciones porteñas del 10 de julio de 2011 y de una eventual segunda vuelta (o balotaje), hay una asignatura pendiente ceñida a los parámetros del ejercicio de una Democracia Directa.
Dejo constancia.
VIVENCIA EN UN OTOÑO
Los titulares cotidianos pendulan entre uno y otro aspirante a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en julio, y a la Presidencia de la República en octubre de 2011. No se manejan ideas y proyectos, se exhiben rostros y consignas, en su mayoría apuntadas a descalificar a los rivales.
Hace años que el mecanismo “síganme que no los defraudaré” persiste en el subconsciente colectivo, que de modo mecánico suele quedar limitado en apoyar la candidatura del menos peor, y no la investidura de aspirantes realmente meritorios y a la altura del desafío de contribuir a sacar a una ciudad y a un país de su endémica postración material y moral.
En la Ciudad Autónoma, en el país y en el mundo, los relatos periodísticos abundan en detalles sobre diversas gamas de corrupción política que desgastan el ánimo de una ciudadanía futbolizada a ultranza.
El tema de fondo, no aparece jamás. En cambio, el mensaje dominante es “¡compre y compre!” mientras los especuladores de siempre aumentan sin cesar los precios de los insumos de primera necesidad. No puede ser que en un país ganadero el buen queso valga cien pesos por kilo en las cadenas de supermercados, y que los precios más accesibles del mismo producto provengan de segundas y terceras marcas de mediocre calidad. Lo mismo con otros ítems de la canasta familiar.
Y bien: ¿cuál es el tema de fondo? Aquí, allá y en todas partes consiste en la descomposición absoluta de los valores sociales e individuales que inspiraron a buena parte de la humanidad durante el cada día más remoto Siglo XX.
Pasó la década inicial del Siglo XXI y lo más expresivo de tal período ha sido la transformación del concepto de “democracia” en una trampa para el beneficio de una minoría perversa e inescrupulosa.
Lo ético y lo estético, los valores humanos básicos, han sido inmolados día tras día por advenedizos que enquistados en la burocracia institucional realizan sus rituales de abuso a espaldas de las urgentes necesidades de la multitud.
Cada 4 años somos convocados, NO A ELEGIR, sino a optar por candidatos que han sido designados sin nuestra intervención, en los oscuros pasadizos de las ideologías descompuestas. En muchos casos, hombres o mujeres que jamás aportaron algo útil al bienestar nacional.
La incógnitas se hallan a la vista. Nos toca reflexionar y definir nuestros venideros compromisos, con toda la energía y la inspiración necesarias para revolucionar allí donde se pudrieron los cimientos, y para construir allí donde la frustración devora las ganas de vivir, de amar y de compartir.
de Aldo Luis Novelli, el Martes, 17 de mayo de 2011
ENTREVISTA: La poesía de lo salvaje GARY SNYDER Y JIM HARRISON Escritores
El primero, leyenda 'beat', inspiró una novela de Kerouac. El segundo es una de las voces más originales de las letras americanas. Protagonizan un filme y hablaron en Madrid de literatura, amistad y la eterna llamada de la naturaleza
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS / IKER SEISDEDOS - Madrid - 13/05/2011
Snyder: "Las autovías acabaron con nuestra manera de viajar"
Harrison: "Cuando nos conocimos, estuvimos bebiendo tres días seguidos"
Harrison: "A veces pienso que debería dejar de escribir para siempre"
Snyder: "El nombre de Gerónimo para Bin Laden es un insulto a los indios"
Si Jim Harrison es una fuerza de la naturaleza, Gary Snyder es la naturaleza misma. Juntos componen la imagen de un viejo búfalo que resopla junto a un eterno río. Dos torrentes predestinados a complementarse y entenderse. Apóstoles de la gran contracultura, Snyder (San Francisco, 1930) y Harrison (Michigan, 1937) atraviesan juntos el paisaje de
La práctica de lo salvaje, documental de John J. Healey sobre el primero (poeta esencial de la generación beatnik que inspiró Los vagabundos del Dharma, de Kerouac) a través de la mano amiga del segundo, indómito autor de los relatos que inspiraron Leyendas de pasión.
El budismo llevó a Snyder a Japón y las novelas de éxito convirtieron a Harrison (toda una celebridad en Francia) en un hombre de Hollywood. Las rocas, los lobos y las estrellas han encontrado eco en sus voces. Poeta de la tierra, la ligereza en los gestos de Snyder -que estudió la filosofía zen durante nueve años en Asia- contrasta con la gravedad de su voz: "Me he pasado toda la vida entre la naturaleza salvaje pero los seres humanos son mi disciplina. Soy un naturalista de mi propia especie", se pudo escuchar ayer en un recital suyo en La Casa Encendida de Madrid que se repetirá, el lunes, en el Espai Cultural Caja Madrid de Barcelona.
Tan cercanos a los beats como al Walden de Thoreau, se conocieron hace casi medio siglo, cuando ambos eran jóvenes poetas creyentes en el poder de la palabra. Desde la primera frase, se hace evidente la excepcionalidad de un encuentro con ambos en un restaurante de Madrid. "Mi perra murió", recuerda Harrison. "Una serpiente le mordió en un ojo, el veneno le atacó el cerebro... fue entonces cuando contraté a un hombre serpiente, así se llaman a los cazadores de esos bichos del diablo, que mató unas mil en una milla alrededor de mi casa".
Pregunta.
Ustedes son la prueba viviente de que es posible la práctica de lo salvaje en EE UU...
Jim Harrison. Por supuesto. Hay días, incluso años, de niebla en los que las serpientes no bajan de las montañas. Pero en los meses secos hay que matar a las que bajan, que son los machos alfa. Pura disuasión. Muertos, no vuelven; y el resto no se atreve.
Gary Snyder. Aún queda terreno relativamente salvaje en Estados Unidos. El 80% de las tierras al oeste de las Montañas Rocosas es de titularidad pública. Todo el mundo puede visitarlo pero nadie puede quedarse.
P. ¿Qué opinan de la ética que ofrece la película de Sean Penn, Into the wild? Presentaba con heroismo la historia real de un chico que se dejaba morir en Alaska, en la coda a una sinfonía de búsqueda de la naturaleza, de lo salvaje.
G. S. Conozco la historia. Christopher McCandless era un pobre chaval.
J. H. También me molesta ese tipo, el de Grizzly Man, de Werner Herzog. Aquel que se dejaba comer por un oso. ¿Por qué morir cuando podía haber escapado río abajo? ¡Agarra un tronco y déjate llevar por la corriente! Yo lo he hecho. [Risas]
P. ¿Y usted de qué escapaba?
J. H. De nada. Solo quería volver a casa a cenar.
P. Es posible que aquel chaval fuese una víctima involuntaria de las idealizadas andanzas de tipos como ustedes.
G. S. Me he pasado toda la vida teniendo el debido respeto por la naturaleza, enseñando a otros a caminar por los senderos correctos. Ese chico no tenía ni idea, y punto.
P. No negará que Jack Kerouack, Neal Cassidy y los demás beatnicks originales fueron responsables en los 60 de llenar las cunetas de EE UU de chicos con sed de aventura...
G. S. Es posible. Era más fácil hacer autostop que ahora. Las autovías han acabado con aquella manera de viajar. Yo empecé a los 18 años. Fui de Portland a Manhattan. Trabaje en los muelles, me enrolé en un barco hasta Sudamérica. De vuelta, fui a Los Ángeles, desde donde subí por las costa otra vez hasta Oregón. Fue el primero de infinidad de viajes, pero no era difícil ni peligroso. En los 60 había muchas mujeres viajando así. Volviendo a su pregunta, nuestra vuelta a la naturaleza no propugna regresar a las raíces hasta morir. Ese es un mensaje alienante. En aquel joven latía un claro desorden psicológico.
P. ¿Qué queda de sus años beatniks? ¿Todavía ven al que con usted, señor Snyder, cuenta como el gran superviviente de aquella generación, Lawrence Ferlinghetti?
G. S. El otro día cumplió 92 años. Nos escribimos correos electrónicos con regularidad. Me refiero a él como "maestro".
J. H. Le mantiene joven esa novia de 27 años que se ha echado. Lo malo es que tiene que tomar demasiadas drogas e ir por ahí con mochila [Risas].
P. El cliché asegura que el movimiento beatnik es eminentemente masculino.
G. S. Es lo que dicen. Pero creo que era muy femenino.
P. No es lo que sugieren películas como la reciente Howl.
G. S. ¿Ha visto el libro Beat women? Es asombroso. La poeta Joan Vallmer está salvando a toda una generación del cliché de ser considerada masculina. Ha emergido como una escritora excepcional. Es de mi época, de la de Phillip Whalen y Allen Gingsberg. Es evidente que la gente que ha hecho ese bodrio no estuvo allí. Pero no es de extrañar. Por ejemplo, casi nadie en Nueva York conoce a Whalen, maestro zen y sensacional poeta, una de las voces más interesantes de toda la generación.
P. ¿Cómo se conocieron ustedes dos?
J. H. En Michigan, hace, dios mío, unos 40 o 45 años. Coincidimos durante unas lecturas en una escuela. Luego acabamos en casa y bebimos durante tres días. Yo tenía 28 años. Y tú eres siete mayor que yo, ¿no? Mi hija estaba encantada porque la llevabas todo el rato en brazos, decías que pasaba mejor la resaca con ella en brazos. ¡Ahora tiene 50 años, Gary!
P. Señor Harrison, entonces usted era básicamente poeta.
J. H. Me decidí a la novela cuando un día, cazando, me herí. Un amigo sugirió que aprovechara la convalecencia. La escribí en tres meses y el editor me la compró y pensé que ya tenía algo que hacer mientras no estaba con la poesía. No he dejado de escribir ficción. No sé si demasiada.
G. S. Demasiada prosa, Jim, si me preguntas a mí. Yo nunca he sido capaz, a lo mejor porque no sufrí ningún accidente.
J. H. A veces pienso que debería dejar de escribir para siempre. Pero los franceses adoran mi ficción. Estudié literatura comparada y nunca logré entender por qué a los rusos les encanta Jack London.
P. ¿Es usted el Jerry Lewis de la literatura estadounidense?
J. H. En mis más de 37 viajes a Francia nunca he oído a nadie hablar de Jerry Lewis. ¿Cuál es el origen de los lugares comunes? No es que me importe, pero es una de esas mierdas que alguien pisa y se lleva de un lado a otro.
Quien sabe si por reacción contra el cliché, Harrison, que también detesta ser comparado con Hemingway, se revuelve en su asiento y siente una necesidad imperiosa de fumar uno de esos cigarrillos naturales de la marca American Spirit. Lo que sigue es una escena un tanto cómica que incluye a la ministra de Sanidad y sus guardaespaldas (están comiendo en el reservado de al lado) y a Harrison, un grandullón con bastón, y cara de bucanero tuerto. "No veo la mitad del mundo; ¡perdí el ojo en el Viet-puto-Nam!" En realidad, la causa fue un prosaico botellazo recibido de niño.
G. S. Suerte que dejé de fumar. Fue gracias al LSD. Estábamos intentando averiguar el fondo del problema de alcoholismo de un amigo y tomamos ácido. Percibí tantos olores nuevos que pensé que tenía que dejar el tabaco para poder disfrutar de mis sentidos. Y no volví a fumar.
P. ¿Y ya no toma drogas?
G. S. ¡No haga esas preguntas! Si le digo que sí, no sería verdad. Y si le digo que no, tampoco lo sería.
P. ¿Han oído hablar del fenómeno Indignaos, de Stéphane Hessel? Es insólito el éxito que está disfrutando el grito de basta ya de un venerable nonagenario. ¿Ven razones para la indignación?
J. H. ¡Sí!
G. S. No... Es demasiado grave para enfadarse. Funciona el cabrearse con asuntos menos importantes. Hace falta mucho sentido del humor para enfrentarse a lo que está sucediendo. Porque las cosas están demasiado mal. La furia te obstaculiza pensar en medio de los problemas. Como dicen los italianos: "un hombre enfadado no pesca peces".
P. ¿Son estos los tiempos más ciegos que han vivido?
G. S. No he vivido tanto, pero puedo imaginar que las cosas han sido peores. A mí hay algo de Hessel que no me convence. El tipo sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, a los campos de concentración... ¿Qué clase de superviviente es ese? Está bien indignarse, pero no soluciona nada.
P. Como autores que han clamado contra la tragedia de los indios americanos, ¿qué opinan de que la CIA se refiriera a Osama Bin Laden como Gerónimo?
J. H. Una vergüenza.
G. S. Un insulto. Por ahora la comunidad no ha respondido. Pero lo hará. Acostumban a callar hasta que llegue el día indicado.
P. ¿Algún consejo para las nuevas generaciones?
G. S. Traten de romper con la distinción mental entre lo secular y lo sagrado. Estamos empezando a repensar la historia, a tomar conciencia de nuestra procedencia. He desarrollado una teoría, el pos humanismo, que voy a verbalizar en este momento por primera vez: en ella, los seres humanos no tienen por qué considerarse superiores a los animales. Está abierta a la certeza de que ignoramos cuánto saben exactamente los animales.
J. H. Es algo que dije el otro día en Francia. Maldita sea, no soy hijo de la Ilustración, de modo que si quiero hablarle a los perros y a los gatos, lo haré.
Leer la tierra
- Gary Snyder. Escasamente traducido
al español, Árdora publicó en 2000 una fascinante selección de poemas y ensayos, La mente salvaje.
- Jim Harrison. La colección de relatos Leyendas de pasión y Regreso a la tierra
son los dos últimos libros entre la treintena de Harrison en llegar a las librerías, de la mano de RBA.
FUENTE: El Pais - España
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